"Mi historia es también como la de Sandro"

Agustín Sullivan tiene 27 años y es el protagonista de Sandro de América, la serie éxito en lo que va de 2018. "Esperé mucho para este momento", confesó.

Por Paula Bistanigno / Especial

Cuando vio el casting que buscaba actor para hacer de Roberto Sánchez, Agustín Sullivan supo que él iba a hacer ese personaje. No como un presentimiento sino porque iba a insistir hasta lograrlo. Lo primero que hizo fue mandar su material por todas las vías posibles. “La volví loca a la directora del casting: le mandé por el mail de la búsqueda, por el privado, por Facebook, le pedí a la agencia que me representaba que me consiguiera el casting y así hasta lograr audicionar. Y llegué sabiendo todo de Sandro. Llegué listo para quedarme con el papel”. Lo dice sonriendo, sin soberbia, contento de que al fin le haya tocado un protagónico. Tiene 27 años y es quien lleva el protagonismo de la serie más exitosa del año, Sandro de América, poniéndose en la piel del Roberto Sánchez más joven.

Porteño, de familia de abogados y escribanos, sin ningún vínculo con el mundo artístico, desde muy chico empezó a pedir que lo llevaran a castings pero su mamá no quería. Si bien tuvo un bolo en 2005 en Amor mío y se preparó desde adolescente, recién cuando terminó el secundario empezó a estudiar teatro con Agustín Alezzo y Nora Moseinco. En teatro formó parte de Los padrinos mágicos y de la versión latina del grupo infantil Hi 5. Luego, tuvo algunas participaciones chicas en televisión, sobre todo como conductor, pero le faltaba el protagónico que lo hiciera popular. “A mí me apasiona actuar desde siempre, desde chico, y yo quería esto. Siempre intenté trabajar de actor y si bien hice varias cosas, este es el proyecto importante, el más importante sin duda. Es mi primer contrato, porque siempre fui bolo”.

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-¿Por qué querías tanto este papel?

Me pasó algo con él. Me encanta su música y su energía, pero además su historia es muy parecida a la mía personalmente hablando, aunque sean épocas y familias diferentes. A mí me toca interpretar esa parte de su vida, entre los 16 y los 32, en los que se convirtió en quien fue. En los que luchó para ser quien fue, para cumplir su sueño, y todo lo que él tuvo que pasar para llegar hasta ahí. Eso.

-¿Vos qué tuviste que pasar para llegar hasta acá?

Me disfracé de cartero para entrar a una productora en la que no me daban bola cuando mandaba el currículum por mail y me metí hasta llegar a la jefa de castings. Golpeé mil puertas, esperé mucho, estudié mucho. Y Sandro hizo esas cosas también… Eso que uno hace para llegar a donde no puede. A mí me tocó el corazón su historia.

-¿Trabajaste desde la imitación?

No, no fue eso lo que hicimos. Fue una construcción junto con el director de un personaje de ficción en base a uno que existe. Tuvimos coachs en danza, canto, foniatría, de todo. En el caso de mi Sandro, hicimos un entrenamiento para cambiar la voz en cada edad. El mayor desafío fue no imitarlo. Igual para todos, porque no somos los únicos que interpretamos a alguien que realmente existió: todos los personajes son alguien que realmente existió… O que existe. Yo hablo en presente porque no creo en la muerte.

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-¿Cómo es eso?

Creo que somos almas en cuerpos que venimos a aprender una cosa, a enseñar otra y a hacer algo. Una vez que cumplimos esas cosas cambiamos de etapa y nos vamos a otra, pero la muerte física es un paso hacia otra etapa. No creo que una persona se muere y ya está. Creo que el alma sigue trabajando. Yo sé que suena esotérico, pero todos sentimos algo así como que los que estamos en esta serie tenemos alguna conexión emotiva y no tanto con Sandro. Es como si nos hubiera elegido él.

-¿Escuchabas a Sandro antes de hacer esto?

No era que lo escuchara tanto pero claro que conocía los hits que conocíamos todos. Y yo, como muchos, creía que lo conocía. Pero en realidad después me di cuenta de que sólo conocía una parte, la más superficial, la exitosa de su vida, y sus hits, que en realidad son una parte mínima de su vida. No conocía nada. Ahora sí. Ahora soy fan.

¿Qué fue lo que más te conmovió de lo que descubriste de él?

Que es una persona como todos. Quizá eso: que tenía sus alegrías, sus miedos, sus sueños, sus obstáculos económicos, familiares y personales. Que era como todos. Y que fue, con todo eso, alguien que cuando vio qué era lo que soñaba y quería, fue por eso contra todos los impedimentos.

Tuviste que aprender a tocar el piano, la guitarra, la armónica, tuviste que saber todo de Sandro. ¿Cómo fue el entrenamiento?

Apenas supe del casting me empecé a ver todos los videos y a leer todo lo que encontraba sobre la vida de Sandro. Me lo tomé con toda la seriedad que necesitaba este papel. Igual soy así en general, soy bastante nerd. Y tuve una seguidilla de castings hasta el último en el que me hicieron bailar y cantar y dos días después me dijeron que quedé. Y después hice de todo: me entrevisté con mucha gente que lo conocía y les pregunté de todo: desde con qué se divertía un domingo comiendo, qué lo ponía de muy mal humor.

-¿Sandro era un personaje?

Sí, totalmente. Era un personaje, una creación, un invento. A tal punto que cuando se iba de viaje se llevaba dos valijas: una de Sandro y una de Roberto. Eran dos vestuarios, dos formas de hablar. Dos. Él siguió siendo Roberto Sánchez siempre pero logró ser lo que quería ser, que era Sandro.

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