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La Mañana espacio

De una impresora 3D al espacio: el proyecto de un estudiante de la UNCo que busca facilitar los lanzamientos

Lucas es estudiante de Ingeniería y busca desarrollar un dispensador para nanosatélites. En estos días viajará a Turquía para presentar su investigación.

Desde chico, Lucas tuvo una inquietud que con el tiempo terminó marcando su camino: construir cosas. Primero fue la carpintería, después la soldadura y, finalmente, la impresión 3D. Lo que comenzó como una curiosidad se convirtió en una herramienta para acercarse a un mundo que alguna vez parecía lejano: el de la tecnología espacial.

Lucas Mitidieri tiene 28 años, cursa el último año de Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional del Comahue y desde hace un año y medio integra el equipo PehuénSat de la Facultad de Ingeniería, dedicado al desarrollo de nanosatélites. Fue allí donde comenzó a hacerse una pregunta concreta: ¿cómo hacer más accesible el lanzamiento de este tipo de tecnología al espacio?

La respuesta fue ADDIPOD, un proyecto de investigación que busca diseñar y fabricar un dispensador para nanosatélites CubeSat mediante impresión 3D y materiales compuestos reforzados con fibra de carbono. La intención es desarrollar una alternativa más accesible para universidades, instituciones y startups que buscan avanzar en tecnología espacial.

Ahora, ese trabajo saldrá de las fronteras de Neuquén y de Argentina para presentarse ante una audiencia internacional.

Una idea que nació en la universidad

Cuando Lucas se incorporó al equipo PehuénSat conoció de cerca el trabajo que la UNCo viene desarrollando en el área. La institución tiene entre sus antecedentes el lanzamiento del PehuénSat-1, el primer nanosatélite de la universidad, y actualmente trabaja en una tercera versión.

Los nanosatélites son dispositivos pequeños, utilizados para diferentes tipos de investigaciones y desarrollos. Sin embargo, que sean relativamente accesibles de fabricar no significa que resulte sencillo enviarlos al espacio. Allí aparece uno de los principales obstáculos que Lucas detectó durante su trabajo.

El lanzamiento tiene un costo elevado y, además, los satélites necesitan un sistema que permita trasladarlos y luego liberarlos en la órbita correspondiente. Esos dispositivos, conocidos como dispensadores, son ofrecidos actualmente por empresas especializadas.

“Me di cuenta que lo que es muy caro para la facultad de lanzar un satélite de esa magnitud no es el costo de fabricación, sino el costo de lanzar algo al espacio”, explicó Lucas.

A partir de esa inquietud comenzó a investigar de qué manera podía fabricar un dispensador con una tecnología más sencilla, pero que conservara las características necesarias para cumplir su función.

El proyecto ADDIPOD

Para entenderlo sin entrar en detalles, Lucas lo explica de una manera simple. Un dispensador funciona como una estructura que contiene los nanosatélites durante el lanzamiento. Una vez que el cohete alcanza la órbita determinada, el mecanismo se abre y permite expulsarlos.

El modelo que desarrolla puede alojar hasta tres CubeSat y cuenta con un sistema interno de expulsión mediante resortes. El desafío está en conseguir que esa estructura pueda fabricarse con materiales capaces de soportar las condiciones del lanzamiento y del espacio.

Los dispensadores tradicionales utilizan, entre otros materiales, aluminio 6061. Trabajar con este material implica maquinaria específica y procesos de mecanizado que pueden encarecer la fabricación.

Ahí aparece una de las claves de la investigación de Lucas: reemplazar parte de ese proceso por una fabricación basada en impresión 3D.

La propuesta consiste en utilizar una matriz de polímero reforzada con fibra de carbono para obtener un material con la resistencia necesaria, pero que pueda ser trabajado con una metodología más accesible.

El desarrollo todavía se encuentra en una etapa de investigación y ensayo, pero para Lucas, el objetivo va más allá de construir una pieza: busca que una universidad pública o una startup pueda acceder a este tipo de tecnología sin quedar limitada por sus recursos económicos.

De Neuquén al mundo

El proyecto ya tuvo una primera presentación internacional en 2025. Lucas viajó a Sídney, Australia, para participar del Congreso Internacional de Astronáutica (IAC) y presentar el comienzo de su investigación.

Aquella experiencia tuvo un impacto que fue más allá de la exposición académica. Lucas llegó pensando que probablemente su trabajo no sería seleccionado, pero terminó siendo uno de los 15 becados a nivel mundial y recibió el apoyo económico para poder participar del congreso. “Yo lo postulé pensando que ni lo iban a ver”, reconoce.

Una de las cosas que más lo sorprendió fue la predisposición de profesionales de distintos lugares del mundo para compartir conocimientos, generar contactos y ayudar a quienes recién comienzan. Los vínculos que generó durante aquel viaje todavía hoy le sirven para consultar cuestiones relacionadas con el proyecto y también para acercar esos contactos al equipo de la universidad.

Este año decidió continuar con la investigación y volvió a postular su trabajo para el IAC. Fue seleccionado nuevamente para exponerlo, pero además recibió una invitación que le abrió otra puerta: participar del Space Generation Congress (SGC).

El SGC reúne a 250 jóvenes profesionales de distintos lugares del mundo y funciona como una instancia previa al Congreso Internacional de Astronáutica. Lucas fue elegido para formar parte de esa edición y en estos días viajará a Turquía para participar de las actividades, workshops y presentaciones.

Una oportunidad para generar contactos

Durante su estadía en Antalya, Lucas tendrá que presentar su trabajo en dos oportunidades. Sin embargo, la exposición es apenas una parte de lo que espera del viaje.

Su principal objetivo es generar vínculos que puedan abrir nuevas oportunidades para la Universidad Nacional del Comahue. Buscará acercarse a empresas y actores vinculados con la industria y los lanzamientos espaciales, con la expectativa de encontrar posibles vías de colaboración y financiamiento para los proyectos que se desarrollan en la Facultad de Ingeniería.

“Yo creería que ese es el principal objetivo”, sostiene. Para Lucas, en una industria en la que existen tecnologías y oportunidades que muchas veces resultan difíciles de alcanzar desde una universidad pública, los contactos pueden convertirse en una herramienta fundamental.

Pero también quiere que lo aprendido durante estas experiencias llegue a otros estudiantes. “Hace dos años y medio no tenía ni idea de lo que se podía lograr trabajando con un proyecto”, cuenta. Por eso, una vez que regrese, espera llevar a la facultad los contactos y conocimientos que consiga en Turquía y mostrarles a otros jóvenes que también pueden encontrar un lugar en la industria espacial.

"Voy a hacer algo que funcione mejor"

Aunque hoy habla de nanosatélites, lanzadores y misiones espaciales, Lucas no llegó a la ingeniería pensando en ese mundo.

De chico le gustaban los autos y quería construir vehículos. Con el tiempo, esa inquietud se fue ampliando. Ya no se trataba solamente de fabricar algo relacionado con los motores: quería construir cualquier cosa. "Si podía hacer algo que funcione mejor que lo que ya existía, iba por ese lado", cuenta.

La impresión 3D terminó convirtiéndose en una de sus principales herramientas y lleva unos ocho años experimentando con esa tecnología. La industria espacial apareció después, justamente porque combinaba dos cosas que siempre le habían interesado: construir y resolver problemas.

También le atraía la sensación de estar frente a un campo que muchas personas consideran distante o inaccesible. “Me gusta el tema del espacio, es lo que uno ve más lejano. Y, sin embargo, no es tan difícil como se lo suele plantear”, explica.

Ahora, mientras termina su carrera, Lucas también está realizando cursos vinculados con ingeniería espacial y un intercambio académico en Europa. Espera recibirse a mediados del año próximo y reconoce que le interesa sumar experiencia en el exterior, donde encuentra oportunidades vinculadas con su perfil.

Pero en ese recorrido hay algo que no quiere dejar atrás: la universidad que le permitió descubrir este camino.

Una universidad con vistas al espacio

Para Lucas, parte de lo que le permitió llegar hasta esta instancia tiene que ver con la formación que recibió en la UNCo Y es algo que, según cuenta, empezó a dimensionar todavía más cuando tuvo la posibilidad de compartir espacios con estudiantes e ingenieros de otros países.

Aunque estudia Ingeniería Mecánica, considera que la formación de la UNCo le dio herramientas para moverse en áreas muy diferentes. Una característica que, desde su mirada, muchas veces queda opacada por el vínculo que la región tiene con la actividad hidrocarburífera.

“Creo que el perfil que forman ingenieros en el Comahue es lo suficientemente versátil como para que vos puedas volcarte en cualquier área”, sostiene.

La diferencia, dice, se hace visible cuando participa de congresos y se encuentra con profesionales formados en otros lugares del mundo. Allí nota que algunos tienen una preparación mucho más enfocada en una rama específica, mientras que la formación que recibió en Neuquén le permitió desarrollar una mirada más amplia y resolutiva.

Por eso, aunque sabe que probablemente tendrá que salir del país para sumar experiencia en la industria aeroespacial, su primera intención es que ese recorrido también sirva para devolver algo a la universidad.

“Si no hubiese entrado en ese grupo, no estaría haciendo lo que estoy haciendo ahora. No se me hubiera siquiera ocurrido”, aseguró.

En una provincia donde gran parte de las miradas suelen estar puestas sobre el petróleo y el gas, la historia de Lucas muestra otra cara de Neuquén: la de un estudiante que, desde una universidad pública y con una impresora 3D como una de sus herramientas, terminó desarrollando tecnología para intentar llegar al espacio.

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