Desafío para Figueroa: desacelerar el crecimiento del gasto público
El próximo gobierno, que tomará las riendas de la Provincia a partir del 10 de diciembre, deberá buscar la forma de moderar la aceleración que le está imprimiendo al gasto público la gestión de Omar Gutiérrez.
Los números son realmente llamativos. El presupuesto provincial 2023, aprobado por la Legislatura neuquina en diciembre pasado, prevé erogaciones totales por 916.200 millones de pesos. Este valor refleja un salto interanual cercano al 150% y de más del 300% respecto del 2021.
Puede que, con la inercia inflacionaria existente y los enormes números de los que estamos hablando, exista algún tipo de discusión sobre el real crecimiento del gasto público.
Una variable clave para zanjar este debate puede ser la dolarización de los valores que maneja el presupuesto. Sobre esta base, los gastos totales proyectados para este año se ubicaría en poco más de 4.700 millones de dólares, reflejando un salto del 39% respecto del año anterior y del 100% en relación a 2021.
Gran parte de este importante crecimiento del gasto público está ligado, sin dudas, al año electoral que terminó finalmente con una dura derrota para el oficialismo.
“Puede ser que las elecciones hayan tenido que ver con este incremento, es un dato que históricamente se refleja en el presupuesto. Pero no debemos olvidar que en 2021 veníamos de una pandemia y al siguiente año recién la economía comenzó a mostrar síntomas de recuperación”, confió una fuente de Hacienda de la provincia, la que solicitó mantenerse en el anonimato. Cabe señalar que este medio intento comunicarse con las autoridades del área para tener la opinión oficial sobre la evolución que estaba mostrando el gasto público, pero no se tuvo respuesta.
El funcionario consultado agregó que “las expectativas están puestas en los ingresos extraordinarios que están llegando por Vaca Muerta y el progresivo incremento que están percibiendo las arcas del Estado a través de las regalías. Esto sin dudas ayudará a sostener el gasto sin problemas”. Los números oficiales avalan lo mencionado. Según datos del Ministerio, los ingresos por regalías, tomados de los presupuestados ejecutados, dan cuenta de que al asumir el gobernador Gutiérrez (1995) estos recursos representaban el 18% del total de los ingresos corrientes, creciendo en diez puntos al tomar el cierre presupuestado de 2022. Y para el año en curso el Ejecutivo proyecta unos 288.000 millones de pesos de recursos por regalías, valor que refleja el 31% del total de los ingresos corrientes.
Pero el cuestionamiento que se plantea sobre la evolución que muestra el presupuesto no está centrado en los ingresos, que bienvenidos sean de la mano de las regalías o de cualquier otra partida. La mirada está puesta en el gasto.
Durante muchos años los gobiernos que manejaron los destinos de Neuquén, plantearon sus presupuestos tomando en cuenta los ingresos y, sobre esa base, consolidaban sus gastos. Cuando existía algún tipo de desvío, o sea, había una demanda de mayores recursos que no estaban presentes, recurrieron al endeudamiento público.
Los números de los últimos períodos son clave para entender esta lógica. El gobierno de Omar Gutiérrez en 2022 proyectaba un presupuesto que contemplaba un gasto total levemente por encima de los 373.000 millones de pesos. Al año siguiente ese monto se disparó a los 916.000 millones. ¿Qué justificativo tiene este incremento de más de 540.000 millones de pesos?. Dolaricemos esta comparación, para hacerla más sencilla. El año pasado el gobierno tenía pensado destinar cerca de 3.400 millones de dólares para sostener el gasto público provincial. Este año, estimó más de 4.700 millones. ¿Qué cambió en Neuquén para incrementar el presupuesto en más de 1.300 millones de dólares en solo una año?. ¿Se construyeron nuevas autopistas?, ¿se proyecta con ese monto entregar 35.000 nuevas viviendas? o ¿otorgarán incentivos al sector privado para permitir su mayor desarrollo?. Nada de eso figura en el presupuesto. Conclusión: el punto central es la forma de gestión del Estado que existe hace ya más de 60 años en Neuquén.
La mayor parte de este crecimiento interanual de los 1.300 millones de dólares -arriba del 80%- se concentran en la partida de gastos corrientes, en donde se encuentra la masa salarial; una partida que es poco flexible a la baja del gasto.
Los últimos gobiernos provinciales han tomado como premisa llegar a los años electorales sin conflictos sindicales en las calles. De ahí que observamos como la partida de salarios crece en forma importante durante el último tiempo. Esto se da por dos factores. El primero es el incremento en los haberes que hoy, por un acuerdo entre las partes, están atados a la inflación. Pero el dato tal vez más preocupante es que durante la gestión de Omar Gutiérrez la planta de personal creció en 11.500 empleados; a una tasa de 7 empleados públicos por día laborable. Volvemos a las preguntas de sentido común, ¿Qué cambio en la Educación, en la Salud o en la Seguridad de Neuquén para que la planta de personal estatal se incremente en esta enorme cantidad de trabajadores? ¿Hay una mejora en los servicios? Nadie, tampoco, es capaz de dar una clara respuesta a estos números.
Transición complicada
Rolando Figueroa deberá esperar poco más de siete meses para poder hacerse del control del gobierno. Mucho tiempo para el incierto escenario macroeconómico en el que se encuentra sumergido el país y la Provincia.
Será una transición complicada. La relación entre el oficialismo y el electo gobernador no es la mejor. Y, en estos siete meses, muchos son los acuerdos que se puedan llegar a cerrar con el consentimiento unilateral del Ejecutivo, los que pueden terminar por afectar las cuentas fiscales de la Provincia al cierre de fin de año.
Lo ideal sería que, cuanto antes, Figueroa defina sus referentes económicos para que puedan hacer una transición ordenada, desde el punto de vista económico, con el actual ministro de Economía, Guillermo Pons. Sería una muestra de madurez política y una excelente señal para toda la sociedad neuquina.
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