El Polo Científico Tecnológico posiciona a Neuquén en la economía del conocimiento
Hay dos edificios en funcionamiento y un tercer módulo dedicado a la investigación médica ya en construcción.
El Polo Científico Tecnológico de Neuquén crece con dos edificios en funcionamiento, un tercer módulo dedicado a la investigación médica ya en construcción y vínculos que comienzan a proyectar a la capital neuquina fuera del país, mientras un sector de la meseta que hace pocos años estaba alejado de la trama urbana hoy está conectado por avenidas y calles pavimentadas.
La Municipalidad inició la construcción del tercer edificio del complejo, ubicado en el Distrito 2 de la Meseta. La obra completará el diseño original de tres módulos interconectados y llevará al Polo hacia un área que hasta ahora no tenía un espacio propio dentro del predio: la investigación aplicada a la salud.
“La economía del conocimiento, de la ciencia y la tecnología llegó para quedarse”, afirma con frecuencia el intendente Mariano Gaido.
El nuevo módulo tendrá cerca de 1.800 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas y un plazo de ejecución previsto de 270 días. Allí se proyectan espacios para investigación médica y empresas tecnológicas, además de un data center y áreas destinadas a capacitación y oficinas.
“Este tercer edificio lo hemos planificado como un distrito médico, un edificio que va a tener investigación médica”, sostiene Gaido.
La intención es que el espacio permita reunir equipos vinculados con la salud y con el desarrollo tecnológico, una combinación que la Municipalidad busca fortalecer con contactos fuera de la provincia y del país.
El Polo, sin embargo, no nació con esta dimensión. El proyecto comenzó a gestarse durante la pandemia, cuando la ciudad atravesaba uno de los momentos de mayor incertidumbre de los últimos años.
En ese contexto empezó a tomar forma la idea de desarrollar en la meseta un espacio dedicado a la ciencia, el conocimiento y la actividad tecnológica. El primer edificio fue el punto de partida. Su puesta en funcionamiento abrió la puerta para la llegada de empresas y emprendimientos de base tecnológica y permitió que el proyecto dejara de ser solamente una iniciativa sobre planos.
Después llegó el segundo módulo, de mayor superficie. Allí funciona el Instituto Vaca Muerta, destinado a formar personal especializado para la industria del gas y del petróleo.
El edificio sumó al Polo Científico Tecnológico una pata directamente vinculada con la actividad económica que hoy mueve buena parte del desarrollo regional. Gaido destaca esa incorporación como parte de la relación entre Vaca Muerta y el crecimiento de nuevas capacidades en la ciudad.
El tercer módulo dará otro paso. Su perfil médico busca ampliar el campo de trabajo del complejo y sumar actividades que no dependan de forma directa del petróleo y el gas.
“Esto es lo que queremos traer al tercer edificio. Es decir, que la medicina, que la investigación médica tengan lugar en este tercer edificio, junto a las empresas de tecnología de la ciudad”, sostiene Gaido.
Cuando esté terminado, el Polo superará los 6.600 metros cuadrados cubiertos entre sus tres edificios. Los módulos estarán conectados en el segundo nivel mediante puentes internos y el predio tendrá además vinculación con el Parque Regional Las Bardas a través de la Plaza de las Ciencias.
Ese crecimiento edilicio fue acompañado por otro cambio que hoy resulta difícil separar del propio Polo: la transformación del lugar donde fue construido.
Cuando el proyecto comenzó a desarrollarse, el Distrito 2 era todavía una zona de expansión de la ciudad. Llegar hasta allí implicaba trasladarse hacia un sector de la meseta que no tenía las conexiones que tiene actualmente ni la infraestructura urbana que fue sumando con el paso de los años.
El barrio quedó completamente pavimentado después de una intervención que alcanzó más de 70 cuadras. También se realizaron obras pluviales, se renovó la iluminación y se incorporaron espacios públicos.
El cambio continuó con avenida Las Bardas, una traza de 1.500 metros que comunica al Polo con el barrio Patagonia. La obra se incorporó a un sector donde previamente se habían construido veredas, una bicisenda y siete miradores sobre distintos puntos de la ciudad.
El resultado modificó la relación del Polo con Neuquén. El complejo que nació en un sector periférico quedó rodeado por un barrio asfaltado y conectado mediante nuevas arterias. Ya no aparece como un edificio aislado sobre la meseta, sino dentro de una zona que fue ganando circulación y servicios a medida que avanzaron las obras.
La evolución del proyecto también empezó a salir de los límites de Neuquén.
La ciudad y la provincia llevaron el Polo Científico Tecnológico a Houston, Estados Unidos, donde mantuvieron reuniones vinculadas con el desarrollo energético y abrieron contactos con actores de otros sectores. Uno de los intereses está puesto en el distrito médico de esa ciudad y en las posibilidades de vinculación con empresas de biomedicina.
Gaido señala que Neuquén ya cuenta con antecedentes de cooperación con Houston a través del Centro Oncológico Integral. “La ciudad y la provincia tienen convenios con Houston, como es el caso del Centro Oncológico Integral de Neuquén, que tiene el centro oncológico en Neuquén y convenio con Houston”, expresa.
La agenda internacional apunta también a fortalecer relaciones con universidades como Rice University y la Universidad de Houston. Por ahora se trata de vínculos y gestiones que buscan abrir oportunidades futuras para el tercer módulo, especialmente en investigación médica, biotecnología y formación.
La mirada hacia afuera convive con otra línea de trabajo mucho más cercana: acercar el Polo a los estudiantes de Neuquén.
A través del programa Generación Tecnológica, alumnos de los últimos años de escuelas secundarias recorren el complejo y conocen empresas, proyectos y actividades vinculadas con la innovación y el desarrollo productivo.
La propuesta busca que los jóvenes puedan ver de cerca qué carreras y trabajos empiezan a crecer alrededor de sectores que muchas veces aparecen como conceptos lejanos.
Ese contacto con estudiantes también ayuda a darle contenido a edificios que, de otro modo, podrían quedar reducidos a infraestructura. La apuesta es que el Polo funcione como un lugar donde se estudie, se investigue y se desarrollen proyectos con impacto económico.
Gaido ubica esa estrategia dentro de una discusión más amplia sobre el futuro de la ciudad. Para el intendente, Neuquén tiene la posibilidad de aprovechar el crecimiento que genera Vaca Muerta para abrir otras actividades y evitar que toda su proyección económica dependa de una sola industria.
“Vaca Muerta es la gran oportunidad del país”, sostiene Gaido, a la par que remarca que Neuquén debe seguir creciendo de la mano de “la economía del conocimiento, la ciencia y la tecnología”.
El tercer edificio es, por ahora, la próxima pieza de ese recorrido. El Polo comenzó a pensarse durante la pandemia, creció edificio por edificio y hoy busca ampliar su alcance desde la meseta neuquina hacia otros sectores de la Argentina y el mundo.
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