La feroz riña en la puerta de un boliche en Plottier deja en evidencia dinámicas sociales sumamente violentas que podrían haber terminado con una muerte.
Nuevamente, una de las fiestas de fin de año casi termina con una muerte. El drama de las reacciones extremas atraviesa a toda la región y no estamos exentos de nada, pero absolutamente de nada. Tarde o temprano, lo bueno y lo malo, terminan llegando y de esto tenemos experiencia.
En 2018 en Neuquén, Lautaro Bettini, recibió un piedrazo en la cabeza quedó al borde de la muerte y con hundimiento de cráneo. Sobrevivió de milagro. En 2021, en Cipolletti se produjo el homicidio de Facundo Castillo arrollado en forma intencional por Ramiro Gutiérrez. Ahora, otro episodio violento ocurrió en Plottier, se viralizó y las imágenes impactan.
Lo tremendo de estas dinámicas sociales que nos impactan y movilizan como sociedad, es que después de un par de meses o con suerte años vuelven a repetirse. Esa zona primitiva, instintiva y tan violenta es sumamente interesante de analizar porque no solo se ve afuera de un boliche sino también en las canchas y en las cotidianas del tránsito.
Las peleas del “todo vale”
Como todo no se puede, nos centramos en las fiestas de fin de año ya que se puede explicar algunas reacciones propias del consumo de alcohol y drogas que actúan desinhibiendo y excitando. Ya hemos tenido casos de discusiones familiares que terminaron en un crimen, por lo que corridas y trompadas a la salida de un boliche no es de extrañar.
Lo que llama la atención es la extrema violencia que ejerció este joven de 18 años a la hora de golpear a otro pibe que también participaba en la riña. Las imágenes son contundentes. Solo queda manifestar cierto alivio al saber que el joven agredido de un piedrazo y una patada en la cabeza todavía está vivo.
No valido la violencia en ningún aspecto, pero históricamente las peleas tenían una motivación que partía de la afectación del honor así los duelos a cuchillo, pistola y puño ofrecían igualdad de condiciones.
Incluso décadas atrás, a la salida de los colegios se hacían rondas porque había dos pibes que se habían desafiado. Después también hubo peleas de chicas y luego este tipo de ataques salvajes entre bandos donde es un todo vale. Lo tremendo es que un golpe puede terminar con una vida como pasó con Javier Galar la madrugada del 16 de junio de 2006 en pleno centro neuquino.
¿Qué hacemos con el violento?
Hay muchos aspectos para abordar, partiendo desde la crianza en el hogar, el que le haya tocado en cuestión, hasta las instituciones educativas. Es cierto que hoy los jóvenes son tan frágiles que no tienen tolerancia a la frustración y cualquiera que tenga un adolescente a mano lo podrá advertir. No son todos, pero casi.
Además de la etapa que están atravesando que es abrumante y define muchos aspectos de la persona en la que se convertirán, la inmediatez, la ansiedad, las redes y los policonsumos son un cóctel muy difícil de sortear y son muchos los padres que no tienen las herramientas necesarias para acompañar a un adolescente.
Es cierto que tenemos que poner todas las miradas en la víctima y su evolución, pero no hay que dejar de lado al agresor. Más allá de la acusación que formalizó la fiscalía en este caso, estaría bueno observar su historial y ordenar un abordaje psicosocial.
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