El poblador está desde 1971 en el lote en disputa. Su hija dice que padece un problema de salud mental y que, en 2021, firmó papeles a favor de una inmobiliaria.
Carlos Humberto Hurtado tenía cuatro años cuando llegó a vivir a la chacra de calle Crouzeilles, en 1971. Ahí se crió, entre animales, en una época en que ese camino era de tierra y no había ni una escuela cerca. Hoy, a los 60 años, es la parte más débil de un expediente judicial que enfrenta a una inmobiliaria con el Consejo Provincial de Educación (CPE) por casi 28 hectáreas.
Su hija Ivana habló con LM Neuquén para contar una historia que, dice, nadie contó hasta ahora. Es la de un hombre con un padecimiento psiquiátrico severo que firmó papeles que no entendía, mientras la tierra donde había vivido toda su vida se vendía, se subdividía y se revendía sin que él pudiera hacer nada para evitarlo.
El conflicto de fondo tiene un protagonista que pesa sobre todo lo demás, que es el CPE, que reclama la totalidad del predio por tratarse de una herencia declarada vacante.
Según sostiene el organismo, la ley provincial de su creación establece que las herencias sin herederos pasan automáticamente a su patrimonio, y un fallo judicial dictado el 3 de marzo de 2022 respaldó esa lectura de manera explícita, al punto de llamar al Consejo "el verdadero titular de la herencia".
El CPE y el reclamo de la herencia vacante
La inmobiliaria que hoy litiga por el predio rechaza de plano esa lectura y sostiene que la tierra "jamás estuvo abandonada ni careció de titulares legítimos", que su titular registral fue siempre María Esther Beatriz Rizzo, y que sus derechos pasaron legítimamente a Hurtado y de ahí a la empresa mediante instrumentos públicos de fecha cierta.
Es en esa discusión —una tierra que el Estado y una empresa privada reclaman como propia por caminos jurídicos opuestos— donde se inscribe la historia de Hurtado.
Dos Tonca, una sola tierra (1951-2001)
Todo empieza en 1951, cuando Hugo Tonca queda registrado como dueño original del campo. Su hijo, Mario Tonca, heredó las tierras y vivió sus últimas décadas en pareja con Rizzo. Fue con la familia Tonca que Hurtado se crió desde 1971, y con ellos siguió viviendo en el predio durante años.
Mario Tonca se había casado con Antonia Cecilia Ulloa; se separaron en 1957 y se divorciaron en 1960. Cuando Mario murió en 2001, Ulloa —pese a estar divorciada— ocultó esa situación y en 2004 logró que la Justicia la declarara heredera.
A partir de ahí, esas tierras se vendieron, se cedieron y se subdividieron entre distintas personas durante casi dos décadas, hasta que el 3 de marzo de 2022 el Tribunal Superior de Justicia de Neuquén declaró "inexistentes" todos esos actos y determinó que la herencia había quedado vacante desde el principio —un fallo que utiliza literalmente esa expresión y llama al CPE "el verdadero titular de la herencia".
La inmobiliaria, sin embargo, invoca su propia cronología para sostener lo contrario. Un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación del 11 de noviembre de 2025 que, según su lectura, dejó a estas tierras fuera de la órbita de la sucesión Tonca.
La empresa afirma además que la disputa sigue abierta ante la Cámara de Apelaciones, con un recurso concedido con efecto suspensivo desde el 4 de marzo de 2026.
Cómo llegó la cesión a la inmobiliaria (2021)
Ese pleito seguía abierto, distintas personas empezaron a acercarse a Hurtado ofreciéndole ayuda para "hacer los papeles".
Según su hija, su padre —sin formación y padeciendo los efectos de su enfermedad— no comprendía cabalmente lo que firmaba. "Fue paciente psiquiátrico de salud mental del Hospital Buquet Roldán desde el año 2013 hasta 2024. El tiene un proceso de capacidad restringida", dijo Ivana Hurtado en conversación con este diario.
Según su versión y los documentos que la respaldan, el 10 de febrero de 2021, su padre terminó cediendo el lote 26, de 14,19 hectáreas, a la inmobiliaria y a una firma asociada, a cambio de $1.850.000: un vehículo Chevrolet valuado en $1.150.000 y $700.000 en efectivo.
Ese último monto coincide con lo que recuerda la familia ("setecientos mil pesos y un auto"), aunque su hija sostiene que el vehículo nunca terminó de transferirse realmente a nombre de Hurtado.
Lo que considera un desengaño llegó poco después, cuando empezaron a aparecer compradores en el predio diciendo que le habían comprado tierra a la inmobiliaria. Fue entonces, sostiene la hija, cuando Hurtado revisó las cláusulas de lo que había firmado y entendió que no era el poder para un trámite, sino la cesión completa de sus derechos.
En diciembre de ese mismo 2021, la inmobiliaria inició además una demanda de usucapión contra el CPE por el mismo predio, en ese expediente judicial, la empresa afirma haber recibido de Hurtado no solo el lote 26 sino también el lote 27, una diferencia con el boleto de cesión, causa que terminaría con sentencia de caducidad de instancia el 27 de febrero de 2026.
La tranquera y el juicio en curso (2023-2024)
El 7 de septiembre de 2023, el CPE obtuvo una prohibición de innovar sobre parte del predio, en el marco del expediente sucesorio, que tramita en el Juzgado Civil N° 1.
Un año después, en 2024, el conflicto tomó otra dimensión a nivel judicial. Hurtado se llevó una tranquera del predio ante la negativa de la otra parte a dejarlo pasar.
La denuncia penal que eso generó derivó en una prohibición de acercamiento y, después, en un interdicto de recobrar la posesión que la inmobiliaria le inició y que hoy sigue abierto en el Juzgado Civil N° 5, a la espera de sentencia.
La familia también relativiza un dato que circuló sobre este conflicto. Y es que la inmobiliaria "perdió" aquella demanda de usucapión de 2021. Según su versión, no fue una derrota en los méritos de la causa, sino una caducidad de instancia por falta de impulso procesal, ya que la propia hija de Hurtado reconoce que evitó facilitar testigos para esa causa.
Es decir, la caducidad extingue el proceso por inactividad, sin que un juez se pronuncie sobre el fondo. De todos modos, el efecto práctico —que la empresa no logró acreditar judicialmente el derecho que reclamaba— es el mismo que señaló el CPE.
Ocho hectáreas sin dueño claro
Hay una porción del predio, unas ocho hectáreas del lote 27, que no tiene una atribución muy precisa en la documentación oficial y que hoy tiene varias familias viviendo encima.
Según la hija de Hurtado, un vendedor que trabajaba para la inmobiliaria convenció a su padre y a un tío de subdividir y vender esos lotes en los años posteriores a 2021, cobrando comisión mientras a Hurtado le pagaban una cuota mensual.
Con el tiempo, ese vendedor habría roto con la empresa y siguió negociando por su cuenta —al punto de revender el mismo terreno más de una vez—, hasta que esas tierras terminaron en manos de una cooperativa y después de otra inmobiliaria.
Lo que pide la familia
"Yo no estoy atacando a nadie, no digo quién tiene la razón", planteó la hija de Hurtado, y destacó que esa decisión le corresponde a la jueza que entiende en la causa.
Lo que pide es que se entienda que su padre no es un ocupante de mala fe, sino alguien que llegó a esa tierra en 1971 y que hoy, más de cinco décadas después, corre el riesgo de perderla.
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