La Argentina, del delirium al balotaje
Tanto Massa como Milei representan los extremos de las ideas políticas en un país donde la razón no abunda y hasta a los analistas se les quema los papeles.
Los argentinos tenemos formas muy particulares y casi incomprensibles de leer la realidad. Los analistas que aparecen en los medios no logran decifrar el mensaje de las urnas que nos deja un balotaje entre Sergio Massa y Javier Milei.
Ambos son los extremos más alejados de la política y las ideologías que ha existido en estos 40 años de democracia. Ambos son una moneda tirada al aire respecto del futuro que puede llegar a tener el país.
Massa porque es el ministro de Economía de esta Argentina de 150 por ciento de inflación, pese a ello, muchos votantes entendieron que la salida es con Massa.
Milei es un outsider de la política, un economista bastante pragmático, pero su discurso libertario es controvertido, contradictorio y hasta digno de un diagnóstico clínico.
No todo es horror, tragedia e invención. Acá hay algo sumamente claro, el peronismo cerró filas y le funcionó porque el discurso de enfrente, tanto de Milei como de Bullrich, atacaba la corrupción y los sindicatos.
Es decir, se metieron con el gen justicialista y eso generó una reacción.
El gran logro de Massa fue mostrar, lo que no significa que en el fondo sea así, que no tiene nada que lo relacione con el kirchnerismo.
Ahora, el camino más duro de cara la balotage de noviembre lo tiene Milei que con su discurso disruptivo y de negación de derechos necesita tentar a propios, de derecha, donde todo está implosionando, y ajenos, de izquierda, que no toleran ni las desventuras de Milei ni la corrupción oficialista.
Pero bueno, falta un mes para volver por tercer vez a las urnas y previamente hay otro debate. En este país solo hay una certeza, todo puede pasar.
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