Las horas más exasperantes en Sauzal Bonito, en primera persona
Tras las copiosas lluvias del fin de semana en todo el territorio provincial, el río Neuquén se está haciendo sentir con toda su ferocidad. La peor antítesis de los años de sequía, en apenas horas y bien exagerada. Los vecinos de Sauzal Bonito vieron bajar las aguas turbias e indóciles en la oscura madrugada del domingo. Algunos, más alertados que otros o con mayor noción de lo que se podría venir, comenzaron a resguardar sus pertenencias y a sus animales antes que la catástrofe ya no les diera tiempo. Otros, hicieron lo que pudieron, empapados en medio de lo inevitable, mientras el agua se elevaba. Un pueblo en emergencia aún sin ser iluminado por la fría alba de invierno, haciendo malabares para que el esfuerzo de años no sea arrasado por la furibunda correntada ni quede preso e inservible en el pantano recién formado.
"No pensábamos que fuera a subir tanto. El viernes y el sábado estuvimos mirando videos del río en el norte y pensábamos que el agua iba a llegar solamente a la laguna, pero fue mucho. Gracias a Dios no nos entró el agua en la casa y pudimos permanecer acá", celebró Raúl Sandoval con optimismo, en diálogo con LMNeuquén.
Su temple y el de su pareja Valeria, impactan ante el caos que se acepta - sin más- como un capricho de la naturaleza. En la entrada de su casa se acumulan diversos objetos y varios juegos de su pequeña hija, una suerte de resguardo en medio del barrial que se hace más fangoso en apenas dos o tres pasos.
La plataforma de cemento de su humilde vivienda se convirtió en una muralla durante la angustiante crecida. Al ver que el agua no se animaba a tanto, los Sandoval mantuvieron su tesitura de permanecer allí, mientras intentaban salvar lo que estuviera más a mano.
El galpón lindero da testimonio de los minutos más exasperantes, así como la tierra recién escurrida que succiona o resbala al conducir a él. En su interior, un Ford K bordó soporta en su techo varias cajas. "El agua llegó a la puerta", comentó el hombre con resignación y a modo de anécdota, poniendo el foco en lo importante: la salud de su familia y no en las pérdidas económicas ni el eventual cariño que se puede sentir por algunos artefactos de uso diario.
"El río lo teníamos a 150 metros de distancia", dice mientras contempla la laguna que tapó su terreno y el agua chocolatosa que apenas deja distinguir una hamaca de su pequeña hija, colgando de un árbol. "Anteriormente, hasta el 2008, el río estaba a 500 u 800 metros acá. Cada vez que crece va comiendo la tierra y se viene para este lado, así que ahora seguramente lo vamos a tener cerquita, a unos 50 u 80 metros", calculó, al anticipar el escenario venidero ya con el caudal más bajo y el cauce acomodándose en un nuevo trayecto.
"El domingo cuando nos levantamos no podíamos creer que el agua estaba entrando en la laguna. Nos levantamos todos, fui a buscar a mi hijo que también vive en Sauzal y nos vino a ayudar", relató Raúl al recordar la mañana en que el poblado quedó bajo el agua. "Sacamos herramientas, un poco de leña porque sabíamos que no íbamos a tener. En el galpón hicimos un altillo y pudimos meter cosas arriba. El auto y la moto se nos quedaron adentro, no los pudimos sacar, pero eso es lo de menos. Lo importante es que estamos bien", recalcó.
"En media hora, 40 minutos el agua subió hasta donde la está la casa. El agua no espera, empieza a subir, así que a levantar cosas", sumó, por su parte, Valeria.
Al detenerse a pensar en por qué no extremaron las precauciones, la pareja indicó que - por un lado- la alarma que dieron las autoridades no fue tan contundente como para que la comunidad tomara conciencia de las dimensiones que podía llegar a tener la catástrofe. En tanto, también hicieron una autocrítica al mencionar que no tuvieron presente la cercanía del río, que con los años arrimó su curso al poblado.
"En un primer momento la alerta era para la gente que tenía animales cerca del río, para que los sacaran. Nosotros nos informamos por otros medios y veíamos los videos de cómo venía el río Neuquén desde el norte y decíamos 'esto va a venir bravo'; pero igualmente nos quedamos. Por ahí no hicimos caso a lo que estaban informando y nos dejamos llevar por otras cosas. Ya está, no podemos volver el tiempo atrás, por lo menos estamos bien", se conformó Raúl.
"Si era por lo que decían los diarios, no iba a ser una crecida leve. Comunicado oficial, no recibimos de ningún lado. Sí de un grupo de Defensa Civil que hay en la zona que nos tenía al tanto de lo que le iba informando la AIC; pero no fue una alerta de decir: 'Vecinos salgan a la calle'. Tomaron muy leve la emergencia hídrica que venía de arriba. Nosotros no nos preparamos para lo peor, por eso nos quedó el auto ahí adentro", lamentó Valeria, para luego comentar que la costumbre de tener el cauce del Neuquén más lejos, no les permitió ser conscientes del peligro.
Sin colegio ni agua potable
Con el deseo de que el agua baje pronto, los vecinos de Sauzal Bonito rezan para que el norte deje de acrecentar a la bestia con precipitaciones.
"El río empezó a bajar recién anoche, estuvo casi dos días arriba. Nosotros gracias a Dios no necesitamos nada más que agua potable, que no vamos a tener durante un tiempo largo", dijo el hombre al explicar que la toma y las bombas que abastecían al paraje quedaron completamente inundadas. "Por suerte la comisión de fomento nos está abasteciendo con donaciones. Hay gente que fue evacuada y seguramente esté necesitando ropa, colchones, frazadas, alimentos", añadió.
"Hasta que hicieron esa mega obra que ahora está bajo el agua, estuvimos 6 u 8 meses sin agua de red. Ahora olvidate, hasta enero del año que viene no vamos a tener agua. Y agua potable no es, es agua filtrada del río, es agua salada", advirtió Valeria, destacando los problemas para contar con el recurso vienen de larga data.
"La escuela quedó bajo el agua y mi niño que va a la secundaria en Plaza Huincul no pudo viajar porque no podemos salir. Estamos esperando que se arreglen los caminos porque prácticamente quedamos atrapados en una isla", acotó ha hacer un repaso de otras cuestiones a resolver en lo inmediato.
"Yo pienso que hay que tener tranquilidad ante la tragedia que tenemos. Estamos bien, eso es lo importante. Habrá algunas pérdidas, pero son materiales. En algún momento se recuperarán o no... Lo principal es que no hizo tanto desastre más que llevarse cosas", sostuvo la docente con sabiduría.
Más allá de los temblores que los empezaron a sacudir al paraje partir del arribo del fracking en la industria petrolera local y las demoledoras crecidas del Neuquén, ni Raúl ni Valeria conciben la posibilidad de volver a instalarse en la capital de la provincia.
"Nosotros nos vinimos en la pandemia. Esta es la chacra de mi papá hace como 35 o 40 años. Por más que venga el río, esta tranquilidad no la pagás con nada. Vivir acá es re tranquilo, no te molesta nadie, los chicos crecen de otra manera, es otro estilo de vida", argumentó Raúl.
"Esta es la primera vez que vemos una crecida en vivo y en directo. En las anteriores, hemos venido a asistir a familiares así que un poco sabemos cómo es el volver a levantarse", indicó su compañera al hablar de cómo se hace para reponerse del golpe, una vez que las aguas vuelvan a correr mansas.
"Esperás que baje el río y te pondrás a limpiar y ordenar lo que te rompió. Hay gente que vuelve a emparejar la tierra sabiendo que dentro de dos o tres años vuelve el río llevándoles todo. Sin embargo, siguen igual, como hacía mi papá. Por más que te digan que estás en zona inundable, qué le vas a hacer, es tu casa. Se vive con miedo e incertidumbre porque no se sabe hasta dónde va a llegar el rio. Solamente cuando llega el agua y luego, cuando baja. Pero la gente está acostumbrada a esto", indicó.
"No creo que vayan a hacer una contención para el río como prometieron varias veces. Del otro lado, las empresas hicieron contenciones y diques, pero no creo que eso se haga acá. Después de estas crecidas se acuerdan de Chihuido, con todos los préstamos que hicieron, pero nunca hicieron ninguna obra", acotó su pareja con desencanto.
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