Rolando Figueroa, su segundo semestre y la guerra a los intermediarios
El gobernador no cesa en su pelea contra los que él cree se enriquecen a instancias del Estado provincial. Los detalles de un sistema que nace desde las entrañas mismas de las administraciones y definen “ganadores y perdedores”.
Semana más que activa y prolifera para el gobierno de la provincia de Neuquén. Consolidado su plan de poner en caja el ausentismo en las aulas, ahora avanza en otros ámbitos de la administración que para el gobernador, Rolando Figueroa, son claves y esenciales en su afán de “dar vuelta la provincia, para mejorar la condición de vida de cada neuquino y cada neuquina”.
Así como, hace dos semanas, el debate lo centralizó sobre el presentismo en la educación pública y la lucha contra el narcomenudeo; la que finaliza dio precisas instrucciones a sus colaboradores para avanzar con el mismo convencimiento en otras áreas de su gobierno.
El gobernador citó este sábado a la mañana a una reunión ampliada de gabinete. Asistieron los ministros, secretarios de Estado y presidentes de bloque de la Legislatura provincial de los espacios que integran el frente oficialista Neuquinizate. La vicegobernadora, Gloria Ruiz, también fue parte del encuentro.
Como en otras oportunidades, el mandatario provincial exige a sus colaboradores mayor compromiso y esfuerzo.
Directo a Diciembre
Figueroa ve el último semestre de este año como un periodo clave para el éxito de su gestión. Por ello, insiste y machaca a sus colaboradores sobre la idea de mostrar mayor actitud y responsabilidad.
Se hizo un repaso de lo realizado y lo que aún está pendiente de resolución.
Figueroa percibe que todo lo que él observa y presiona comienza a movilizarse, no así otras áreas a las que le falta dinamismo y “compromiso”.
Como ya lo observamos en esta columna, en varias ocasiones, el gobernador actua en cumplimiento de los compromisos que asumió ante la sociedad y el mandato que los votantes le dieron en abril del año pasado.
Es en este plano en el que algunos integrantes del gabinete comienzan a tener ciertos inconvenientes perceptivos.
Los que no entienden
Asisten a las reuniones junto a la máxima autoridad del gobierno. Lo escuchan, asienten cada acierto, se lamentan de los errores colectivos cometidos y festejan la posibilidad de que el éxito llegue de la mano de un mayor compromiso y esfuerzo.
A las horas, o los días, algunos, no todos, parecieran no haber procesado el mensaje y siguen actuando como si nunca hubieran estado en la reunión junto al “jefe”.
El caso de lo sucedido con los subsidios que se distribuyen a instancias del ministerio de trabajo y del área social de provincia, es un ejemplo.
El ministro de Trabajo, Lucas Castelli, ni bien asumió denunció la existencia de “supuestas” irregularidades en la asignación y distribución de recursos a un número importante de Organizaciones Sociales que desde hace más de 25 años operan con desocupados.
La denuncia involucra la “supuesta” falta de rendición, con comprobantes, del destino de más de mil millones de pesos. Castelli presentó sus argumentos ante la justicia, durante el mes de diciembre. Pasaron siete meses para que la Justicia ordenara allanar locales y viviendas de dirigentes que son cabezas de las organizaciones involucradas.
Demasiado tiempo. No se entiende por qué no se hizo antes. Tampoco queda claro semejante operativo en plena feria judicial.
Las dudas
Siete meses es tiempo suficiente como para que los denunciados ordenen sus cuentas y si hubiera algo que los implica, hacer que las pruebas desaparezcan.
El que escribe poco sabe de leyes y procedimientos, pero la lógica indica que si a un sospechoso lo denunciás por abusos o irregularidades cometidas en la administración de fondos públicos, y los allanás a los siete meses; el resultado es más que obvio.
También se puede interpretar que en el ámbito judicial, alguien se durmió, otro los despertó y la actuación derivó en un megaoperativo en tiempo récord y en medio del receso judicial de invierno.
No obstante, es saludable que la Justicia y el Poder Ejecutivo pongan todos sus esfuerzos en defensa de los recursos de los más desprotegidos.
Y así lo hace notar Figueroa cada vez que tiene oportunidad frente a sus colaboradores.
Salvo los funcionarios con “inconvenientes perceptivos”, el resto de la manada “rolandista” tiene muy en claro el rumbo. Fondos de disponibilidad plena para los sectores más carenciados pero sin intermediarios.
Los gastos y los intermediarios
El concepto está dirigido para los operadores sociales de las organizaciones intermedias pero también aplica para el “mundillo de los intermediarios”.
“En donde hay un intermediario, hay gastos que se ocasionan y esos gastos los paga el Estado”, dijo alguna vez en campaña el actual gobernador.
“Vamos hacia un Neuquén sin esa casta, que son el cáncer mismo que detiene el progreso y bienestar de nuestros hermanos y hermanas más necesitados”, explicaba con énfasis y su verba inflamada cada mañana, cada tarde, cada anochecer buscaba que aquel que lo escuchara supiera del rumbo que buscaba para “su” provincia.
Muchos interpretaban en sus dichos que Figueroa había puesto el ojo en el sector empresario y en la dirigencia que gobernaba la provincia. Había un poco de eso, pero también le estaba hablando a un vasto sector que convive con el Poder desde hace años, generando grandes ganancias, para provecho propio.
Rolando y los excesos
Le habla Figueroa a los “operadores marginales”. Los que hacen de la pobreza y la necesidad un gran negocio. Allí conviven algunos referentes sociales, empleados de sectores claves de la administración pública que saben de los secretos de cada normativa y cómo sacar tajada, y los intermediarios de proveedores que serían parte de un “club encubierto” a través del cual, durante mucho tiempo, se habrán pactado valores y cotizaciones de compras directas y licitaciones.
Los ganadores se alternaban según acuerdos preestablecidos y atentos a las normativas administrativas vigentes.
Todos ganaban. La mayor parte iba para los empleados claves y los intermediarios. El producto, hablamos de alimentos, llegaba tarde y a veces era escaso.
Lo comentado es solo una parte de las historias que se comentan a diario en los pasillos de la administración pública.
Tomando nota
Fueron esas prédicas de pasillo las que llevaron a Figueroa a abrir el ojo y hoy mostrarse “implacable” en “su” lucha contra los intermediarios y los “empresarios abusivos”.
Va a fondo Figueroa en su lucha contra las burocracias enquistadas en el Estado. Los primeros seis meses de gobierno le sirvieron para identificar en dónde está cada uno de los eslabones que fueron parte del “cáncer” que él denunció en campaña.
En el área de Salud Pública, cuando asumió encontró un sistema en default. Miles de millones de pesos se le debían a los proveedores. Los depósitos en donde se almacenaban los medicamentos para todos los hospitales de la provincia estaban vacíos. El nivel de presencialidad promedio, a noviembre del 2023, era del 75 por ciento y la cadena de mando era obsoleta o inexistente.
En la actualidad, se saneó gran parte de la deuda. Se hicieron fuertes inversiones en equipamiento y tecnología hospitalaria. La provisión de medicamentos se ha normalizado y el ausentismo no supera el 11 por ciento.
Promesas al pie del Domuyo
El segundo semestre encuentra a Figueroa y “su” ministro de Salud, Martín Regueiro, dando los trazos finales a uno de los proyectos que le quita el sueño al mandatario provincial.
La remodelación y rehabilitación de los centros de atención primaria en toda la provincia, es la meta que se trazaron ambos.
Es la segunda fase del plan de Salud que el mandatario presentó hace algunos meses atrás.
“Vamos a llevar un médico y una enfermera, allá donde haga falta. Porque necesitamos curarnos en salud para tener la fuerza suficiente para encarar el gran futuro que nos espera”, les prometía a sus “hermanos neuquinos” de Varvarco, al pie del Domuyo, el verano del 2023, un Rolando Figueroa que ya se sentía gobernador aunque faltaran pocos meses para saberlo.
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