El urólogo Gabriel Masseroni confirmó que creció el uso de sildenafil y tadalafilo. Las causas: problemas físicos, ansiedad y presión por "hacerlo bien".
Las consultas por el uso de Viagra y otros medicamentos para mejorar la erección crecieron notablemente en los últimos años. Ya no se trata solamente de hombres mayores con problemas cardiovasculares o enfermedades crónicas: cada vez más jóvenes recurren a estas drogas para mejorar el desempeño sexual o superar episodios de ansiedad.
Así lo explicó el urólogo Gabriel Masseroni, especialista de la Fundación Médica de Río Negro y Neuquén, quien aseguró que actualmente atiende consultas de pacientes “desde los 20 hasta los 90 años”.
“El aumento de las consultas es muchísimo. Vienen chicos muy jóvenes y también adultos mayores. Después de los 45 años aumentan más las consultas por cuestiones orgánicas, pero en los jóvenes la causa casi siempre es psicológica”, explicó.
Aunque popularmente se conoce como “Viagra” a cualquier pastilla vinculada a la erección, en realidad existen distintas moléculas diseñadas para tratar la disfunción eréctil. La más antigua es el sildenafil, comercializado originalmente bajo el nombre Viagra, y luego apareció el tadalafilo.
“Las dos tienen el mismo efecto: prolongar el tiempo y mejorar la erección”, detalló Masseroni.
Cuándo está indicado el uso
El especialista explicó que estos medicamentos fueron desarrollados para tratar la disfunción eréctil masculina, un trastorno que puede presentarse como dificultad para lograr una erección adecuada o para mantenerla durante el tiempo suficiente.
“El grado máximo es lo que se llama impotencia, cuando no hay erección ninguna. Distinto es la disfunción eréctil, que sería un mal funcionamiento”, aclaró. Las causas pueden ser orgánicas o psicológicas. Entre las orgánicas aparecen principalmente enfermedades asociadas al envejecimiento y a problemas cardiovasculares.
“Las vemos en pacientes de edad avanzada, diabéticos, hipertensos, fumadores, personas con colesterol alto, obesidad, sedentarismo o que toman ciertos medicamentos”, explicó.
Todas esas condiciones afectan la circulación sanguínea en el cuerpo cavernoso del pene, el tejido encargado de producir la erección. “Ahí es donde tienen indicación estas drogas”, señaló el urólogo.
Pero existe otro grupo importante de pacientes donde la raíz del problema no es física sino emocional.
“Hay causas psicológicas para la disfunción sexual. En general son pacientes con síndrome ansioso, con estrés laboral, económico o familiar. Muchas veces pasa en las primeras relaciones sexuales o en situaciones de presión”, indicó.
Según describió, un episodio puntual donde el hombre no logra tener una erección puede convertirse en un problema recurrente.
“Cualquier situación puede actuar como gatillo para que alguna vez uno falle en la relación sexual y no tenga una erección. Entonces comienza algo que se llama ansiedad de desempeño. Significa estar preocupado por cómo va a ser la relación en vez de disfrutarla”, sostuvo.
El miedo a “fallar”
Para Masseroni, la presión cultural sobre el rendimiento sexual masculino sigue teniendo un peso importante, especialmente en los más jóvenes.
“El chico joven consulta porque no tuvo un buen desempeño y se preocupa porque a tan temprana edad tiene problemas. Pero te diría que en el 100 por ciento de esos casos la causa es psicológica”, afirmó.
El especialista contó que muchas veces el problema aparece en las primeras experiencias sexuales. “Te asustás, no tenés erección espontánea, o una chica te avanza y la situación te supera. Cualquier situación de estrés puede generar que no tengas una erección”, explicó.
Ante esos casos, el tratamiento suele incluir primero un abordaje sexológico y emocional. “Le pregunto si es diabético o tiene alguna enfermedad. Generalmente no. Entonces trato de ver si es algo psicológico. Le explico que tiene que enfrentar la relación sexual con la idea de disfrutar y no como una obligación”, relató.
Sin embargo, también puede recomendar el uso transitorio del medicamento para ayudar a romper el círculo de ansiedad.
“El paciente queda con la idea de ‘no se me paró’ y entra a la cama pensando en eso. Ahí se cronifica. Entonces uno lo ayuda con cualquiera de las dos moléculas. Empieza a tener erecciones y arranca solito”, indicó.
Sildenafil y tadalafilo: cuáles son las diferencias
Aunque ambos medicamentos tienen mecanismos de acción similares, existen algunas diferencias importantes entre ellos.
“El sildenafil tiene una duración aproximada de ocho horas. Además, la absorción cambia con la ingesta de comidas y puede dar más efectos secundarios”, explicó Masseroni.
Entre esos efectos aparecen dolor de cabeza, sensación de rinitis, palpitaciones y rubor facial. En cambio, el tadalafilo posee una acción más prolongada.
“Tiene una duración de hasta 36 horas, no cambia la absorción con las comidas y podría dar menos efectos secundarios”, señaló.
Eso también modifica la forma de uso. “Lo podés tomar antes de la relación y no tan cerquita del encuentro sexual”, explicó.
De todos modos, el especialista remarcó un punto importante: ninguno de los dos medicamentos genera una erección automática.
“Los dos necesitan estímulo erótico. Lo que hacen es potenciar la erección una vez que se desencadena. Si vos te ponés a mirar un partido de fútbol aunque hayas tomado el remedio, no pasa nada”, graficó.
Uno de los fenómenos que más preocupa a los especialistas es el uso recreativo de estas drogas entre jóvenes que no tienen problemas de erección.
“Muchos lo toman porque quieren tener mayor rendimiento. Ni siquiera consultan. Consiguen la medicación y la toman porque creen que van a tener mejor desempeño”, señaló.
Según explicó, existe una especie de búsqueda constante de “rendir más”.
“Es como envalentonarse con alcohol o consumir algo para sentirse mejor. No es que lo necesiten, pero piensan que si lo toman van a estar más seguros”, sostuvo. Aunque aclaró que el medicamento es seguro en líneas generales, advirtió sobre los riesgos del abuso y la automedicación.
“No se van a morir por tomar Viagra solo, pero si lo mezclan con muchas cosas puede ser peligroso”, indicó. El médico diferenció además el uso ocasional del abuso.
“Abuso sería tomar una pastilla todos los días sin necesidad”, afirmó. En los jóvenes, dijo, el uso recreativo muchas veces ni siquiera llega al consultorio. “La gente joven lo puede tomar como una cuestión recreativa para mejorar el desempeño. Lo usan, pero muchas veces no vienen a consultar”, señaló.
Cuidados y contraindicaciones
Aunque hoy son considerados medicamentos seguros, existen casos donde deben utilizarse con controles médicos. “Los adultos con trastornos cardiovasculares, stent, bypass o antecedentes de infarto necesitan más cuidados y muchas veces pedimos consulta con el cardiólogo”, explicó.
El principal riesgo aparece cuando se combinan con nitratos, medicamentos utilizados para tratar dolores cardíacos.
“Cuando apareció el Viagra, en los años 90, hubo problemas porque pacientes con enfermedades cardíacas graves tomaban nitratos debajo de la lengua y eso está completamente contraindicado con sildenafil. Potenciaba muchísimo el efecto del otro medicamento”, recordó.
Esa combinación podía provocar caídas bruscas de presión arterial y complicaciones severas. “Al principio sí murió gente por esas mezclas. Ahora ya es otra cosa porque se conocen mejor las contraindicaciones”, afirmó.
Para Masseroni, el aumento de las consultas también refleja un cambio cultural. “Hoy preguntan más, tienen menos tabúes y el tema está mucho más difundido y aceptado”, destacó.
Eso se observa especialmente en adultos mayores que desean mantener una vida sexual activa. “Hay hombres de 80 años que vienen a consultar porque quieren seguir teniendo relaciones sexuales. Eso pasa cada vez más”, comentó.
El especialista consideró que el incremento de las consultas tiene múltiples causas: mayor apertura para hablar de sexualidad, aumento de la expectativa de vida, crecimiento de enfermedades vinculadas a la circulación y también mayores niveles de estrés social y económico.
“Hace años que las consultas por disfunción sexual aumentaron notablemente. Hay menos pudor para hablar del tema, más difusión sobre sexualidad y también mayor acceso a la medicación”, concluyó.
Y agregó: “La longevidad lleva a más consultas por patologías orgánicas, pero también el estrés familiar, económico y social favorece el origen psicológico de estos trastornos”.
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