De extra en el film Troya a vender empanadas a 60 dólares en EE.UU: la increíble vida de un cocinero neuquino
Mariano Klocek vive hace 14 años en las montañas de Colorado. Encontró un nicho con el sabor bien criollo, vio jugar a Messi, comparte asados con un vecino de Andacollo y hasta fue extra de Brad Pitt.
El aroma a comino, carne suavemente sazonada y masa casera horneada flota en el aire, pero el paisaje exterior no es el de las bardas neuquinas ni el del río Limay, ni el del barrio Progreso donde se crío, sino el de las imponentes montañas de Colorado, en Estados Unidos. Allí, a miles de kilómetros de su tierra natal, Mariano Klocek se transformó en una suerte de embajador cultural silencioso. Su arma de conquista es simple pero infalible: la auténtica empanada argentina. Sin embargo, para llegar a este presente dorado y familiar, el camino estuvo marcado por la distancia, el aprendizaje y los guiños del destino.
La historia de este neuquino con el desarraigo comenzó en el año 2001, una fecha grabada en la memoria colectiva del país. Con la Argentina sumergida en una de sus peores crisis económicas, políticas y sociales, Klocek acababa de recibir su título de chef. El panorama era desolador y, ante la falta de horizontes, tomó una decisión drástica: despedirse de Neuquén y partir rumbo al Viejo Continente.
Europa se convirtió en su gran escuela de vida. Durante varios años, Mariano recorrió cocinas, sumó técnicas, se adaptó a otros ritmos y absorbió riqueza gastronómica. Fue una época de mochila, esfuerzo y maduración, donde aquel pibe que salió de la Patagonia parecía comerse el mundo.
El regreso a las raíces y el giro del destino
Con los años de experiencia a cuestas y la satisfacción de haber sumado horas de vuelo en su oficio, el destino lo trajo de vuelta a Neuquén. El regreso a casa prometía ser el inicio de una etapa de estabilidad en sus propios pagos. "Me había cansado un poco de la gastronomía. Me fui a vivir a Balsa Las Perlas y por un tiempo me dediqué a la carpintería", recuerda el neuquino.
Pero la vida, a veces, tiene una mejor trama que cualquier guion de cine. El reencuentro con un gran amor, Stephanie, cambió sus planes de manera definitiva. La brújula ya no marcaba el sur ni el este europeo; el nuevo norte estaba en América del Norte. Volvió a apostar por el futuro y emprendió un viaje en busca de una historia compartida que, como si fuera poco, ya traía a Ramón en camino, el primer hijo de la pareja.
"Llegué hace 14 años a Colorado, donde mi pareja ya vivía. Nos conocimos en Baja California, México, en 2002. Ahí comenzó nuestro vínculo e idas y vueltas de viajes, hasta que decidimos residir acá", cuenta Mariano.
Su formación había sido en la zona: "Estudié gastronomía en Capacitas (Cipolletti) y en mayo de 2001 me fui a Las Antillas, luego a Miami y México. Era un momento de buscar experiencias gastronómicas porque acá había estallado todo. Cuando recién terminás de estudiar y te ofrecen destinos para perfeccionarte, agarrás viaje. Además, me encanta viajar", agrega. Previo a esa travesía, también había hecho una pasantía con Francis Mallmann y dio sus primeros pasos laborales en cocinas de Neuquén y San Martín de los Andes.
"Estuve viajando de mochila y laburando bastante. Fue un viaje de unos tres o cuatro años. Después de conocernos con Stephanie, nos volvimos a reencontrar en Neuquén luego de ocho años", explica. Sin embargo, en aquel primer tramo, las oportunidades en Norteamérica se achicaron tras el atentado a las Torres Gemelas: "Restringieron todo, los hoteles y restaurantes cerraban. Seguí de mochila hasta llegar a Guatemala. Ahí decidí volver a México DF gracias a una pasantía que me consiguió el instituto (Capacitas). Muchos chicos teníamos esa oportunidad de irnos a otros países a sumar experiencia. Éramos jóvenes y con ganas de todo".
Primeros pasos en Colorado
Ponerle fin a las idas y vueltas a la distancia fue decisivo para armar las valijas y trasladarse definitivamente a Boulder (Colorado) en 2010. "El único contacto que teníamos antes era por correo electrónico. Ella vino a Neuquén y, entre 2010 y 2012, viajó a Colorado tres veces hasta que nos instalamos. Ramón, nuestro hijo, nació en un hospital de acá. Fue medio loco porque, sin entender mucho inglés, firmaba papeles por si le pasaba algo a Stephanie en el parto. Estábamos los dos solos, así que fue todo un desafío", recuerda entre risas.
"Colorado es lindo, hay montañas y el verano es alucinante. Hay mucho camping y fue muy divertido viajar con un bebé. Es muy parecido a la cordillera patagónica, solo que se está más alto, cerca de los 1.655 metros sobre el nivel del mar. Acá están las Rocky Mountains, las Rocallosas", detalla.
En su primera etapa laboral, "El Chueco" —como lo llaman sus amigos de toda la vida— trabajó como handyman (haciendo reparaciones y mantenimiento del hogar), mientras su mujer llevaba adelante su empresa de jardinería. "Hice de todo: carpintería, pintura, electricidad, changas. Después me ofrecieron trabajar en una empresa de catering, donde laburé muchísimo en las temporadas de verano por los casamientos y eventos".
"Con el tiempo llegué a trabajar en la construcción, remodelando casas antiguas. Y hace cinco años decidí largarme con el proyecto de las empanadas. Los chicos crecieron un poco y eso nos permitió tener dos negocios independientes para manejar nuestros tiempos".
Comunidad, asados y un vecino de Andacollo
El comenzar a vender el clásico producto 100% argentino hizo que Mariano palpara más de cerca la calidez de la gente local. "Son todos muy amables. Cuando les cuento que soy de la Patagonia, muchos te dicen que fueron a Bariloche o a otros puntos del sur de Argentina o Chile. Siempre me preguntan cómo me siento. Además, argentinos hay 'banda', no sé si más que en Miami", revela.
"Estoy en un grupo y una vez por mes nos juntamos a comer un asado y tomar unos vinos con gente que es de tu mismo palo, para cagarnos de risa en español. Hice amigos de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y hasta hay un chico de Andacollo (localidad del norte neuquino). Es increíble", cuenta divertido.
En el plano gastronómico, "El Chueco" asegura que todavía no hay restaurantes ni parrillas argentinas instaladas en Boulder. "Sí hay locales de empanadas. La gastronomía acá es bastante amplia, pero noté que faltaba una buena empanada tradicional", sostiene. Para ponerse manos a la obra, alquiló una cocina habilitada comercialmente: "Hago las tapas de empanadas frescas, un producto muy auténtico que a la gente le encanta. Era un nicho que no estaba explotado al 100% en esta zona".
La docena de empanadas: un lujo a 60 dólares
Por lo general, la carne asada al estilo criollo es una delicia para los extranjeros, pero el neuquino decidió enfocarse en las empanadas porque la carne es "carísima". "El gringo es muy de la Barbecue (barbacoa a fuego lento y humo) con cortes chicos, vuelta y vuelta. No está la tradición de comerse un vacío y tenerlo horas en la parrilla o usar cortes grandes", explica, y tira un dato que impacta al bolsillo argentino: "El kilo de carne buena está entre 23 y 25 dólares. Y las empanadas las vendo a 60 dólares la docena".
"No quiero vender empanadas congeladas en caja. Quiero vender mi producto fresco y casero. Ese es mi nicho. Hay que remarla siempre, pero estamos bien. Trabajamos full time metiéndole pata de abril a noviembre; después, por nuestro estilo de trabajo, baja la temporada", asegura.
El costo de vida en Colorado es alto, tanto en alquileres como en propiedades, llegando a ser casi el doble que en otros puntos de Estados Unidos: "Una casita de dos habitaciones, garaje y patio puede estar en los 3.000 dólares mensuales".
Aun así, las recompensas abundan. "Estamos al lado de Denver, que es una ciudad gigante con muchísima vida. Si queremos ver un partido de la NBA, fútbol americano, béisbol o fútbol, estamos a 20 minutos. De hecho, tuvimos la suerte de poder ver a Lionel Messi", relata con entusiasmo.
"El equipo de acá son los Colorado Rapids y una vez al año juegan contra el Inter Miami. Como venía Messi, pasaron el partido al estadio de los Broncos (de fútbol americano) y entraron 70.000 personas. Fue increíble porque Messi hizo dos goles. Aprovechamos a verlo ahí porque los tickets para el Mundial... olvídate. Es un bajón tener el Mundial a la vuelta de la esquina y estar restringido por el valor de las entradas. Al Inter Miami lo vimos por 90 dólares, algo razonable, pero para el Mundial, en fase de grupos, tenés que hablar de 700 dólares para arriba".
A pesar de las distancias, destaca la comodidad del estado: "Acá hay mucha comunidad latina y está todo escrito en inglés y español, lo que ayuda mucho cuando recién llegás. El argentino acá hace de todo y está en todos los rubros: conozco cirujanos, pintores, constructores, médicos, profesores universitarios, tatuadores, cocineros... El abanico es enorme". Respecto a la convivencia social, señala que Colorado es un estado "bastante progresista, amigable y donde todo el mundo es bien recibido, con gente que llega desde la India, Rusia o Pakistán".
La increíble anécdota con Brad Pitt en Troya
Los viajes siempre dejan vivencias únicas, y Mariano atesora una historia digna de película. Mientras estaba en México, durante su primera aventura como mochilero, terminó siendo elegido como extra para la superproducción de Hollywood Troya, protagonizada por Brad Pitt.
"La experiencia en Troya fue única y muy divertida. Nunca pensé que iba a hacer algo así en mi vida", recuerda. "Estábamos cocinando en México con Lisandro Martínez y Adrián Basso, otros dos neuquinos. Nos enteramos del casting, nos presentamos y nos dieron laburo por dos meses porque estaban filmando en Cabo San Lucas. Éramos aproximadamente mil extras y estuvimos cerca de los actores principales como Brad Pitt, Orlando Bloom o Eric Bana. Que te paguen 50 dólares por día por divertirte en un set nos servía un montón para ahorrar".
Entre risas, devela un secreto de filmación: "Había un doble de Brad Pitt que era casi idéntico. Pobre, lo hacían correr como un loco. Pudimos sacarle una foto con una maquinita a rollo que llevaba escondida, porque estaba recontra prohibido".
El deseo latente de volver a casa
En los 14 años que lleva radicado en Estados Unidos, Mariano regresó a Neuquén en un par de oportunidades para reencontrarse con sus afectos. "Como uno va de vacaciones, ve todo lindo. Me impactó muchísimo el Paseo de la Costa, me encantó ver a Neuquén todo iluminado y la vida nocturna que tiene ahora. Extraño horrores esa cosa de tomar mate en el río y la vida social de allá", confiesa con nostalgia.
"La idea de pegar la vuelta siempre está. Algún día volveremos a la Patagonia. Ahora los chicos están con sus actividades y la escuela, entonces están más atados a Colorado. Pero en casa siempre flasheamos con volver", concluye el neuquino que alimenta la nostalgia con el calor de sus empanadas.
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