Casi todos los seleccionados del mundial de fútbol tienen jugadores negros. Algunos de ellos llegan a sus equipos porque representan la mayoría étnica de su nación, y otros porque se nacionalizaron y usan la camiseta de sus países coloniales o porque juegan para banderas cosmopolitas que tienen migrantes diversos. Y aunque el torneo de Qatar representa una compleja trama histórica de esclavitud, colonización, migraciones e intercambio racial, parece que el color de la piel sigue siendo un tema de conversación.
"¿Por qué Argentina no tiene jugadores negros en la Copa del Mundo?", se preguntó un artículo del Washington Post, y los argentinos salieron a responderle. En redes sociales, hablaron de las masivas migraciones de españoles e italianos que parecen haber "blanqueado" a la población o incluso de una amorosa ausencia de racismo que llevó a las generaciones anteriores a mezclarse para darle vida a argentinos trigueños.
Y aunque la pregunta tiene algo de cierta, y muchos tuvimos que pintarnos el rostro con un corcho quemado para poder evocar en la escuela a los negros de las épocas coloniales, es difícil afirmar que no hay racismo en Argentina. Porque sí hay diversidad racial y distintos colores de piel, y hay una identidad marrón forjada a base de migraciones limítrofes o de mestizaje con los pueblos indígenas que sufre discriminación. Porque el racismo existe, y no es sólo cosa de negros.
La pregunta del Post puede llegar a responderse con la precoz libertad de vientres de 1813 o la crueldad de la guerra de la Triple Alianza, donde los afrodescendientes fueron carne de cañón. Y aunque ahora parece que sólo nos quedan los corchos quemados, sí tenemos su herencia en el tango, en el candombe, en algunas palabras del lunfardo, en el locro y la mazamorra.
La herida abierta de sus luchas raciales llevó a Estados Unidos a poner la representatividad en el centro de la escena. Contar con una persona afrodescendiente en una banda musical o un elenco de actores, un equipo de trabajo o un conjunto deportivo se convirtió casi en una condición sine qua non para ser políticamente correctos. Pero quizás sería menos racista dejar de poner el color de la piel bajo el foco de los reflectores.
¿Acaso no son todos jugadores? ¿Acaso no hay otras pieles diversas, quizás marrones, quizás amarillas, que también hay que incluir? En este lado del mundo tenemos nuestros propios entramados étnicos y también nuestros propios racismos, que no son mejores ni peores, pero sí diferentes.
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