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La Mañana suciedad

No se aguanta el olor a basura en el arroyo Durán

Los operarios de Recursos Hídricos aseguran que no dan abasto para mantener limpio el cauce.

Sofía Sandoval

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Neuquén

Un olor putrefacto e intenso flota en el aire frío del sector Los Polvorines y amenaza con impregnarse en todo lo que la gente toca en las inmediaciones. Se filtra por las hendijas de las puertas y ventanas, se pega en la ropa de los transeúntes y se cuela por las ventanillas de los autos, haciendo caso omiso a los intentos del personal de Recursos Hídricos por apaciguarlo.

El hedor proviene del sector del arroyo Durán del puente ubicado entre las calles Ignacio Rivas y Anaya, adonde una reja impide el paso de los residuos que flotan sobre el agua. En ese enrejado convive una maraña de algas oscuras y en descomposición con botellas vacías, bolsas rebalsadas de basura y voluminosos escombros de construcción tirados por vecinos desaprensivos.

“Limpian una o dos veces por semana, pero es común ver hasta nutrias y patos muertos por el nivel de contaminación”. Alejandro Vive en la zona más pestilente del arroyo Durán.

Ayer por la mañana, una cuadrilla de la Dirección de Recursos Hídricos llegó al lugar para retirar la basura y permitir el flujo del agua, que presenta un bajo nivel durante el invierno.

“Vinimos el viernes pasado, pero por más que limpiemos, se vuelve a ensuciar a los tres días”, señaló el supervisor del operativo de limpieza municipal, mientras el resto del equipo hundía unos rastrillos de mango extenso en el agua y arrastraba los residuos más variados.

“En verano es mucho peor”, remarcó uno de los trabajadores, que ha visto cómo la acumulación de basura tapa el paso del agua y provoca el anegamiento de los puentes sobre el arroyo Durán. “Con el calor crece el consumo de botellas y todas van a parar al Durán”, aseguró el empleado.

“Vivimos encerrados: si abrís la ventana, entra el olor y no se va más; la gente me pregunta cómo hacemos para vivir así”. Rubén Atiende una ferretería frente al cauce maloliente.

La cuadrilla tuvo que retirar también unos grandes bloques de telgopor cubiertos por malla sima, de las que se utilizan en la construcción y que, sospechan, provienen de unas obras que están en pleno desarrollo arroyo arriba. Con sus grandes dimensiones, lograron tapar el flujo del agua, donde la corriente se estancaba y despedía un olor nauseabundo.

“Esto es cosa de todos los días, llega incluso hasta mi casa, en las 127 hectáreas”, se quejó Marcela, una de las vecinas sometidas al olor pestilente, que pasaba a pie por el lugar. A fuerza de transitar el puente, su olfato se acostumbró a un olor penetrante y agrio que ya casi no percibe. “Pero hay veces en que es insoportable, sobre todo en verano”, aclaró la vecina en diálogo con LM Neuquén.

“Esto se ve en todos los puentes desde Valentina, que es donde empiezan a tirar todo tipo de residuos al canal”. Pablo Es un operario afectado a la limpieza del Durán.

“La gente no toma conciencia y sigue tirando cosas al arroyo”, explicó uno de los operarios, quien aseguró que es normal retirar perros muertos entre la basura que queda atascada en cualquiera de esos puntos debajo de los puentes.

“Es imposible para nosotros notificar y hacerle una multa al que tira porque no vemos quiénes son los que tiran”, lamentó el trabajador municipal.

Mientras hacía sus consideraciones respecto a las tareas que realizan periódicamente en el arroyo Durán, el empleado señalaba dos grandes camionadas de tierra y escombros que interrumpieron casi por completo el fluir del agua. Según los vecinos, las camionadas de residuos fueron arrojadas durante la noche sin que nadie pudiese identificar a los responsables.

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