La grave crisis económica en la que se encuentra sumida la Argentina -con una inflación anual que supera el 113%- y la devaluación del 22% del peso repercuten directamente en el bolsillo de la clase media y baja. A mucha gente le cuesta cada vez más acceder a sus necesidades básicas como la alimentación y vestimenta. En este contexto, en la localidad bonaerense de Florencio Varela, algunos vecinos se organizaron para volver a la vieja práctica del trueque, intercambio de un producto por otro sin dinero de por medio.
En el barrio Alpino de la mencionada localidad, las madres cambian la ropa de sus hijos por cualquier producto que les permita poner un plato de comida en la mesa. Del otro lado de la ecuación, un paquete de arroz o una lata de puré de tomates puede ser la manera de vestir a una criatura en pleno invierno.
Los intercambios se hacen por lo mínimo. Un pantalón de adultos no puede valer más que un producto alimentario. En el trueque la necesidad es tan extrema que nadie puede dar más que eso.
Es la triste solución a que llegaron en medio de la desesperación. Y tiene un agregado inesperado en materia de inseguridad. En su mayoría son las mujeres las que van al trueque con lo que van a cambiar, y nada más. La actividad se organiza a través de Facebook en un grupo que se llama "canje Alpino" y se realiza los martes y jueves.
"Lo hacemos porque por más que nuestros maridos trabajen, la plata no alcanza", cuenta una de las mujeres, quién además cuenta que a la feria no llevan teléfonos celulares ni plata. De esa manera consiguen negociar, y que no las roben en la vuelta a casa.
Sin dudas la vuelta al trueque y la inseguridad son dos caras extremas y crudas de la realidad argentina, que se replican en varias zonas del interior del país. Son muchas las plazas y que sirven de sitio de feria para llevar adelante esta práctica medieval que se convierte en un paliativo y permite llevar algunos productos de primera necesidad al hogar.
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