La encontraron enterrada en el estrecho de Magallanes, un punto estratégico que los españoles intentaron controlar en el 1500 con un plan que terminó muy mal.
Arqueólogos localizaron recientemente una pieza de plata del siglo XVI que termina de confirmar una historia trágica de la Patagonia colonial y, principalmente, el sitio exacto donde se produjo.
Ocurrió en un asentamiento colonial en el estrecho de Magallanes, que más que fundar una ciudad, construyó uno de los hechos más oscuros en la conquista española en América.
En marzo de 1584, Pedro Sarmiento de Gamboa colocó la primera piedra de una iglesia en el confín del mundo y enterró bajo los cimientos una moneda de plata.
Era un gesto ritual: la fundación oficial de la Ciudad del Rey Don Felipe, el asentamiento que España levantó en la ribera norte del estrecho de Magallanes para controlar el paso entre el Atlántico y el Pacífico.
Cuatro siglos y medio después, arqueólogos de la Universidad Austral de Chile encontraron esa moneda exactamente donde Sarmiento de Gamboa dijo haberla dejado, cuando soñaba con llenarse de gloria, pero estaba metiéndose en una trampa mortal que, tiempo después, sería rebautizada con un nombre tan sombrío como concluyente: Puerto del Hambre.
Un objeto del deseo para los conquistadores
Desde que Fernando de Magallanes atravesó el estrecho por primera vez en el otoño de 1520, el paso se convirtió en un objeto de deseo para los conquistadores españoles.
El corredor natural que une los dos océanos tenía un valor estratégico enorme, y ese valor creció cuando los ingleses entraron en la disputa: el corsario Francis Drake lo cruzó a fines de la década de 1570, y la Corona no podía permitirse perder el control.
La solución que se impuso fue fundar asentamientos permanentes en la zona.
La misión recayó en Sarmiento de Gamboa, un marinero experimentado que ya había participado en operaciones contra Drake en el virreinato del Perú.
Un arranque con el pie izquierdo
La expedición partió de Sanlúcar, en la costa andaluza, en septiembre de 1581 con 23 embarcaciones y alrededor de tres mil hombres.
Ya el comienzo de la aventura no fue, precisamente, el mejor.
Antes de empezar a alejarse de las costas de Cádiz, una tormenta había hundido cinco barcos y reducido la futura población del asentamiento: murieron 800 personas.
Lo que siguió fue una seguidilla de contratiempos marcada por enfermedades, temporales y disputas internas.
No solo eso. Cuando Sarmiento Gamboa y sus hombres llegaron al estrecho a comienzos de 1584, ya habían fundado y abandonado dos asentamientos previos. Fracasos que, quizá, anticipaban una tragedia. Pero no los detuvieron.
El tercer intento fue, entonces, Ciudad del Rey Don Felipe, levantado en la península de Santa Ana con las cerca de 340 personas que quedaban en la expedición.
Más de cuatro siglos bajo tierra
El 25 de marzo de 1584, Sarmiento enterró un real de a ocho de plata en los cimientos de la iglesia del asentamiento. Según informó la Universidad Bernardo O'Higgins de Santiago, fue "un gesto simbólico que marcaba el nacimiento de la ciudad".
Si el ritual pretendía dar vuelta los malos designios que signaron la aventura hasta ese momento y alentar mejor suerte para el lugar en el futuro, el resultado fue un fracaso monumental. Y trágico.
El hallazgo, con la guía de un antiguo escrito
La moneda quedó bajo tierra durante 440 años, hasta que el equipo de la Universidad Austral de Chile la encontró en este 2026 "en el lugar y la posición" que Sarmiento Gamboa había descripto en sus escritos.
El hallazgo no solo confirma la ubicación exacta del sitio fundacional: también les permitirá a los investigadores interpretar un mapa del siglo XVI en el que aparecen representadas las construcciones del poblado.
Una brújula que apunta directo al corazón de uno de los capítulos más oscuros de la historia patagónica.
Nueve de cada diez murieron o desertaron
Ciudad del Rey Don Felipe tenía seguramente una proyección geopolítica incalculable en los papeles. Pero igual que el viaje para llegar hasta allí, para sus colonos resultó desde el primer momento un infierno.
En esos mismos papeles nadie había registrado un detalle nada menor: el clima, el frío extremo, los vientos y las demás inclemencias de un lugar que aún hoy sigue siendo indómito.
En ese escenario, el fracaso de los cultivos que los españoles traían de Europa fue casi total. Sólo crecieron las habas, bajo la nieve, meses después de sembrarlas.
Sin víveres y con conflictos
Los sacos de víveres vacíos desencadenaron una espiral de desesperación.
"A bordo de las naves o en tierra vieron morir o desertar a nueve de cada diez compañeros, amigos o familiares", sintetizaron la historiadora Soledad González y el arqueólogo Simón Urbina en la obra Puerto del Hambre. Más allá de la leyenda.
Los mismos autores documentan episodios de "desesperación extrema" y canibalismo entre los sobrevivientes.
Según su investigación, hubo intentos de deserción y de robar el barco de la expedición para escapar.
Sarmiento Gamboa lo reprimió al estilo de la época: ejecutó a los responsables y exhibió sus cabezas en picas.
Antes de que se cumpliera un año desde la ceremonia fundacional en la que el conquistador enterró su moneda de plata, en el asentamiento quedaban apenas 90 personas. A los dos, alrededor de 30.
La mayoría de los colonos eran agricultores sin experiencia en ese territorio, que no conocían el clima ni la tierra, y que además, enfrentaban otro factor: la hostilidad de los nativos, que ya habían tenido varios roces con expediciones europeas anteriores y entonces, se inició muy rápido.
Abandonados a su suerte
Sarmiento Gamboa partió en su barco con la intención de reagrupar a los colonos, pero otra vez una tormenta. Esta vez, lo arrastró hasta el sur de Brasil.
Incapaz de regresar al estrecho, volvió a España en 1585. Los pocos habitantes de Ciudad del Rey Don Felipe quedaron completamente abandonados a su suerte.
En 1587, el corsario inglés Thomas Cavendish llegó a la península de Santa Ana y encontró lo que quedaba de la ciudad: ruinas, cadáveres y un par de sobrevivientes, en sentido literal.
En efecto: solo dos personas seguían con vida. Una de ellas el escribano Tomé Hernández, rescatado por un barco británico.
Puerto del Hambre: el nombre que quedó para siempre
Cavendish decidió borrar el nombre del rey Habsburgo del mapa y reemplazarlo por uno más honesto con la realidad: Puerto del Hambre.
Con el tiempo, incluso la ubicación precisa del asentamiento se perdió.
Recién en la década de 1970 se localizó un plano del siglo XVI con pistas sobre la distribución del poblado.
La moneda hallada bajo tierra por los arqueólogos es el hito más reciente —y más preciso— de una larga búsqueda.
Una pieza de plata que Sarmiento Gamboa enterró como símbolo de fundación y que la historia convirtió en la lápida de una ciudad que, probablemente, nunca debió existir.
Acaso exista un aliciente para este fracaso estrepitoso. No fue el único que se registró en la historia de un territorio hostil, que le cobró altos precios a aquellos reyes que quisieron dominar la Patagonia y mucho mas acá en el tiempo, a los pioneros de una colonia alemana de la posguerra que a mediados del siglo XX terminó en estafa.
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