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¿Por qué quedó tan fijada en la memoria colectiva de los argentinos la épica y la liturgia del 17 de octubre de 1945? ¿Será por una cuestión de cercanía histórica?
Pasaron 70 años. Tantos como pasaron desde el fin de la Segunda Guerra y la bomba de Hiroshima. Nadie imaginó que iba a importar tanto en el futuro, pero hace 70 años, Julia Stanley, la madre de John Lennon, le cantaba "happy birthday" al futuro Beatle para celebrar su primer lustro. Seis días después de la fiestita, el dirigente de la carne y los frigoríficos Cipriano Reyes levantaba a las masas y las conducía a la Plaza de Mayo para pedir la libertad de ese coronel que hacía apenas unos meses había decretado las vacaciones pagas para todos y todas.
Nadie podrá negar que el 17 de octubre fue el día en que la historia argentina dio un barquinazo y salió de su comodidad, el día en que cambió definitivamente, más allá de las valoraciones.
Ese día, y desde el día anterior, miles de obreros, jornaleros, empleados, miles de hombres y mujeres se fueron reuniendo en la plaza para frenar lo que hubiera sido un retroceso social de haberse consumado el eclipse de Perón. Ese episodio de octubre sacudió para siempre las estructuras de la estancia del mundo, donde la crema oligárquica y sus organizaciones políticas y económicas tenían la vaca tan atada como a la Justicia y los principales diarios.
Ese "aluvión zoológico", como lo llamó despectivamente el diputado radical Ernesto Sammartino en 1947, se iba a transformar en la savia del mayor movimiento político de la Argentina, un fenómeno que sobrevivió a todo: golpes de Estado, cárcel, tortura, proscripción y violencia armada.
Pero ¿por qué recordamos tan vivamente ese 17 de octubre, desde entonces y cada año?, ¿por qué cualquier pibe o piba a punto de entrar al mundo laboral sabe o escuchó hablar de esa fecha y no recuerda la del Cruce de los Andes?
Quien más, quien menos, algo de información tiene, algo de esa historia escuchó o leyó. ¿Será que, como la Revolución de Mayo, el 17 de octubre de 1945 ya forma parte del ADN de la cultura nacional?
La anécdota que sigue es muy conocida, pero vale la pena citarla una vez más. Un periodista español le pregunta a Juan Perón, en su exilio madrileño de Puerta de Hierro:
—¿General, cómo se divide el panorama político argentino?
—Mire -explica el ex presidente-, hay un 30% de radicales, que es lo que ustedes entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas.
—Pero, general, ¿y dónde están los peronistas?
—¡Ah, no, peronistas son todos, sólo que algunos todavía no se enteraron!.
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