Prieto, del trekking a Deportivo Rincón

El delantero pensaba largar todo y se entrenaba en las bardas mientras lo analizaba.

Hugo Prieto, uno de los nombres trascendentes que ha dado el fútbol regional, continúa su carrera deportiva en las ligas zonales, ahora con la camiseta del Deportivo Rincón en Lifune.

A los 34 años, fue uno de los que atravesaron el difícil día después. Y eso que en su caso hubo chances de emigrar al fútbol sudamericano, jugar en grandes del interior como los salteños, Cipo (es ídolo) y codearse con contratos por encima de la media.

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Sin embargo, los últimos tiempos lo maltrataron, sobre todo en el aspecto deportivo, donde terminó perdiendo la categoría con Roca.

“Nos acostaron. En el partido que me informan a mí y a Kevin Guajardo (Ferro en la Pampa) ni siquiera estábamos en el vestuario. Me dolió mucho lo que nos pasó y ya pensaba en ponerme a trabajar en otra cosa”, reconoció.

El fútbol fue su ámbito, desde que comenzó en inferiores en su Allen natal y a fuerzas de goles y máxima velocidad en la delantera hasta construir una carrera de ascenso.

Un llamado de un ex compañero suyo en Ecuador, el Moncho Rodríguez, lo llamó para sumarse a la aventura del Atlético Adelia María, en la Liga de Río Cuarto.

“Me llamó, el técnico es Hugo Dematua, que me conocía de habernos enfrentado con Cipo, así que dio el OK. Arreglé por 10 partidos, pero terminé jugando 6 porque me surgió esto de Rincón”, describió.

Hasta ese momento, con su inseparable amigo Daniel Carou se había prendido en las carreras de montaña. “Estaba entrenando a full. Estoy más flaco ahora que cuando jugaba en el Federal”, soltó entre risas.

Régimen petrolero

La chance de seguir jugando mucho más cerca de casa fue el primer impulso. Leonardo Larenas, amigo y ex compañero suyo en el Albinegro, está haciendo bases en el club neuquino desde la reserva. “Pensó en mí. Rincón apunta al Regional Amateur de enero, pero usando como banco esta Copa Neuquén, que también quiere ganar. Me entusiasmó”, reconoció.

Allí, en la ciudad petrolera por excelencia de la región, el delantero vive de martes a sábados, cuando encuentra el permiso de viajar a Allen después de cada partido y estar con la familia a pleno. “Tengo una vida de petrolero”, sonrió con optimismo.

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