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Relato de un sismo: "Fue de terror, salté de la cama y pegué contra una ventana"

Los pobladores de Sauzal Bonito cuentan cómo vivieron el último sismo que se sintió fuerte. Piden saber si el fracking es la causa. Dicen que los chicos duermen en los autos por los ataques de pánico. "Acá vienen sociólogos y te preguntan cómo te sentís", cuentan.

En Sauzal Bonito hay días en los que los pájaros parecen que no cantan. El cielo de un miércoles está aplomado y en este paraje de rocas arcillosas entre cañadones, a 155 kilómetros al noroeste de Neuquén capital, no se mueve una hoja. El pueblo está sin luz y es una tarde ideal para descansar, pero el aire es confuso y se corta con la alterada vida de los 300 habitantes que desde hace siete años no tienen paz.

En este paraje la tierra tiembla desde 2015. Y los pobladores no tienen dudas en contarlo en primera persona. “Desde que están las empresas ahí, donde se ven las luces como una ciudad, es que está pasando esto”, dicen, por los 250 sismos que se registraron hasta la actualidad. Pero el sismo del lunes pasado a las 0:20, les quedó marcado a fuego.

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El impacto fue tal, que algunos niños abandonaron sus casas con “ataques de pánico” y durmieron en los autos. Otros, cuentan que es como “un golpe y una vibración” y que los techos se mueven por unos segundos. Describen a un sismo como “algo que “viene de allá”, señalando el yacimiento gasífero más grande que tiene el país, que es Fortín de Piedra. Dicen, además, que no se puede vivir en estado de alerta, con el síntoma de la incertidumbre.

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Noemí Painevil y su esposo, Carlos Pérez, dicen que nos se quieren ir de Sauzal Bonito. El último sismo alteró a los más chicos.

Noemí Painevil y su esposo, Carlos Pérez, dicen que nos se quieren ir de Sauzal Bonito. El último sismo alteró a los más chicos.

“Fue de terror, estaba dormida, pegué un salto en la cama, me pegué contra una ventana y salí disparada, descalza. Mi esposo, que estaba en el comedor, salió a buscarme. Estábamos muy asustados, el sismo fue muy fuerte”, describe Noemí Painevil a LMNeuquén, sobre el último sismo de 4,5 de Magnitud Local (ML), que fue el segundo más fuerte en siete años.

Los pobladores están cansados de que sean una suerte de experimento científico y social. Cuentan que vinieron canales de televisión y periodistas de muchas partes del mundo y hasta los sociólogos del CONICET que les hacen encuestas para saber “cómo se sienten”, después de vivir en carne propia un sismo, como la más gráfica burla de vivir en la incertidumbre.

Noemí es de Cutral Co y junto a su esposo, Carlos Pérez, están jubilados y eligieron disfrutar de la vida en Sauzal Bonito, un pueblo de chacras y semidesértico que se presta para el descanso y la vida sana. Pero ya no saben si quedarse o abandonar el poblado.

“Estamos muy asustados y conmocionados porque hay chicos que están sufriendo esto. Por primera vez escuché que los chicos no querían entrar a las casas que se quedaron durmiendo en los autos”, dice, mientras junta firmas de apoyo para pedir explicaciones al gobierno provincial.

Le piden al gobernador Omar Gutiérrez una reunión el próximo jueves 19 en el pueblo, para que calme los ánimos y explique el origen de los sismos. También se lo solicitaron al Sindicato Petrolero.

Su esposo Carlos es conocido en la zona y hace 55 años que conoce Sauzal Bonito. Su idea era hacerse una casa de descanso, pero varios sismos se la tiraron abajo.

“Yo no soy nuevo acá, vengo acá hace 55 años. Nunca se movió esta tierra. Hace cuatro años atrás lo dije en la ruta, trabajé toda la vida en el petróleo. Conozco el tema y les dije que no eran sismos, es algo trabajado por la mano del hombre, se está fracturando con mucha presión, por debajo de un cielo de cemento, la rompieron porque tiene que sacar gas de las arenas. El problema es cuando limpian las piedras, chocan las presiones y se desmoronan las piedras y lo sentimos acá”, cuenta Carlos, con ojos que denotan impotencia.

Mientras el equipo de LMNeuquén se instalar por unas horas en el pueblo, la gente junta firmas, murmura y la mayoría se acerca. Quieren hablar de lo que está sucediendo, desde una punta a otra del poblado. Algunos tienen miedo de hablar ya parte de la comunidad vive de las empresas petroleras.

Carlos sostiene que los sismos están generando consecuencias psicológicas en el poblado y que ya no saben qué hacer para frenarlos, “¿Saben por qué hablo? Por impotencia, porque están sufriendo los pibes y eso se llama ataque de pánico, ese pibe que está creciendo porque cuando tenga 18 años no va a poder entrar a ningún lugar”, se lamenta.

Además, agrega que el grito del pueblo queda apagado por la lejanía y por ser un lugar rural. "Si esto pasara en Neuquén con un solo sismo habría una revolución", acota.

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Matilde Rosales y Juan Almirón, son jubilados. Ella es enfermera y el policía. Eligieron a Sauzal Bonito por la tranquilidad. Cuenta cómo vivieron el último sismo.

Matilde Rosales y Juan Almirón, son jubilados. Ella es enfermera y el policía. Eligieron a Sauzal Bonito por la tranquilidad. Cuenta cómo vivieron el último sismo.

Matilde Rosales es enfermera jubilada y junto a Juan Almirón, un policía también jubilado, hicieron su casa en la entrada de Sauzal Bonito, a unos 4 kilómetros de la Comisión de Fomento. Viven en una vivienda modesta pero amplia, con internet y con calefacción a leña. La mujer describe cómo es el momento exacto del sismo en una casa.

Es un movimiento que te sorprende, porque empieza con un ruido, pero después es como que te caminan arriba de las chapas, como que corriera alguien con tanta intensidad, pero arriba de las chapas y es como ondulante”, dice, sobre el último del lunes.

En el pueblo ya están cansados de que los traten como un experimento, donde desfilan profesionales, pero sin que les den una respuesta.

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Sauzal Bonito es chico y la gente quedó

Sauzal Bonito es chico y la gente quedó "revolucionada" por el último sismo de 4,5. Están juntando firmas para tener una reunión con el gobernador.

“El otro día estuvo gente del CONICET y hubo una reunión en la comuna, pero son sociólogos que vienen a ver tu estado de ánimo a ver cómo te vas a manejar de todo lo que sentimos en general en la población. Todos sabemos que es consecuencia de la actividad del petróleo”, añade Matilde.

Su esposo Juan colocó cámaras de seguridad afuera de su vivienda, pero no por inseguridad, sino para “estar más tranquilo” y de paso, pudo tener algún registro de los sismos. “No pierde las mañas de su profesión”, dice Matilde, por los hábitos del ex policía, que atiende al equipo de este diario con un mate en la mano.

“La sensación que da es muy fea, es como una vibración muy ruidosa y te diría, no sé, como si tiraran una bomba. Es un estruendo”, describe el hombre.

“Viene y preguntan y hacen encuesta, pero en realidad, para mi forma de ver las cosas, han hechos muchas notas periodísticas de radios, diario y se ha hecho muy visible a nivel nacional. En los años de pandemia donde estuvo parada la actividad petrolera no sucedió nada, empezó la actividad y empezaron otra vez. Yo no soy estudioso del tema del fracking, pero hablo por deducción”, comenta Juan, quien desliza que la actividad petrolera es la causante de los sismos.

Sauzal Bonito es una suerte de callejón de unos 8 kilómetros hacia el norte de la Ruta 17. Algunos pobladores viven casi en “el centro” y otros en los alrededores, en pequeñas chacras.

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Luciano Muñoz tiene una despensa en Sauzal Bonito. Y atribuye los movimientos al fracking de las empresas.

Luciano Muñoz tiene una despensa en Sauzal Bonito. Y atribuye los movimientos al fracking de las empresas.

Luciano Muñoz tiene 39 años y vive con su familia en el poblado. Tiene una de las pocas despensas sobre el faldeo de la barda y en el último sismo se le rajaron las paredes del baño.

“Ese día eran como las 12 de la noche y nos fuimos a dormir. Estábamos acostados y sentimos que venía el ruido, un golpe. Primero fue un poco más despacio y después fuerte, se movió toda la casa”, recuerda el hombre, sobre el evento del lunes 9 de mayo.

“Nos asustamos, quedamos de lado y no sabíamos qué hacer. Lo primero que hicimos fue contener a los chicos que no sabían qué hacer, si disparar para afuera. Los chicos lloran. “Quedamos helados, no hay contención. Al otro día nadie nos vino a ver si pasó algo, si se rompió algo, nada. Viene un golpe seco que se escucha y llega hasta acá. El tema son las empresas. Nosotros no queremos que ocurra una tragedia, sino que nos den una explicación”, agregó Luciano.

1 - Cómo se vive un sismo en primera persona - Sauzal Bonito.mp4

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