Rituales con gallos, alcohol y velas perturban al centro

Vecinos de calle Tucumán dicen que son comunes en las inmediaciones del cementerio. Desconocen los motivos.

Sofía Sandoval
ssandoval@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Ataviadas con pantalones cortos y zapatillas de colores, dos niñas conversaban en tono animado mientras caminaban por calle Tucumán, sin inmutarse porque del otro lado del muro gris pintarrajeado descansan miles de difuntos en el Cementerio Central. Entonces, una de ellas reparó en un objeto en el suelo y su semblante risueño se modificó.

Sobre una bandeja descartable, observó la cabeza degollada de un gallo negro que surgía en una maraña confusa de plumas y pochoclos. En el suelo, muy cerca, reposaban también dos llaves ennegrecidas por la llama de una vela. Las dos niñas se alejaron con un gesto de repugnancia y siguieron su camino sin darle demasiada importancia. Sin embargo, los empleados del cementerio aseguran que esos hallazgos son muy comunes.

"No sé a qué hora lo hacen, porque muy temprano ya vemos las cosas tiradas ahí; cada tanto solemos ver ese tipo de cosas", señaló un vecino que vive frente a los muros de calle Tucumán. Desde un departamento cercano, una pareja aseguró haber sido la primera en verlo: "También había una botella de sidra y un platito con velas rojas", detalló la mujer.

Los vecinos de la cuadra indicaron que se trata de un barrio tranquilo y que no prestan demasiada atención a los rituales que se efectúan cerca de los muros. De todas maneras, sí han escuchado cientos de comentarios al respecto y hasta han hallado velas, clavos y copas negras, cuyo significado desconocen.

"Son despachos que les hacen a distintos santos que reconocen los adeptos a la religión umbanda", explicó Andrea, de la santería San Jorge, a donde van muchos clientes para comprar velas de distintos colores e imágenes para sus rituales. Según indicó, se sacrifica un animal como ofrenda a determinados dioses y también se colocan comidas, bebidas y hasta cigarrillos como homenaje.
"Las llaves representan la apertura, por lo que probablemente se trata de un pedido para abrir algo que los fieles consideran cerrado", señaló Andrea, y aclaró que puede tratarse, por ejemplo, de la necesidad de tener prosperidad en un negocio que consideran inaccesible. "Mucha gente relaciona esos ritos con la brujería, pero a veces son sólo pedidos sin maldad", expresó.

Aunque la empleada de la santería aseguró que estos ritos se hacen también en otros lugares, como el río, las bardas o las vías del tren, el cementerio parece atraer a más fieles con su halo de misterio y la falta de curiosos durante la noche. Por eso, los empleados suelen observar ese tipo de ritos de forma recurrente.

Apertura: Ese es el significado de las llaves. Así, algunos fieles intentan abrir algo que está cerrado.

Johana pasaba el rastrillo por el pasto crecido y llenaba una carretilla naranja hasta el tope con ramas y hojas secas. Cuando le tocó hablar sobre los ritos umbanda, levantó las cejas y dirigió la mirada hacia un pequeño altar enrejado con una figura amarilla de yeso, rodeada de flores artificiales y velas negras consumidas. "No me gusta limpiarlo, me da miedo", confió.

En un recorrido por los nichos, los encargados de limpieza marcaron los puntos donde encontraron objetos de rituales esotéricos. Dentro del vidrio roto de una tumba aún se podía ver parte de una botella de whisky y clavos oxidados entrelazados con un hilo rojo. Hallaron también gallinas muertas, comida que se deja como ofrenda y ataúdes de cartulina.

"Una vez vino un compañero y me mostró la foto de una chica que se parecía a mí, y estaba toda clavada con agujas", recordó Andrea, que también vestía la camisa de jean de los empleados de mantenimiento. "Le pedí que la limpiara él, yo no me animé a tocarla", contó mientras un escalofrío le recorría la columna vertebral.

De espíritus y sugestiones

Cuando recibió la noticia de que iba a ser trasladada para cumplir funciones en el cementerio, Andrea se estremeció. "No quería venir, sobre todo porque hay tumbas de mis familiares; el primer día las vi y me puse muy mal", señaló la joven de ojos oscuros.

Además de la carga emocional, el camposanto local les provoca a los empleados muchos temores y sugestiones. Varios de los encargados de limpieza aseguraron que en su contacto diario con las tumbas y los nichos han sentido presencias y movimientos extraños, y las historias sobre espíritus son moneda corriente entre los trabajadores.

"Una compañera me contó que vio a una mujer llevar flores a una tumba y que desapareció de repente", dijo Johana, otra de las empleadas, quien, con un gesto de asombro, remató: "Cuando fue a mirar, vio que la foto de la tumba era la de la mujer que acababa de ver".
Andrea asegura que durante su primer día, cuando lloraba frente al nicho de un familiar, sintió el peso de una mano que se apoyaba sobre su hombro, en un gesto de consuelo. Sin embargo, al volver la vista, comprobó que estaba totalmente sola.

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