Un viaje al centro del arte popular y callejero

Artesanos de todo el país participan del tradicional encuentro en Neuquén.

Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
"Fue una mala idea venir a buscarte", se queja el hombre mientras su mujer no se decide a elegir entre unos aritos o un colgante de plata. Son las 20 del viernes y el bulevar de la Avenida Argentina desborda de familias, parejas, grupos de amigos y hasta concejales y diputados que recorren los más de 400 stands que participan de la vigésima edición del Encuentro Nacional de Artesanos, que se extenderá hasta mañana.

Productores locales y de todo el país, incluso de Chile, Perú y Uruguay exhiben sus creaciones en bijouterie, cuero, madera, platería, pasta epoxi, tejido, vidrio, macramé, mates, sahumerios, cuchillería, entre otros rubros.

"Tratamos de cuidar el origen artesanal", aclara Rubén Flores, uno de los integrantes de la organización de la feria, desde su puesto de productos de madera. Este artesano es una voz autorizada, ya que desde hace 8 años se encarga de fiscalizar la calidad artesanal de los productos que se presentan. "El neuquino aprecia y valora el arte, no es de los que compran sin observar cómo está hecho el producto", sostiene.

Tiago, de 8 años, lleva la camiseta de Boca con el 10 de Tevez en la espalda. Por un rato se olvida que en casa lo espera la playstation y se para frente a los aviones y autitos de madera elaborados por Miguel Rauch, un artesano de La Pampa que es tercera generación de sogueros.

"Antes hacía arte gaucho, después quise cambiar y empecé haciendo carpintería", comenta. "La madera es un producto noble", dice mientras una pareja de turistas chilenos le consultan cuánto tarda en confeccionar estos juguetes. "El avión más grande, unas 6 o 7 horas; en tanto, los juguetes pequeños, menos tiempo", responde.

En medio del olor a sahumerios, Dani Varela le da forma a la caricatura de Elizabeth, quien llegó desde Cipolletti para acompañar a una sobrina. "Nunca me habían hecho un retrato, así que hoy me doy el gusto", cuenta emocionada y sonriente, y le advierte al caricaturista que la haga bien parecida.

400 artesanos participan de este vigésimo encuentro nacional de arte callejero.

Un hombre examina uno de los cuchillos que elabora Rubén Sergio, que asiste por primera vez a la feria. "Hace diez años vendía seguros, así que puedo vender cualquier cosa", confiesa con una tonada que hace descubrir su origen cordobés.

Explica que comenzó a hacer cuchillos porque una vez compró uno que le resultó muy malo. "Le pedí a un amigo que tenía una tornería si me dejaba usar sus herramientas y comencé a elaborar piezas únicas y colecciones limitadas. Estudié arquitectura, así que para mí el diseño es fundamental", describe este artesano cordobés.

Con el correr de la noche, transitar por los pasillos de la feria resulta una tarea imposible sin que uno pida disculpas o permiso continuamente y así chusmear lo que ofrece cada stand.

Dos jóvenes con rastas prueban los instrumentos musicales de percusión de Franco Ramos, quien llegó de Santa Rosa, La Pampa, con sus tambores de candombe, cajones peruanos y de flamenco.

Hace 15 años se dedica a confeccionar instrumentos de percusión en madera y cuero, y su oficio corresponde a una tradición familiar. Es el octavo año consecutivo que llega a Neuquén.

Las luces encendidas en cada stand le suma un atractivo más a este viaje por el universo de la confección artesanal. La figura de Armando Damiano, sobre su banqueta de madera armando un colgante fundido en vidrio, técnica que se conoce como vitrofusión, parece una postal de mediados de los años 80 de Plaza Francia, en la ciudad de Buenos Aires. "Después en la diáspora menemista quedamos afuera unos cuantos y volvimos cuando el dólar no favorecía la importación de artesanías", reflexiona el puestero que participa desde los primeros encuentros.

Más allá, Mario González evoca la figura de don Jaime de Nevares, "que nos guardaba nuestras tablitas en el obispado porque en los comienzos de la feria no teníamos puestos como los tenemos ahora".

Artesano desde los 15 años porque encontró una salida laboral "con onda", se transformó en un trabajo con el que pudo sostener a su familia compuesta por su compañera y cuatro hijos. Sus palabras reflejan un gran orgullo por el crecimiento y el mantenimiento con los años de la feria: "Es el centro cultural natural de la ciudad. Cuando todos están descansando las manos que producen estos productos son las autorizadas para venderlo sin utilizar técnicas de reproducción masiva".

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