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Vende los caballitos de la calesita que heredó para poder vivir

"La verdad es que ya no sé qué hacer", dijo el hombre que no pudo volver a abrir el carrusel de su abuelo. La situación ocurre en Rosario, ciudad en fase 5.

La crisis por la pandemia de coronavirus suma otra historia triste, llena de nostalgia, impotencia y desesperación. El rosarino Sergio Dalmasso se vio obligado a cerrar la calesita que heredó de su abuelo y, ante la imposibilidad de volver a la actividad, puso en venta los caballitos de madera.

"Es la única forma de tratar de aguantar por lo menos un mes o dos meses más. La verdad que ya no sé qué hacer. Todo se acabó. Es muy triste, lamentable, uno lucha y nada. Le tengo miedo a la post pandemia, a lo que viene... ”, manifestó el hombre que no puede volver a poner en funcionamiento el carrusel ubicado el parque nacional de La Bandera, pese a que la ciudad de Rosario se encuentra en la Fase 5.

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“Lo único que me quedó es esto, ir desarmando por partes la calesita para ver si aguanta el negocio”, agregó compungido Dalmasso, quien tiene un segundo carrusel inactivo en la localidad santafecina Funes. Según contó, ya separó cinco caballitos para venderlos por Facebook y por WhatsApp. "Hasta ahora vendí uno solo a una gente de Córdoba”, contó en diálogo con Infobae.

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“Mi abuelo era calesitero. Mi papá, que todavía vive y tiene 86 años, me dejó este negocio”, señaló, antes de poner el foco en su angustiante presente. “Cuando empezó todo esto pensé que íbamos a estar 40 días, pero el tiempo pasó y ahora ya no sé qué hacer. Vendí todo: vehículos, dólares, oro. Me deshice de todo y ahora no me quedó más que desarmar la calesita y vender los caballitos. Siento una tristeza enorme porque uno ya vivió crisis, como la del 89 o el 2001, pero esta es la primera que no te dejan trabajar. La primera vez que facturé cero”, dijo.

“Somos patrimonio cultural a nivel nacional. Teóricamente nos tendrían que brindar ayuda, pero jamás recibimos nada. Entonces de la boca para fuera somos artesanos, cuidamos a los chicos, pero después no se dan cuenta ni de que existimos. En un principio puse en venta el carrusel, pero ¿quién iba a comprar una calesita hoy? Nadie. Entonces, la única solución que encontré fue vender los caballitos”, añadió.

“Acá estamos en Fase 5, está todo abierto salvo nosotros. Se olvidaron. Me cansé de ir a reclamar, pero nada. No hay respuesta. Este es un negocio muy chico, somos muy pocos los que quedamos y por eso creo que no nos han tenido en cuenta”, lamentó y remarcó que sufre mucho vandalismo."Ya me han roto todos los espejos a piedrazos y botellazos”, indicó.

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No obstante, Dalmasso destacó la actitud de muchas personas que se solidarizaron con él. “Cuando se enteraron de lo que me pasaba mucha gente se comunicó conmigo, me intentó dar una mano, la verdad es que estoy muy agradecido. Frente a tanta desesperación escuchar que hay que personas que están dispuesta a ayudarte por nada, te da fuerza para seguir”, dijo emocionado.

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