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La Mañana

"Venimos a agradecer"

Con esa frase como símbolo del vínculo que lo une a su público, Marco Antonio Solís volvió a ofrecer anoche un concierto inolvidable ante un Ruca Che repleto.

Neuquén > Como si tratara de mostrar que 54 años no son nada, Marco Antonio Solís anoche bailó y recorrió el escenario sin parar, mostró con cada canción que su voz sigue intacta y dejó en evidencia que, tras tres décadas de profesión, su carisma y su magia para enamorar siguen intactos.
Ante aproximadamente cuatro mil personas -entre las que había sobre todo mujeres, muchas de ellas lookeadas con sombreros negros al estilo de los que usa Solís y con su nombre bordado en brillos-, el estadio Ruca Che se convirtió en el lugar oportuno para recordar aquellos viejos temas, y conocer los últimos de su nuevo disco, “Gracias por estar aquí”.
Apenas pasadas las 21, un cuarteto de bailarinas apareció en el escenario para calentar la pista y preparar el gran momento. Detrás del telón blanco de fondo, se vio su sombra, y las fanáticas que lo esperaban ansiosas estallaron en el primer grito de la noche.
Finalmente Marco Antonio apareció vestido con impecable pantalón y camisa negra, y un saco morado con brillos, a tono con la velada y el tema “Sin pensarlo” -de su disco "Razón de sobra" (2004)- en la voz.
Detrás de él, una veintena de músicos, entre los que había 12 de la Orquesta Sinfónica del Neuquén, con ocho violines, dos violas y dos chelos, le daban al espectáculo un marco de sonido perfecto.
“Neuquén, buenas noches. Qué hermosa bienvenida. Gracias, sobre todo, por darse tiempo; porque la vida nos ofrece muchas citas y les quiero agradecer por asistir a esta. En síntesis, 'gracias por estar aquí'”, dijo haciendo un juego de palabras con el título de su disco; y esa tonada inconfundiblemente mexicana arrancó los suspiros de las mujeres, que se fundieron con aplausos.
Marco Antonio tomó las riendas de un show entretenido, interactivo, con un gran despliegue escénico y un repertorio que todos querían escuchar; ya que, si bien mostró muchas canciones nuevas, también incluyó las viejitas esperadas.
Entre ellas se destacaron: “Y ahora te vas”, “Gracias por estar aquí”, “Morenita”, “Tu cárcel”, “O me voy o te vas”, “Adónde vamos a parar”, "Tú me vuelves loco",  "Si te pudiera mentir" y la infaltable "Si no te hubieras ido”.
 
Todo permitido
En medio de casi una treintena de temas, Solís encontró tiempo para hablarle a su público.
“A veces, en el camino, vamos reflexionando qué venimos a hacer desde tan lejos a un lugar como Neuquén; y venimos a agradecer y traerles estas canciones. Esta noche se vale gritar, cantar y bailar”, anunció, y le dio licencia a las fanáticas.
El público desbordó de mujeres desinhibidas, que mostraron cuánto lo quieren y lo admiran. Ya en la espera algunas más osadas gritaban en el anonimato de un estadio lleno: "Que cante lo que quiera, pero que me toque y me toque", mientras el resto arengaba su osadía.
Los temas de Marco Antonio acompañaron a muchos en su juventud, y suenan de cortina de fondo en varios de sus recuerdos. Por eso le devuelven todo aquello con una incondicionalidad sin nombre y una devoción que es mucho más conmovedora que un aplauso de pie.
En ese sentido, es mérito del músico la habilidad que tiene para mantener el interés de su público. Se conectó con la gente, les hizo sentir a sus fanáticas que les cantaba a cada una de ellas y, entre tanto romanticismo, tuvo la capacidad de introducir una ranchera en su repertorio para hacer que todos movieran sus caderas junto a él.
Hace tiempo que Marco Antonio Solís se ganó el alma de los neuquinos y siempre logra llevarse la misma ovación. Es así como, después de casi tres años, este viejo amigo de la ciudad, volvió a ser bien recibido, y entre público y músicos crearon un show que trascendió el éxito de sus canciones.

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