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"Vi pasar mi ataúd y Dios se me manifestó": el dramático relato de gloria del Rojo

Osvaldo Barrera Lagos, habilidoso delantero del Rojo de la década del '80 logró vencer al COVID tras estar al borde de la muerte. Estremecedor testimonio.

Osvaldo Barrera Lagos (55 años), aquel veloz y habilidoso puntero que brillaba en la década del ’80 en Independiente, logró vencer al COVID esta cruel enfermedad que se llevó a su madre (Mariana) y hermano (Erwin) y lo tuvo a él, al borde de la muerte. Este viernes le darán el alta.

“Siento que Dios se me manifestó y me dio una nueva oportunidad”, afirmó mientras espera que pasen rápido las horas para volver a la vida normal.

“Me saco el sombrero por los médicos y enfermeros del Hospital Bouquet Roldán, también ellos me salvaron la vida”, agradeció emocionado.

“Yo me contagié entre el 15 y 20 de mayo. Llegué casi sin oxígeno, me moría. Querían entubarme pero no había respirador y hasta que lo tuve fueron los enfermeros y asistentes que lograron sostenerme la vida, a ellos también les estoy muy agradecido”, recalcó en su estremecedor relato.

“Nací en Villarrica, en Chile pero me vine de chiquito”, recordó de su paso por el fútbol. “Empecé a jugar a los 11 años en Independiente con Gilberto Machado Gómez. Era wing, de los de antes, rapidísimo para meter diagonales y sacar la diferencia por cualquiera de las dos puntas”, amplió.

Con el Rojo “ganamos como seis campeonatos y jugué varios torneos regionales. “En el ’87 –prosiguió- me fui a Almirante Brown que jugaba en Nacional B. Cuando volví, jugué en Centenario y cerré mi carrera en Unión Vecinal".

“Una lesión (ligamentos cruzados de la rodilla izquierda), terminó con mi carrera”, repasó su época con los cortos.

Le sobraba aire en aquellos tiempos de desborde juvenil a Barrera Lagos, que vaya paradoja, sintió que faltaba aquel 24 de mayo fatídico cuando ingresó a la sala de urgencias del hospital.

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“Sentí que estaba agonizando. Si me quedaba en casa me moría”, contó y reveló un detalle que lo conectó de alguna manera con el más allá.

“Vi pasar como la imagen de toda mi familia. Era como un álbum con hojas que se deshacían. En la última se veía mi ataúd. Me estaba muriendo”, confesó en un dramático testimonio.

La sensación era como estar “en una cueva”, describió. “De pronto siento que espíritus malignos vienen a buscarme, pero aparece un ángel diciendo: No toquen ese cuerpo porque es mío. Entonces vi que los demonios huyeron y aparecí en el dormitorio del hospital. Tuve como una experiencia sobrenatural. Creo que Dios cuidó mi vida”, resumió.

Y justamente es este el mensaje que les quiero dejar a todos quienes están pasando por momentos difíciles: "decirles que luchen por vivir. Tenemos un Dios Grande que puede actuar, no tenemos que temer, él siempre nos protege”.

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