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A un año de la muerte de Emiliano Sala, un libro pone en duda las versiones oficiales

En el primer aniversario de su muerte, un nuevo libro revive su caso y plantea la hipótesis de un crimen planificado.

28 años. 215 partidos. 85 goles. 17 millones de euros. Un vuelo fatal. En esas cifras se resume la historia trágica de Emiliano Sala, el delantero argentino que hace exactamente un año, y cuando estaba en la cúspide de su carrera, sufrió un accidente aéreo que le costó la vida. Además de enlutar al mundo del fútbol, despertar misterios y revolucionar a los medios, su muerte fue la causa de una disputa financiera entre los clubes Cardiff y Nantes, que habían negociado su pase. A un año de su muerte, un libro pone en dudas las versiones oficiales y habla de un crimen planificado.

Emiliano Sala nació en Cululú, Santa Fe, en 1990. A los tres años su familia se mudó a Progreso, una pequeña localidad de la misma provincia que él consideraba como su pueblo natal. Aunque abandonó la zona a los 20 años para probar suerte en Europa, nunca se alejó de sus amigos de la infancia y de su querido San Martín, el club que lo vio convertir sus primeros goles cuando era un adolescente.

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Tras su paso por las inferiores del club y por el Proyecto Crecer de Burdeos, desembarcó en Francia para jugar en la tercera división. Con su metro noventa de altura, Sala logró imponer su presencia en la liga de ese país. Los 19 tantos en su primera temporada le permitieron hacer carrera en el fútbol francés hasta llegar, en 2015, al Nantes, el club que lo vio convertirse en estrella.

Sala metió 42 goles en tres temporadas en el Nantes y era uno de los jugadores más destacados del equipo, por lo que su nombre comenzó a resonar en el resto de Europa. En 2018, fue fichado por el Cardiff City, el club galés que jugaba entonces en la Premier League inglesa, que quiso contar con el delantero entre sus filas. Se acordó un pase millonario: los británicos debían pagar 17 millones de euros por el astro argentino.

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El joven de 28 años ya había comenzado la mudanza hacia las islas del Reino Unido. En enero de 2019, decidió viajar de regreso a Nantes, en el área occidental de Francia, para despedirse de sus antiguos compañeros. El 21 de enero estaba previsto su despegue desde el aeropuerto Nantes Atlantique hacia Gran Bretaña, donde al día siguiente debía comenzar a entrenar en su nuevo club.

Después de subirse al Piper PA-46 Malibu que lo llevaría a través del Canal de la Mancha, Emiliano pareció anunciar su trágico final en lo que sus amigos interpretaron como un simple mensaje de audio de Whatsapp.

“Hola hermanitos, ¿cómo andan loquitos locos? Hermano, estoy muerto. Estuve acá en Nantes, eeehhh... haciendo cosas y cosas y cosas y cosas y cosas y cosas y no termina más no termina más, no termina más, no termina más... Así que nada, muchachos. Estoy acá arriba del avión, que, parece que se está por caer a pedazos. Y me estoy yendo para Cardiff loco que, mañana sí, ya arrancamos. A la tarde arrancamos a entrenar muchachos, en el nuevo equipo, a ver qué pasa... Así que ¿cómo andan ustedes hermanitos todo bien? Si en una hora y media no tienen novedades mías... no sé si van a mandar a alguien a buscarme porque no me van a encontrar, pero, ya lo saben. Papá, qué miedo que tengo”, les dijo a sus amigos santafesinos.

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David Henderson, piloto experimentado de York, iba a estar a cargo de los controles durante el viaje. Sin embargo, a última hora se tomó otra decisión y se le asignó el vuelo a David Ibbotson, un piloto que no tenía licencia comercial para hacer ese tipo de conexiones aéreas. En su reciente publicación El asesinato de Emiliano Sala, el periodista Harry Harris aseguró que Ibbotson tenía grandes habilidades como paracaidista y sembró la duda de que fue Henderson quien lo convenció de tomar el vuelo en su lugar para saltar fuera de la avioneta en pleno viaje y dejar que el futbolista muriera en el fondo del mar.

A las 19.15 del pasado 21 de enero, la avioneta despegó las ruedas de la pista francesa. A las 20.30 fue la última conexión con el radar, cuando estaba a 27 kilómetros de la isla de Guernsey. No hubo más noticias y, desde entonces, comenzó una búsqueda desesperada para dar con la estrella del fútbol francés que prometía nuevos goles en tierras inglesas.

Expertos en aviación aseguraron que ni el avión ni el piloto estaban preparados para afrontar las condiciones climáticas de esa noche. Mientras tanto, en la oscuridad del mismo 21, los fanáticos del Nantes se congregaban en la Plaza Royale para corear el nombre del argentino y alfombrar el suelo con cientos flores amarillas que buscaban rendirle homenaje. El dolor, aunado a la desesperación, se cernían sobre Francia, Reino Unido y Argentina. No había noticias del futbolista y el peor de los finales parecía ser la respuesta más obvia ante tanta incertidumbre.

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En un gran revuelo mediático, las fuerzas de seguridad comenzaron a buscar rastros del Piper Malibu en las inmediaciones de la isla de Guernsey. A cuatro días de búsquedas infructuosas, el gobierno británico dio por finalizados los rastrillajes. Anunciaron que no habría posibilidades de supervivencia y que ambas familias habían sido notificadas al respecto.

Ante la ausencia de búsquedas oficiales, el mundo del fútbol decidió tomar cartas en el asunto y se organizó una colecta para costear un rastrillaje privado que diera respuestas a la familia desolada del futbolista y a los hinchas del Nantes, que aún lloraban la desaparición de su goleador.

Los mayores aportantes fueron Kylian Mbappé, Adrien Rabiot, la agencia Sport Cover, Dimitri Payet y un usuario desconocido. Tanto el Sindicato de Futbolistas Profesionales de Francia (UNFP), la FIFPro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) y el argentino Lucas Ocampos donaron unas 5 mil libras cada uno para hacer frente a los operativos.

Tras intensos trabajos, por fin el 3 de febrero se encontraron los primeros restos del avión. En el Canal de la Mancha, a 63 metros de profundidad y a 40 kilómetros de la isla de Guernsey, la estructura semi destruida confirmaba la tragedia. Un robot sumergible constató que se trataba del Piper Malibu y la nave Geo Ocean logró extraer el único cuerpo que se encontró dentro del avión.

El 7 de febrero se confirmó que el cadáver pertenecía a Emiliano Sala, el futbolista que vio truncado su sueño de triunfar en la Premier League. El 11 de ese mes, una autopsia constató las huellas dactilares del delantero y afirmó que la causa de muerte fueron lesiones en la cabeza y el tronco. Mientras tanto, al día de hoy aún no se halló ningún rastro de Ibbotson y el avión continúa sumergido en las profundidades del Canal de La Mancha.

El 16, una delegación de Cardiff viajó a Progreso, Santa Fe, para unirse a los más de mil familiares, amigos, vecinos, fanáticos que le dieron y hasta su perro en el último adiós a su ídolo del fútbol. Durante ocho horas, lloraron frente al cajón cerrado y cubierto por más de 20 coronas de flores que le rendían homenaje al goleador local. Se hicieron murales y banderas con su nombre y los colores rojo y negro de San Martín, el club que vio nacer a la leyenda. A pesar de las críticas de algunos, los restos de Sala no abonaron su tierra natal porque su familia optó por la cremación.

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En agosto del año pasado, una nueva investigación lanzó una teoría sobre las posibles causas del accidente. Según se determinó, en el cuerpo de Sala se encontró una alta dosis de monóxido de carbono, por lo que se estima que tanto el jugador como el piloto podrían haberse desvanecido a causa de los efectos del gas y habrían perdido el control de la avioneta. Sin embargo, sólo ellos saben lo que realmente ocurrió en ese vuelo fatal.

Aún con los misterios pendientes, el conflicto por su pase continuaba. Cardiff City se negó a pagar los 17 millones de euros que había prometido por un jugador que nunca pisaría el césped de su cancha. Aunque Nantes había denunciado el caso y exigido el pago de la totalidad del traspaso, el 30 de septiembre la FIFA decidió que el Cardiff debería abonar 6 millones de euros al Nantes por el traspaso de Sala, que era la primera cuota del negocio. Ambos clubes pueden apelar esta decisión de la máxima instancia futbolística ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), con sede en Lausana, Suiza.

Este mes, a un año de la tragedia, la publicación del libro de Harris reaviva los misterios en torno al accidente. Para el autor, el club francés es el responsable de arbitrar un plan macabro para estrellar el avión y causar la muerte del delantero. “David Henderson, piloto experimentado de York que originalmente iba a tomar los controles del vuelo condenado, se acercó a su amigo David Ibbotson y le preguntó: ‘¿Quieres un fin de semana en Nantes?’. Acto seguido, le pagó a Ibbotson para que se quedara en un hotel en Francia y por pilotar el vuelo”, señala el texto.

Mientras tanto, en su Progreso local, la familia Sala trata de adaptarse a una vida nueva, con la dolorosa ausencia de Emiliano. Al pueblo santafesino se trasladó Nala, la perra mestiza que el jugador había adoptado en Francia y que lo acompañaba en sus tardes de pesca. Sin un dueño a quien recibir, el animal se ilusiona con la llegada de Augusto, el sobrino de Emiliano, a quien adoptó como su fiel compañero.

Como si extrañara esas tardes de río con el jugador, Nala sorprende a sus nuevos cuidadores con chapuzones en la piscina, que ocurren tanto durante el día como en medio de la noche. Algunos lo explican como un simple hábito que adoptó en Francia. Otros, en cambio, piensan que vuelve al agua a encontrarse con su amigo fiel: Emiliano, la estrella santafesina que apagó en el fondo del mar.

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