La semana próxima arriba a Zárate uno de los barcos con capacidad para llevar 7.000 unidades. Cómo se construyó este gigante mundial.
En el universo de los autos, BYD dejó de ser “una marca china más” hace rato. Hoy impone su músculo propio: fabrica vehículos electrificados a gran escala, produce sus propias baterías y, como si fuera poco, dispone de una flota de barcos pensada para mover autos por el planeta. De hecho, solo en 2026 planea transportar 1 millón de unidades con su flota propia.
El impacto también alcanza al mercado local: BYD Argentina anunció la llegada inminente de uno de sus buques cargueros para descargar unidades en el país. Toda una una señal de cómo la marca quiere operar, con volumen, tiempos controlados y una estrategia global cada vez más aceitada. Capacidad de abastecimiento, planificación en su máxima expresión.
Estos barcos (el gigante dispone de 8) no son los típicos cargueros donde viajan vehículos de distintas marcas. La idea de BYD es mover sus unidades con embarcaciones diseñadas para ese trabajo, con un esquema “roll-on/roll-off” (suben y bajan rodando), que acelera los procesos y reduce los costos.
En 2025, BYD vendió un total de 4.6 millones de vehículos a nivel mundial, incluyendo 2.26 millones de eléctricos, superando a Tesla y consolidándose como líder global en vehículos enchufables.
BYD y la flota propia: por qué un barco puede cambiar el juego
La semana que viene el BYD Changzhou tiene previsto amarrar en el puerto de Zárate para descargar un embarque de vehículos de la marca, aunque por ahora, la compañía no informó públicamente cuántas unidades incluye ese envío.
La operación ocurre a partir del esquema que impulsa el Gobierno para facilitar la llegada de autos electrificados: hoy se pueden ingresar unidades con valor FOB (antes de embarcar) sin pagar el arancel de importación del 35%, un punto determinante que mejora la competitividad de los modelos.
El Changzhou no es un carguero cualquiera. Forma parte de la flota propia de BYD, integrada por ocho buques del tipo ro-ro (roll-on/roll-off), un sistema que permite subir y bajar vehículos rodando. En conjunto, esa flota tiene una capacidad total estimada de 65.000 autos por viaje.
Otro dato que ayuda a entender la apuesta local de BYD es el formato de operación en Argentina: el año pasado la marca comenzó a vender autos en Argentina mediante una filial de la casa matriz. Es decir, no trabaja solo como un representante tradicional, sino que la propia empresa armó su estructura para comercializar y desarrollar el negocio en el país.
El antecedente fuerte de BYD en Brasil
En Brasil, un buque de BYD llegó al puerto de Suape (Pernambuco) en mayo del año pasado y protagonizó un desembarco récord: bajó 5.459 vehículos en una sola operación para abastecer la demanda de eléctricos e híbridos de la marca en el mercado vecino.
Ese barco fue el Explorer 1, con 199,9 metros de eslora y capacidad para transportar hasta 7.000 vehículos. Si bien existen cargueros de tamaño similar, no es habitual que la totalidad de la carga corresponda a un único fabricante, algo que grafica el nivel de escala que maneja la automotriz china.
Según la compañía, el Explorer 1 utiliza un sistema de propulsión dual que combina GNL (gas natural licuado) con combustible convencional. Y el plan no se detiene: la marca proyecta sumar más barcos para robustecer la flota en los próximos años.
Brasil también marca otro paso: además de importar, BYD avanzó con producción local. En una ex planta de Ford ubicada en Camaçari (Bahía), la automotriz empezó a ensamblar modelos como Dolphin Mini, King y Song Pro. La producción, iniciada en octubre, ya se acerca a las 20.000 unidades, en un movimiento que refuerza su estrategia regional.
De baterías a autos: el camino de BYD para convertirse en potencia
Para entender a BYD hay que mirar el origen: no nació como automotriz, sino como empresa tecnológica ligada a baterías recargables. Con el tiempo, ese “know how” se convirtió en una ventaja competitiva enorme cuando el mundo del automóvil empezó a girar hacia la electrificación.
La historia empresarial marca hitos claros: fundada en 1995 por Wang Chuanfu en Shenzhen, la compañía primero creció en el negocio de baterías y electrónica, y luego desembarcó en el mundo del automóvil. A partir de los 2000, fue sumando capacidad industrial, expansión internacional y un ecosistema que no se limita a autos: también incluye movilidad pública y soluciones energéticas.
El salto fuerte llegó cuando BYD empezó a empujar tecnologías como los híbridos enchufables y, más adelante, una apuesta total por los vehículos electrificados, al punto de ir dejando atrás la producción de modelos puramente a combustión en su estrategia industrial.
En ese recorrido aparece otro elemento que explica su éxito: escala. BYD no solo fabrica, también compite por volumen y por presencia global, al punto de ubicarse entre los grandes jugadores del tablero automotor mundial.
Qué puede traer BYD a la Argentina y por qué se habla de “miles de autos”
El desembarco de BYD en Argentina se da en un contexto en el que los electrificados ganan lugar, pero todavía conviven con barreras conocidas: precios, oferta limitada y costos de importación. En ese marco, la noticia del barco se lee como una jugada para acelerar el abastecimiento.
Según lo informado en el anuncio del arribo, las unidades que llegan están vinculadas a un esquema de importación de vehículos electrificados con beneficios arancelarios, asociado a un valor FOB por debajo de un umbral determinado. Ese punto es clave, porque impacta directo en la competitividad de los modelos que la marca quiera posicionar.
Que el envío se haga con un buque propio (o asociado a su flota) también sugiere otra idea: regularidad. Para una automotriz que busca instalarse en serio, no alcanza con traer pocas unidades: necesita volumen, disponibilidad y una red comercial capaz de sostener ventas y posventa.
Por eso se habla de “miles”: no solo por el tamaño potencial de la operación, sino por el mensaje implícito de BYD al mercado local. Si la logística global ya está aceitada, Argentina pasa a ser un destino más dentro de un mapa mucho mayor.
En Argentina BYD ya vende oficialmente sus modelos Dolphin Mini, Yuan Pro y Song Pro DM-i. Todos cuentan con motorizaciones eléctricas o híbridas enchufables y están exentos del arancel aduanero del 35%, una ventaja que les permite posicionarse con valores muy competitivos frente a sus rivales de combustión interna. La marca no especificó aún si el embarque estás compuesto por estos modelos y en qué proporción.
El plus menos visible: integración vertical, baterías Blade y costos
Hay un concepto que se repite cada vez que se analiza a BYD: integración vertical. En criollo, significa que la marca hace “puertas adentro” una parte enorme de lo que otros compran afuera: baterías, electrónica, motores, chips, procesos industriales y hasta parte de la cadena de materias primas.
Esa estructura le permite algo muy valioso en la industria actual: bajar costos sin resignar margen, sostener producción aun cuando hay cuellos de botella y ajustar precios con más libertad que muchos competidores. En un mundo donde la electrificación todavía es cara, esa ventaja pesa.
En ese marco aparece la Blade Battery, una tecnología que BYD desarrolló y produce a gran escala, y que se convirtió en uno de los pilares de su narrativa global: seguridad, eficiencia y capacidad productiva para alimentar su propia gama.
La combinación de producción masiva, control de componentes y ahora logística marítima propia explica por qué la marca es mirada con respeto (y también con preocupación) por competidores tradicionales. Y por qué su llegada al país no se interpreta como un simple “lanzamiento más”, sino como el arribo de un jugador con herramientas para cambiar el ritmo del mercado.
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