Bonetto, de Los Cafres al chamamé
Transcurridos tres años desde su último trabajo –sin contar “Latin Lover Covers” grabado en 2009 en el programa de Mario Pergolini, Cuál es?- y luego de una serie de presentaciones, la banda entrará en marzo a estudio para grabar lo que formará parte del nuevo material que aún no tiene nombre.
Previo a su arribo, la voz de Los Cafres habló sobre las nuevas composiciones que aún "están verdes", pronunció su apoyo al gobierno nacional y comentó sus incursiones en el ámbito del folklore.
¿Están adelantando algo del nuevo material?
De lo nuevo no hacemos absolutamente nada. Pero los shows van cambiando. Es un recorrido bastante interesante porque va por diferentes épocas y tocamos temas que hace mucho no hacíamos. Una lista en la que los fans antiguos van a recordar cosas muy queridas, y los nuevos van a verse envueltos en temas que no conocían.
¿Tratan de priorizar las canciones "menos" conocidas?
Hacemos temas que en su momento fueron hits. Pero para Los Cafres los hits no son los que fueron corte de difusión, sino los hits naturales. Obviamente, el que no es un seguidor de la banda conoce “Si el amor se cae” o “Bastará”, pero para nosotros los hits son “La receta”, “Aire”, “Dreadlocks” que son temas que ahora estamos haciendo.
¿Qué les da esa condición?
Depende. "Dreadlocks", por el estilo. Porque es algo que no se conocía en 1995. Y porque la letra habla de algo que, después de 16 años, está más vigente que cuando lo hice: ‘Dreadlocks no es una moda’. Esas cosas nos pasan siempre: mientras estás cantando te das cuenta de que las letras son muy actuales. Cuando por ejemplo hablan de política, ahora, quizá la crítica no es al gobierno, sino contra la hipocresía de la gente que no quiere largar ni un pedacito de lo que tiene y que le sobra, ¿no? Las cosas van dando vueltas y quizá durante el próximo gobierno uno esté peleando contra él o no. Por el momento estoy totalmente de acuerdo con las políticas federales, con el gobierno nacional.
No suelen profesar simpatías partidarias...
No, pero igual lo manifestamos con nuestra forma de escribir, de ver las cosas. Creo que es la primera vez que hablo de algo de política. Pero bueno, siento que cuando alguien hace algo bien, por más que tenga errores, necesita el apoyo de la gente. Hay mucha confusión en el ambiente.
¿Cómo van con el nuevo disco?
Estamos pensando en grabar para marzo. Pasaron tres años desde el último disco, así que imagina la cantidad de temas que tenemos. El problema es elegir las canciones. Igual, personalmente no quiero que sea un disco muy extenso. El anterior ("Barrilete" y "Hombre simple") fue largísimo. La idea es que sea más saludable, que cada canción tenga su tiempo y no tengamos que torturarnos en estudio. Porque en algún momento estás contrarreloj y cuando se apura el proceso creativo se pone más estresante que placentero. Eso no está bueno porque el reggae no es una música pasatista.
Lo que decís ¿tiene algo que ver con que cada vez hay más bandas del género?
Todo tiene sus pro y sus contras. Todo crecimiento genera más exigencia para todas las bandas que estan involucradas. Por ese lado es súper positivo, además hay más propuestas diferentes. Después también se mezcla mucha porquería como si fuese algo bueno, ¿no? Pero ¿quién soy yo para juzgar? La música se defiende sola. Después obviamente va a bajar un poco la histeria. Creo que el tiempo va a decantar todo.
¿Es ese proceso el que derivó en que Los Cafres sean hoy grandes referentes?
No somos la única banda, ni nada. Pero sí somos una de las que más duró desde el comienzo de las olas de reggae, que fue a principio de los ´80. Los demás son títulos y no nos interesan. A nosotros nos costó mucho llegar, llamar la atención de los medios. Éramos muy inocentes y no sabíamos que existía un aparato de prensa que uno debía impulsar. Hace pocos años nos enteramos de ese tipo de cosas.
Pasando a otra cosa. Estuviste en la fiesta del chamamé en Corrientes...
Estuvo muy bueno, muy emocionante. Es un mundo diferente y muy gratificante. La verdad es que me agarra en un momento de mi vida en que puedo valorarlo y disfrutarlo muchísimo.
Esa participación ¿te impulsa a proyectar algo o experimentar?
Sí, más vale que sí. La semilla está, porque esta experiencia me quemó la cabeza en un montón de sentidos. Es como que descubrí la puntita del iceberg de un mundo fantástico y más en lo que estamos nosotros que es la música, que no tiene un origen. La música a uno le vibra adentro del cuerpo, no importa de donde viene. Al ser transmutadores o receptores de esta música y transformarla en nuestra, cualquier canción es víctima de un posible experimento.
¿Cómo te recibió el público?
Creo que bien (se ríe). Estuve cantando canciones muy lindas como “Carito” de León Gieco, y me costó no emocionarme, porque me volvió loco esa canción. Nunca le había dado la bola que me merezco yo como público, me la estaba perdiendo. Después canté “Kilómetro 11” que es como el himno del chamamé, muy zarpado. Fue lindo.
¿Qué te cautivó de esa música?
La poesía de los detalles. Porque la Argentina es una gran llanura, más allá de las provincias que tengan sus sierras y demás. Es la poesía de la soledad, del atardecer, de las cosas que nosotros como ciudad perdimos. Te da una nostalgia y una tristeza. Nos viene bien porque vivimos en una vorágine idiota, tan ridícula, tan mediocre, que bajar un poco a la humildad de las cosas, de lo que realmente importante, está bueno. Y el folklore tiene eso.
Divididos en su última placa está más abocado a ese estilo...
Sí. León, los Divididos y Santaolalla, en su momento, son los valuartes de esta movida que solamante tiene principio y no tiene fin. Sobre todo ahora que el folklore también se acercó un poco. Tenía como un encriptamiento en cuanto a los códigos, y una estructura muy sólida que lo hacía arcaico a los ojos de algunas personas. Ahora la comunicación rompió eso. Un chico que por ahí está aislado en un sistema que no comparte, se mete en Internet y tiene el mundo que quiere. Y con el folklore pasa eso ahora. Hay una apertura enorme y hay muchos chicos que están haciendo un folklore hermoso y quizás más accesible. (A.N.)
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