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La Mañana

Con código de tango

Adriana Varela brilló en el Cine Teatro Español con clásicos del género y demostró por qué su voz es reconocida en el territorio del 2x4.

Neuquén > Después de siete años, “un ciclo cabalístico o una crisis matrimonial”, tal como ella arriesgó, Adriana “la Gata” Varela llegó el viernes al Cine Teatro Español. La elegida por Roberto Goyeneche volvió para renovar su idilio con el público local, que fue reconquistando con algunos clásicos de su repertorio y otros estrenos, temas que por diferentes motivos no se había animado a cantar  y que finalmente dejó registrados en el que será su próximo disco, “Por una cabeza”, que ya había cantado en el disco del Cigala -pero que nunca había hecho en solitario-, y “Tinta roja”.
Acompañada por Horacio Avilano (guitarra), Ernesto "Chino" Molina (bandoneón) y Marcelo Macri (piano), la cantora de Avellaneda fue haciendo una suerte de homenaje a los grandes músicos y poetas del tango de todas las décadas, como Carlos Gardel, Alfredo Lepera, Homero Manzi (su predilecto), José María Contursi, Horacio Sanguinetti y Enrique Cadícamno. Pero también hubo espacio para otros contemporáneos en los que ella, movida por su instinto animal, pudo encontrar la impronta tanguera. Se trató de Fito Páez o Joaquín Sabina,  con dos versiones alucinantes de “Tumbas de la gloria” y “Con la frente marchita”.
Sentada al frente del escenario, Varela advirtió que estaría quieta todo el concierto, porque se había fracturado el pie: dejar  inmóvil a la Gata es como intentar domesticar una bestia salvaje. Por eso, aunque cautiva en una silla, se las arregló bien para, durante casi dos horas,  salir a recorrer tejados entre historias de barrio, desamores y borracheras.
“Ya tenía fracturada la cabeza”, dijo entre risas, y a pesar de la broma, la idea de la fractura, la ruptura, se instaló. Es que cada fraseo de la Gata, cada entonación, cada interpretación (lo suyo es ante todo teatral) hace pensar que efectivamente la Varela llegó al tango para desbaratar todos los esquemas. Decir que canta bien sería injusto. Porque lo de esta artista es otra cosa. Su canto es como la reencarnación de todos los grandes: por momentos tiene la voz “arenosa” del Polaco Goyeneche;  otras veces “tiene la pena que Malena no cantó” y, muchas más, visita la acidez del canto aguardentoso de Chavela Vargas que,  aunque nada tenga que ver con el género, sí tiene que ver con ese espíritu rebelde de plantar bandera en un territorio antes casi excluyente para las mujeres.
Después de pasar por “Sur” y “Malena”, y el inevitable homenaje al Polaco a través de “Garganta con arena”, tres tangos  “a la carta” (“Afiches”, “Como dos extraños” y  “Los mareados”) sonaron justo antes de la estocada final: “La gata Varela”, obra que Cacho Castaña le dedicó y que, por si quedaban dudas, terminó por decodificar lo que es ella en escena. El público no pudo más que aplaudir y ponerse de pie, a la espera de que  la Varela se vaya “con el corazón mirando al Sur”. (A. N.)

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