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La Mañana cárcel

De beber el champagne más caro con celebridades a la cárcel

Triste final. Tan talentoso como estafador, mujeriego e irresponsable. La reciente detención de Boris Becker trajo el recuerdo de Roscoe Tanner, ex número cuatro del mundo.

La reciente sentencia en perjuicio de Boris Becker, exnúmero 1 del mundo y el ganador más joven de la historia de Wimbledon (17 años y 7 meses) a “dos años y 6 meses de prisión” trajo el recuerdo del caso de Roscoe Tanner.

El diario La Nación recreó su historia y recordó que se hizo profesional en 1972 y ganó 15 títulos. Zurdo, de 1,83m, Roscoe tenía uno de los mejores saques de los años 70 (y 80). Con un swing muy particular: tomaba la pelota en pleno ascenso e impactaba en un solo movimiento. La velocidad era fenomenal. Cuando resultaba imposible leerle el probable destino, la pelota terminaba en ace. Si se le adivinaba el lugar, no era sencillo tomarlo a contrapierna cuando se adelantaba a la red. El saque le facilitaba su juego. Y tuvo un récord que asombra aún hoy: 246,2 km/h. Fue en el torneo de Palm Springs, en 1978.

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Tanner fue número 4 del mundo y jugó dos finales de Grand Slam. La primera, en 1977, fue nada menos que ante nuestro Guillermo Vilas en el Abierto de Australia, cuando se disputaba sobre el césped del estadio Kooyong, en Melbourne, allí donde el Gran Willy había ganado el Masters en 1974. Tanner no le dejó chances, jugó un gran partido y lo superó por un triple 6-3. Vilas, ese año, fue el mejor de todos: ganó Roland Garros y el US Open, además de establecer numerosos récords.

La otra final de Tanner fue en Wimbledon 1979. La que lo hizo famoso. Porque su rival era un ilustre: el sueco Björn Borg.

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Aquella actuación catapultó a Tanner. Pasó a beber champagne con el Principe Rainiero en Mónaco, a cenar en la Casa Blanca con el presidente Ronald Reagan y su esposa, Nancy. Su imagen aparecía en avisos publicitarios de productos varios, lo elegían para ser jurado en los concursos de Miss Estados Unidos. Comentaba partidos de tenis por TV. Difícil medir si llegaba al rango de celebridad, pero Tanner era una marca impuesta en el mercado de la imagen.

El tenis, el dinero y la fama potenciaron uno de los lados débiles de Roscoe: las mujeres. Tenía una doble vida permanente, a pesar de la tolerancia de sus parejas. Claro que todo tenía un límite. Cada viaje era un drama. Las infidelidades comprobadas (incalculable serían las veces que en realidad transgredió los límites) dinamitaron sus dos primeros matrimonios, con un desenlace imaginable: sendos divorcios con Nancy Cook y Charlotte Brady. De esas dos parejas tuvo tres hijas. Las deudas por las separaciones y por gastos en pensiones alimenticias mensuales, sumados a los malos negocios, lo convirtieron en un permanente moroso. Y allí sus problemas se potenciaron una vez que dejó de producir, es decir, luego del retiro del tenis.

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Promediando los 43, Roscoe tuvo otra noticia que lo sacudió de lleno. Una pareja ocasional neoyorquina, de nombre Connie Romano, lo denunció por la presunta paternidad de su hija. Las pruebas de ADN fueron irrefutables. En ese 1994, la reacción de Tanner fue desconocer su paternidad a pesar de los estudios que otorgaban un 99,5% de efectividad. Llegó a un acuerdo extrajudicial con Romano, pero tuvo otro problema serio: nunca pagó los 500.000 dólares que había acordado como resarcimiento. Al no comparecer ante la justicia, tres años después fue detenido y pasó una noche en la cárcel de Naples, en el estado de Florida. Sería su primer paso por prisiones.

Roscoe, insistente, se casó por tercera vez, a pesar de que su patrimonio casi no existía. Como contrapartida, sí tenía cuantiosas deudas. Margaret Barna, su tercera mujer con papeles, pensó más en el Tanner tenista que en el exjugador devenido en deudor empedernido y apostó a una vida nueva. ¡Danger! Grave error: Roscoe no sólo no tenía plata, sino tampoco criterio. Un día le ofrecieron un yate por 50.000 dólares, le gustó, y decidió comprarlo, sin fondos. Enésimo cheque rechazado. Cuando lo quisieron demandar, había tomado otros rumbos: Europa. Pero la imagen estaba por el piso: era el jugador que casi le había ganado a Borg una final de Wimbledon para algunos; para otros, el extenista y ahora “el estafador”.

En Europa vivía de lo que cosechaba como profesor de tenis, a 30 euros la hora. Su nueva vida no podía tener mucho futuro: se lanzó una orden de captura internacional. Cuentan las notas de aquella época, reflejadas en una investigación que realizó el diario L’Equipe, que Tanner estaba en un hotel, bañándose, cuando irrumpieron en su habitación varios policías para detenerlo. Ocurrió en la ciudad alemana de Karlsruhe. Fue en 2003. Tenía 52 años.

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De tenista profesional, tomar champagne con la realeza en Mónaco y de comer con el presidente de Estados Unidos en la Casa Blanca a un destino lamentable: una celda en la cárcel de Karlsruhe, mala comida y dos duchas por semana. Como tantos presidiarios, Tanner se volcó a la religión. Fue trasladado semanas más tarde a Estados Unidos. Cuatro meses preso en el Condado de Pinellas, en Florida, y otros cinco en el de Somerset, en Nueva Jersey. Haciendo el recorrido vía terrestre en camiones jaula como los que se ven en las películas americanas, esposado y vigilado por guardias de seguridad. Todo por deudas impagas. Compromisos adquiridos no resueltos. Un punto de contacto con las vivencias actuales de Boris Becker.

Tanner fue puesto en libertad en 2004. Volvió a dar clases de tenis, en definitiva, lo que mejor había hecho. Le pagaban unos 65 dólares la hora. Pero duró poco: no concurrió a un juzgado por sus deudas con Connie Romano y otra vez detenido. En 2005, violó su libertad condicional. Fue sentenciado con un año de prisión en la cárcel de Lake Butler, en Florida. Curiosamente, seguía emitiendo cheques sin fondos, como en mayo de 2008: fue detenido en Knoxville por el delito de emitir 72.000 dólares en cheques sin valor como pago de dos Toyota Highlanders. Terminó desalojado de la casa que habitaba en Vero Beach.

Hoy tiene 70 años y cinco hijas. Abrió hace un tiempo una academia de tenis en Florida, pero no se lo ve a Roscoe Tanner, así como sus rivales muchas veces no veían sus saques por la velocidad que traían. “Era impresionante, realmente. Así como lo describís era su saque: era un movimiento muy corto, tomaba la pelota apenas subía y era un latigazo Todavía está entre los seis mejores saques de todos los tiempos. Fue ‘el sacador’ de esos tiempos. Hubo muchos buenos. Recuerdo a John Sadri, a Víctor Amaya, Brian Teacher. Pero Tanner era tremendo”, recordó Batata Clerc.

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