Shobeir tapó pelotas clave para que su equipo le esté ganando a la selección albiceleste.
A sus 26 años, Mostafa Shobeir ya no es una promesa. Es una realidad sólida bajo los tres palos de Egipto y, en los octavos de final del Mundial 2026, se encargó de silenciar a la Selección Argentina con una actuación que reafirma su condición de figura emergente del torneo.
El penal atajado a Lionel Messi y las otras intervenciones que fueron decisivas, lo pusieron en el epicentro del fútbol internacional.
El guardameta, nacido en Guiza, se formó en las categorías inferiores de Al Ahly, el gigante del fútbol africano, y fue ascendido al primer equipo en 2020. Su consolidación definitiva llegó en la final de la Champions League africana de 2023, cuando tuvo que sustituir al lesionado Mohamed El-Shenawy y respondió con una seguridad que llamó la atención de todo el continente.
En la selección nacional, Shobeir se ganó la titularidad desde su estreno en 2024, apoyado en una personalidad que no tiembla bajo presión y unos reflejos que ya le permitieron atajar un penal decisivo en los dieciseisavos de final ante Australia.
La historia familiar
Pero su historia tiene un componente que trasciende lo deportivo. Su padre, Ahmed Shobeir, fue el arquero de Egipto en el Mundial de Italia 1990, el primero de los Faraones en 56 años.
Allí, en un empate sin goles ante Irlanda, Ahmed protagonizó una escena que terminaría modificando las reglas del juego: la reiterada recepción de pases atrás con las manos derivó en una modificación que la FIFA y la IFAB implementaron en 1992, prohibiendo al arquero tomar el balón con las manos tras un pase deliberado de un compañero.
Tres décadas después, el hijo heredó el puesto y el escenario. Ahora, con Egipto en los cuartos de final, Mostafa Shobeir se interpuso en el camino de la campeona del mundo con la misma misión que su padre: defender el arco de los Faraones. Solo que esta vez, las reglas ya no le permiten lo que a él sí le toleraron.
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