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La Mañana Plottier

El carnicero solidario abrió su cuarta sucursal

Se hizo famoso por cobrar barato. Demostró que igual puede crecer.

Mario Cippitelli

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Curiosa vida la de Domingo Vena Parcaroli. Fue comerciante durante toda su vida hasta que la crisis económica lo volteó en la década del 90. Como tenía que sobrevivir, decidió volver al ruedo, aun cuando estaba por cumplir 80 años.

Comenzó con una humilde carnicería en el barrio Los Aromos, de la ciudad de Plottier, y se hizo famoso cuando decidió bajar los precios de cada corte de carne con un doble propósito: ser solidario con quienes estiran el sueldo todos los meses y ganar más dinero duplicando las ventas.

Cualquier experto en economía tal vez le hubiese aconsejado ir a lo seguro: cargar todos los costos que tiene un comercio al precio final de la mercadería, pero Domingo apeló al sentido común, a la experiencia de tantos años al frente del mostrador despachando productos y al conocimiento que tenía de los consumidores por estar tantos años relacionándose con ellos.

A poco de abrir, el nombre de su carnicería (El Abuelo) ya era más que conocido, no sólo en Plottier, sino en la región y en el país. La gente hacía colas en busca del asado a un precio increíble o del lomo, producto de lujo para la mayoría. Y se cansó de despachar y seguir comprando carne de calidad hasta que llegó el momento de expandirse, con otras bocas de expendio, hasta que finalmente llegó a cuatro sucursales. En la actualidad tiene una en Senillosa y tres en Plottier. La última la abrió el lunes en la calle Buratovich y causó un gran revuelo porque a los primeros 15 clientes que llegaron no les cobró nada. Todos se fueron con la carne de regalo.

A los que llegaron después los esperó con otra sorpresa: 25 cortes de novillo a 99 pesos el kilo, el mismo precio que viene cobrando desde hace tres años, cuando abrió su primer negocio.

Márgenes

¿Pero con estos precios que cobra le alcanza para mantener los comercios? Fue una pregunta obligada. “Si no me alcanzara, no podría pagar todos los impuestos que pago, ni el sueldo a mis 10 empleados”, respondió en medio del frenesí de compradores que le habían invadido la nueva carnicería durante la inauguración.

Domingo dijo que, igual que en otras oportunidades, la gente no podía creer los precios que tenía: además de los cortes a 99,90 pesos, también ofrecía asado a 129, igual que el peceto y el lomo. “Pensaban que se trataba de vacas viejas, pero son cortes de novillito… tendrías que ver los huesitos lo que son, la calidad de la carne…”, relató entusiasmado. En efecto, ese mismo tono utiliza para hechizar a sus clientes, con quienes inmediatamente se gana la confianza.

Domingo se levanta todos los días a las 6 de la mañana para empezar a atender sus negocios. Algunos de sus 10 hijos lo ayudan a hacer frente al trabajo cotidiano que ahora sigue sumando responsabilidades.

Camino a cumplir 81, el pintoresco carnicero solidario aseguró que seguirá trabajando hasta que le dé el cuero y dijo que no es difícil saber cuáles son los comercios que administra: “Si encuentran el asado a más de 129 pesos, es porque esa carnicería no es mía”.

HISTORIA

Todo comenzó en El Chocón cuando hacían la represa

Domingo Vena Parcaroli llegó a Neuquén en 1968, proveniente de Azul, Buenos Aires. No fue una decisión fácil trasladarse a este territorio que hacía menos de 10 años que se había convertido en provincia. “Vos estás loco”, le dijeron sus familiares cuando él les anunció que tenía la decisión tomada.

El primer destino de Domingo fue la villa temporaria que se había levantado para construir la represa El Chocón. Llegó como vendedor de ropa. Luego, junto con otros socios, levantó un minimercado de ramos generales para atender la demanda de 3000 obreros que se encontraban trabajando en el complejo hidroeléctrico. Fueron tiempos prósperos hasta que finalmente la sociedad se disolvió.

Tiempo después se vino para Neuquén capital, donde abrió la carnicería Ceferino que, según él, era una de las más populares de la ciudad. “La gente hacía cola para comprar”, asegura. Y se jacta de haber sido el carnicero de Felipe Sapag durante muchos años.

Durante los 90, la política económica no lo acompañó y tuvo que cerrar. Con más edad de jubilado que de emprendedor, Domingo volvió a apostar al trabajo. No sólo dice que le va bien, sino que le irá mucho mejor.

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