Por Fernando Schpoliansky - Contador Público Posgrado Economía Social
El BCRA dispuso anoche mismo y lo oficializó esta mañana un endurecimiento del cepo cambiario. Redujo el límite de compra para atesoramiento de personas humanas pasando de los 10.000 dólares a 200 dólares para aquellas personas que hagan la operación vía homebanking, mientras que para las compras en efectivo solo se podrán adquirir 100 dólares.
El propio presidente del Banco Central (BCRA), Guido Sandleris, reconoció esta mañana que es una medida que, “aunque transitoria, es muy estricta” y admitió que "tiene costos para la economía pese a que busca cuidar las reservas". También confió en que esta decisión ayude al mercado cambiario "a operar más equilibrado".
Desde las PASO, las reservas cayeron en u$s 22.000 millones, un tercio de la caída tuvo que ver con la salida de depósitos en dólares, otro tercio tuvo que ver con el pago de deuda y otro con la intervención del BCRA en el mercado cambiario para intentar estabilizar el tipo de cambio.
Esta medida, como tantas otras que ha tomado el gobierno nacional durante su gestión, resultan tardías e insuficientes.
Tardías porque las reservas internacionales de libre disponibilidad en dólares del BCRA ya se encuentran en su límite inferior, generando incertidumbre sobre la capacidad de pago de los compromisos internacionales y quitándole poder de fuego y margen de maniobra para llevar adelante política cambiaria.
Insuficientes porque apuntan al pequeño ahorrista, aquel que intenta preservar el valor de sus ahorros en moneda dura, considerando que la Inflación este año llegará al 60% anual, y nada hace con la salida de capitales de aquellos sectores concentrados de la economía que poseen grandes estructuras administrativas, contables, financieras e impositivas, que les permitirán seguir sacando dólares hacia sus cuentas en el exterior vía electrónica.
Argentina deberá afrontar un doloroso camino de incertidumbre que genera su propia economía, al menos hasta que el nuevo gobierno defina “su modelo económico”, el que seguramente deberá ser de desarrollo económico, impulso a las pymes locales y promoción del consumo interno a través de la recomposición salarial y de los haberes jubilatorios, que le permita hacer crecer la economía manteniendo el equilibrio de las cuentas públicas.
Dejando atrás años de especulación financiera con elevadas tasas de interés, concentración de la economía en pocos sectores y caída del consumo interno producto de la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos y la constante devaluación de su moneda.
La tarea del próximo gobierno no será fácil, le espera reconvenir los plazos de devolución de la deuda externa, bajar la inflación, generar empleo genuino, poner en marcha la economía y hacer crecer al país generando mayor igualdad y disminuyendo la pobreza e indigencia.
Quizás resulte demasiado para un solo espacio político y semejante desafío requiera de consensos básicos entre toda la clase política dirigente del país.
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