El Cipolletazo, a 50 años del hito que marcó a los cipoleños

Protagonistas de la gesta histórica en defensa de Julio Dante Salto recuerdan qué pasó en la pueblada de 1969.

Por Oscar Cares Leiva - caresleiva@lmeuquen.com.ar

El Cipolletazo cumple 50 años. El principal acontecimiento histórico de la ciudad después de su fundación, llega al medio siglo con toda la potencia evocadora de un hecho que marcó el destino y el sentir de toda una comunidad. Para quienes participaron en la pueblada y aún pueden dar su testimonio, fue un punto de inflexión para sus vidas, una pasión que sigue alimentando sus recuerdos, un momento que no debe ser relegado al olvido y al baúl de las cosas perdidas.

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El viernes 12 de septiembre de 1969, en plena dictadura de Juan Carlos Onganía, los vecinos le dijeron no a la arbitrariedad y a la prepotencia y salieron en defensa del jefe comunal de entonces, el recordado Julio Dante Salto. El gobernador designado Juan Antonio Figueroa Bunge había dispuesto su desplazamiento y para ello había enviado una comisión interventora al Municipio, ubicado entonces en la esquina de Yrigoyen y Villegas. Apenas llegar y conocerse sus propósitos, la gente reaccionó y salió a las calles para exigir la permanencia de su líder político.

Fueron horas de alta tensión. Los interventores fueron echados por una ventana de la sede municipal y, a partir de entonces, el pueblo protagonizó una gesta impresionante, enfrentando, a través de la unidad y la movilización, la represión que desató el régimen. Hubo más de 300 detenidos y las celdas cipoleñas se hicieron pocas para encerrar tanto ardor popular. Muchos arrestados fueron repartidos y hacinados en sedes policiales de Allen y Cinco Saltos. Varios días duró la lucha y, al final, Cipolletti logró que se respetara su sentir local. Y si bien Salto no pudo continuar al frente de la comuna, impuso el nombre de su sucesor, Alfredo Chertudi.

Muchas de las principales figuras del suceso ya no están. Empezando por el propio Salto, quien falleció en 1971. Pero otros actores, que dieron su aporte grande o pequeño a la resistencia, siguen presentes para hablar de la trascendencia de la pueblada y de lo que les tocó vivir y hacer.

Julio Fernando “Chato” Salto, de 69 años e hijo de Julio Dante y de Margarita Isabel Segovia, sostuvo que “a medida que pasa el tiempo, uno ve que esta gesta histórica se agiganta cada vez más, por el contexto en que se dio y por su significado, que es el de todo un pueblo que sale a defender a un funcionario público”, sin medir en riesgos y con plena determinación. El líder local, además, era conocido por su generosa labor cómo médico y por su actividad como promotor del deporte en el Club San Martín. Pero fue su tarea al frente del Municipio la que lo puso en un lugar más que destacado, “por su capacidad para manejar la ciudad, darse cuenta de las cosas que le hacían falta y conseguir cosas que otras ciudades no consiguieron”.

“Mi padre fue quien ya hablaba en esa época de la Cuarta Circunscripción Judicial, fue el primero en hacer los dispensarios de salud en cada barrio, fue quien ideó las 1.000 viviendas para la ciudad. Fue un avanzado”, enfatizó y dijo que por todo ese conjunto de factores fue que “sucedió” la pueblada.

“La gente lo acompañó y se jugó hasta la vida porque fueron momentos muy dramáticos que se vivieron. Y gracias a Dios que no pasó nada. Mi padre se cansó, se quedó afónico, diciéndole a la gente que no quería que ni una gota de sangre se derramara del pueblo de Cipolletti. Y fue así”, enfatizó.

El conocido vecino Eduardo París, de 78 años y ex concejal, también valora altamente la repercusión del acontecimiento y sus ecos hasta hoy. En su opinión, lo ocurrido en 1969 “es un ejemplo único en el país. Sus características no las tuvo ningún otro hecho, ni el Cordobazo, ni el Rocazo, ninguna otra circunstancia de explosión popular de ese tiempo. Por las condiciones en que se dio y quienes la hicieron, fue prácticamente una amalgama de toda la población, de todo el civismo cipoleño”.

“Trabajadores, empleadores, gente de partidos de izquierda, gente de partidos de derecha, los de centro, los estudiantes, todo el mundo, jóvenes, ancianos, todo el mundo estuvo presente en este lugar, la Municipalidad, para hacer respetar un derecho que había sido conculcado. Es un acontecimiento único y absolutamente democrático. Y no fue apolítico. Fue totalmente político y fue la expresión de un pueblo que se sentía soberano”, resaltó, con contundencia.

Sin embargo, lamentó que “esto no se recuerde en ninguna escuela de Río Negro ni del país” y que haya “chicos que no saben qué fue el Cipolletazo”. Además, se mostró preocupado de que el pueblo cipoleño “haya perdido las características que lo identificaron en ese momento”. Pero no es pesimista y cree que el legado histórico conservará siempre su vigencia y resonancia.

En tanto, Saúl Vidal, de 75 años y ex trabajador de Agua y Energía, consideró que la pueblada “es algo inolvidable”, por la intensa participación popular, en la que cada uno contribuyó como podía a la lucha general, y sobre todo por la personalidad de Salto, a quien conoció cuando hizo el servicio militar. El político había sido médico del Ejército y un entonces joven Vidal fue su asistente durante un año. “Era una persona demasiado buena”, refirió y rememoró que el líder cipoleño, cuando desarrollaba su labor médica, solía hasta pagar el costo de los medicamentos que recetaba. “Él tenía, por eso, más deudas en las farmacias que los enfermos. Y él las pagaba”.

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