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La Mañana Reynaldo Mariani

El último poeta beatnik que se refugió en Zapala

Reynaldo Mariani llegó a esa ciudad en 1996, luego de vivir la bohemia porteña de los 60 y en Brasil.

Pablo Montanaro

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Neuquén.- La agitada travesía en la vida de Reynaldo Mariani, cargada de bohemia, alcohol y poesía, tuvo su recorrido final en la ciudad de Zapala, ciudad que lo cobijó desde 1996 hasta su muerte, en agosto de 2004. Nació el 13 de enero de 1936 en Buenos Aires, era sobrino de Roberto Mariani, un reconocido escritor y compañero de redacciones de Roberto Arlt. Precisamente fue en la casa de su tío donde descubrió la literatura de Gorki, Dostoievski y James Joyce, y a los 15 comenzó a escribir “horribles imitaciones” de Poe.

En los años 60, el hombre que escribía su apellido en minúscula y decidió prescindir del nombre (“los nombres no definen a la persona”, decía) formó parte de la movida cultural de Buenos Aires, participando de todo lo que ocurría en el Instituto Di Tella, donde Marta Minujín hacía sus célebres happenings, codeándose en las barras de los bares del Bajo porteño con artistas, pintores y escritores -Antonio Dal Masseto, Miguel Briante, Luis Felipe Noé, Rómulo Macció, entre otros-. Con un grupo de escritores que preferían el whisky y la marihuana fundaron la revista Opium y adoptaron la consigna “Cantemos al amor y al ocio, nada más merece ser habido”.

Leía a Allen Ginsberg, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, poetas de la generación beatnik, ese gran movimiento contracultural estadounidense de los años 50 que tuvo una poderosa influencia en expresiones posteriores, como el hippismo. Su personalidad inquieta y desprejuiciada lo llevó a actuar en la película Tiro de gracia con Susana Giménez y como galán de fotonovelas y modelo publicitario para Levi’s. Mientras tanto escribía y publicaba sus libros de poemas (ver recuadro).

Los 70 lo encontraron en medio de la violencia política que posteriormente emergió en la dictadura más sangrienta que tuvo el país. “Estaba harto de los golpes de Estado y de la policía argentina, además en un acto de premonición supe perfectamente lo que iba a pasar”. Su amor por la bossa nova lo llevó a Brasil, donde llegó con 300 dólares, 130 libros que fue vendiendo en las playas, infinidad de manuscritos y muy poca ropa. Estuvo casi 20 años entre San Pablo, Río de Janeiro y Buzios, donde “vivía y leía más de lo que podía escribir”. Le gustaba el fútbol y se dio el gusto de jugar en una playa con Zico y Junior, dos de las mayores estrellas de la selección brasileña por esa época. Para sobrevivir vendía ropa, bijouterie y libros usados en la playa.

Su afición al alcohol se desbordó en tierras brasileñas. “En Río había un agujero en la pared que atendía una negrita que te daba una cachaza por diez centavos. A veces no tenía plata, entonces ella, después de una lección moral porque era evangélica, me daba la cachaza fiada, medio de lástima”, contó.

A fines de los 90, el alcohol y “otras etcéteras” -como decía- lo llevaron a pasar siete meses en un psiquiátrico. Lo rescató su hermano, que se lo llevó a Zapala donde enseguida se convirtió en un animador cultural, editó revistas y publicó varios libros. Además, se convirtió en un referente para los poetas patagónicos que llegaban a su casa para mantener largas charlas sobre literatura y escuchaban sus historias. Eligió Zapala, su refugio, su destino final, porque “me gusta cómo es acá, despojada”, decía mientras recorría los bares de la ciudad junto a esos jóvenes poetas que lo llamaban “el Magno” o “Maestro”.

Mariani fue un poeta a tiempo completo. Sus años en Zapala fueron de mucha creación y reescritura de textos: “Hay que sentirse un fracasado y volver sobre cada palabra, sobre cada línea”.

Las aventuras llevadas a libro

7 historias bochornosas fue el primer libro de poemas publicado por Mariani en 1968, reeditado en 2003 cuando vivía en Zapala. Le siguieron 7 poemas grassificantes y 7 Poe Mas. En 2016 se publicó la antología Prolegómenos, mamotretos y reluctancias, editado dos años antes por Daniel Tórtora (Ediciones La Grieta de San Martín de los Andes), uno de los primeros editores de Mariani en la provincia.

Un verdadero creador

Tomás Watkins. Poeta

Creo que Mariani fue un artista de los que no pueden quedarse quietos, infructuosos. Disfrutaba mucho de la libertad que se prodigaba a partir o en torno a su arte. Y era sumamente consciente de la pérdida de esa libertad. Prueba de ello son los viajes buscando nuevos horizontes cuando las papas quemaban, como la partida a Brasil durante el onganiato. Era un verdadero creador. De los valiosos, de los necesarios, de los que hacen que la propia producción justifique su existencia.

Su presencia en la región generó mucha movilización, no sólo en Zapala, San Martín de los Andes o Neuquén.

Decía que en la poesía puede faltar de todo, pero “tiene que haber swing; si no hay swing, entonces no sirve”.

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