Escuchá el polémico audio que hace tambalear la candidatura de Trump a horas del segundo debate

El magnate y candidato republicano anunció que no piensa retirarse y que seguirá en la pelea. "Yo nunca me rindo", sentenció.

El Partido Republicano entró en una crisis inédita a menos de un mes de las elecciones presidenciales. Dos docenas de legisladores y varios pesos pesados (de John McCain pasando por Condoleezza Rice) han retirado públicamente su apoyo a Donald Trump y muchos plantean sin tapujos la posibilidad de reemplazarlo por su compañero de campaña, el candidato conservador a la vicepresidencia y gobernador de Indiana, Mike Pence, quien ya ha tomado distancias del magnate, asegurando que se siente "ofendido" y que "no perdona ni defiende" sus comentarios machistas.

El estallido del peor escándalo de la campaña en el peor momento, sin margen de maniobra para Trump, activó el rencor latente en todo un sector del Partido Republicano, que nunca ha visto con buenos ojos a Trump, a quien consideran fuera de la órbita conservadora y de los principios fundacionales del partid. Muchos de ellos habían decidido cerrar filas en torno al candidato en los últimos meses por estrategia política y lealtad al partido. Pero ahora valoran la posibilidad de quitárselo de encima y temen acabar siendo arrastrados por el hundimiento de Trump. Algunos, aunque todavía son minoría, creen que están a tiempo de llegar a las urnas con un candidato distinto.

Mientras tanto, Trump anunció que no piensa retirarse y que seguirá en la pelea. “Yo nunca me rindo. No me he rendido en toda mi vida y no voy a hacerlo ahora. Tengo muchísimos apoyos y no voy a salir de esta carrera. Es increíble el número de gente que me llama para exigirme que siga adelante”, comentó ayer en una conversación telefónica con el periódico que expuso sus vergüenzas haciendo público el ya famoso vídeo, 'The Washington Post', propiedad del magnate de Amazon, Jeff Bezos.

Sacar a Trump de la carrera por la Casa Blanca no es sencillo. Aún en el caso de que consiguieran hacerlo renunciar por voluntad propia, se tendría que abrir un proceso de urgencia para elegir a su sustituto y Pence tendría que conseguir ser nombrado de manera oficial. Por si fuera poco, gran parte de las papeletas electorales ya se han imprimido y se han emitido alrededor de 400.000 votos anticipados. La Corte Electoral tendrían que decidir qué hacer con ellos.

La segunda opción que estudian algunos republicanos pasaría por convencer a los electores estatales de que retiren su apoyo a Trump en el último momento. En el sistema presidencial americano, la penúltima fase del proceso para ocupar la Casa Blanca la protagonizan los 538 miembros del Colegio Electoral, llamados a reunirse el 19 de diciembre y votar al presidente y el vicepresidente, enviando el resultado al Congreso.

Normalmente se trata de una formalidad, pero los constitucionalistas barajan la posibilidad, en teoría perfectamente legal, de que los electores estatales republicanos se pongan de acuerdo para hacer presidente a Pence con los votos de Trump. Se trataría de una situación sin precedentes que, además, podría disparar la tensión en el país y desatar una situación imprevisible, ya que muchos grupos de simpatizantes de Trump lo interpretarían como un golpe de estado.

Mientras tanto, el magnate ha pasado las últimas 24 horas encerrado en la Torre Trump de Nueva York y sólo ha salido brevemente del edificio para saludar a los seguidores que se agrupaban en la entrada. Según la prensa estadounidense, el magnate, rodeado de un grupo de fieles, se niega a admitir la gravedad del escándalo y prepara con sus asistentes una estrategia de contraataque para el debate de esta noche con Hillary Clinton. Los demócratas, por su parte, temen que salga como un "animal herido", en un estado emocional imprevisible. “Es muy peligroso, no hay que darlo por muerto, esta noche puede autodestruirse pero también puede atacar con una agresividad extrema y arrinconar a Hillary”, opina un asesor de la campaña de Hillary.

Al tiempo que en el entorno de Trump se lanza el mensaje de que el “Pussygate” ha sido una “bomba inteligente” del 'establishment', filtrada en el momento más oportuno, el Partido Demócrata se esfuerza por centrar la atención de los estadounidenses en el escándalo, conscientes de que es un terreno -el de las acusaciones machistas- en el que Hillary tiene todas las de ganar.

En las últimas horas, la campaña demócrata ha llenado las redes sociales y los teléfonos de sus simpatizantes con mensajes para castigar a su rival.

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