Cuántos hijos tiene Victoria Vanucci y en qué parte del mundo viven
Victoria Vanucci está lejos de aquella mujer que estaba casada con el empresario Matías Garfunkel y reconstruyó su vida en Estados Unidos, más precisamente en San Diego, California, con sus dos hijos, Indiana y Napoleón (nueve y siete años respectivamente), donde recientemente estrenó su nuevo restaurante, Pachamama.
Desde que llegó al país del norte decidió dedicarse a la gastronomía y cambiar por completo su estilo de vida, y el año pasado firmó un contrato con Netflix para un programa de cocina, mientras que en la actualidad está revolucionando Venice Beach con su nueva idea.
Por esto, la exmodelo explicó algunos de sus principales ítems en el restaurante: “Yo soy Vick Vanucci, estoy acá en Pachamama, mi restaurante, en playa Venice. Pachamama significa Madre Tierra en quechua y somos un concepto de comida peruana-japonesa, el nombre correcto es nikkei. Puedes disfrutar diferentes tipos de empanadas, diferentes tipos de salsas que vienen del Amazonas. Puedes tener también anticuchos. Vas a tener muchísima comida, comida vegana también, jamones ahumados y un montón de comida en la mesa para probar”.
Todo esto producto de que necesitaba un cambio en su vida. “Rupturas. La pérdida de mi familia. La situación con los animales... Y todo eso que había sabido construir, como mujer, como profesional, con orgullo, por haber venido de un lugar humilde, se iba. Mi nombre se convirtió en mala palabra. Perdí mi afinidad con la gente. Me odiaban. Y luego supe que no era la víctima de nada, debí entenderlos. Pero lo que más me pesaba era saber cómo iban a verme mis hijos el día de mañana. Qué imagen tendrían de mí. No encontraba la manera, el wayout. No veía la luz al final del camino”, contó en una nota reciente con Infobae.
Finalmente habló de cómo se mostraba ante sus hijos: “Hacía poco me había ido de la Argentina. Una vez, ya instalada en Estados Unidos (Miami), me miré al espejo y no me reconocí. Tenía dos hijitos, Indiana de cuatro años y Napolito (Napoleón), de dos y medio. Por suerte, si es que se le puede llamar así, eran chiquitos y esa etapa mía no la presenciaron conscientemente. Delante de ellos yo trataba de sacar fuerzas de donde no tenía y a veces evitaba que me viesen. No me reconocía. Pasaron los días. Las semanas. Y, literalmente, no pude levantarme más. No podía respirar ni encontrarle sentido a nada. Así conocí el pánico y empecé a tener ataques cada vez más frecuentes”.
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