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Femicidio de la arquitecta: "Nunca pensé que hubiese un monstruo detrás de esa mirada"

Cecila Toledo, hermana de la víctima, reveló que conocía al asesino y que durante la búsqueda mantuvo charlas con él que le fueron dando la pista de que estaba involucrado en la desaparición.

Hay veces que conocemos personas y algo en ellas no nos cierra, ya sea por química, intuición, instinto o tal vez un sexto sentido. Eso fue lo que le ocurrió a Cecilia Toledo el invierno pasado cuando vino de Córdoba a Neuquén a visitar a su hermana María Marta (46).

En aquel viaje conoció a un matrimonio muy amigo de su hermana, Juliana y Fabián Lucini. Con ellos, María Marta había estrechado vínculos tras desembarcar en Neuquén en 2017 para trabajar en una empresa vinculada a la actividad petrolera.

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Lucini fue acusado el lunes de matar a golpes en la cabeza, con un matafuego, a María Marta el pasado miércoles 29 de julio en calle 4, al fondo, de Centenario, a metros del río Neuquén, donde descartó el cadáver en un canal de riego. El femicida quedó detenido con prisión preventiva por seis meses.

En diálogo con LMN, desde Córdoba, Cecilia reveló su encuentro con el asesino, esa mirada que no puede olvidar, sus charlas por celular con Lucini en medio de la búsqueda y el momento donde intuyó que el hombre estaba implicado en la desaparición de su hermana.

-> Los ojos del monstruo

En el invierno de 2019, Cecilia estaba feliz de poder estar con su hermana menor. María Marta era la mas chica de cinco hermanos, cuatro mujeres y un hombre. “Adoraba trabajar en las obras vinculadas al petróleo, por eso se vino a Neuquén”, recordó Cecilia.

Fue en esa oportunidad, que María Marta le presentó a su mejor amiga, Juliana y su pareja Fabián.

Y si de primeras impresiones se trata, la que tuvo Cecilia de Fabián no fue del todo buena y esa sensación inicial se materializó un año después con el crimen de su hermana.

“Llamalo si querés intuición, pero cuando lo conocí me llamó la atención su mirada. No me gustó. Me costaba sostenerle la mirada, era como de malo. Nunca se me cruzó que podría haber un monstruo detrás de esos ojos claros. Es un psicópata”, dice Cecilia que sin saberlo nos trae a la memoria a Robert Hare, que en su libro sobre la psicopatía (Sin conciencia) habla de la mirada vacía que tienen estos seres despiadados.

“Yo pasé por alto eso (dice sobre ese rechazo que le generó Fabián) porque mi hermana me contaba que siempre le ayudaba, cuando tenía que ir lejos la llevaban y que eran muy amables”, recordó la mujer.

-> El último WhatsApp

La vida de la arquitecta en Neuquén era rutinaria y no tenía grandes cambios. En la actualidad, producto de la pandemia, María Marta había quedado sin empleo y a la espera de tiempos mejores solía reunirse con mas frecuencia con Juliana y Fabián.

Leer, salir a caminar y hacer manualidades eran parte de su rutina. Así también lo era interactuar con sus hermanas en el grupo que tenían en WhatsApp.

“Todos los días nos compartía la foto de la comida que se había hecho. Le encantaban las milanesas de verduras, el arroz con huevo y las lentejas”, detalló Cecilia.

Otras de las actividades que tenían en común y en forma virtual las hermanas Toledo era ver Bendita TV y se mandaban wasap con comentarios sobre los informes.

“Nos escribíamos todo el tiempo y nos mandábamos los memes del mes de Julio y todo eso”, contó su hermana.

De hecho, el último wasap que mandó María Marta fue el 29 de julio a la 1:48 PM respondiendo a un meme de “los ñoquis de Julio” con una foto del cantante Julio Iglesias cocinando las pastas en su día.

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El mensaje era simple “qué bueno galleguita”. Hasta ahí, María Marta seguía viva y presumía seguirlo estando hasta que Lucini apareció en escena.

“Ese día al mediodía dejó de mandar mensajes, a la hora de Bendita TV ya no escribió y ni siquiera aparecía conectada”, reveló Cecilia que agregó: “Supuse que había estado cenando con Juliana y Fabián por lo que no me hice drama. Al otro día al mediodía le consulté a mis hermanas si habían charlado con ella, pero ninguna la había contactado por lo que la llamé y me daba buzón y le mandé un wasap y me marcaba un solo tilde”.

-> Las charlas con el asesino

Ya era jueves 30 de julio y Cecilia no podía dejar de pensar. Lo único que pretendía era saber de María Marta. Siempre fueron muy unidas porque se llevaban tan solo un año. Crecieron y atravesaron muchas etapas de la vida juntas.

“La llamé a Juliana y me dijo que Fabián había estado el día anterior hablando con ella. Me pasó el contacto y después llamó Fabián y le dije que estaba preocupada a lo que él me respondió: ‘no te hagas problema que yo le pasé el contacto de un amigo mío por un laburito. Quédate tranquila que debe ser que se fue a la entrevista o le robaron el celular’”.

Para ese entonces, el relato de Fabián a Cecilia le hacía ruido: “Si a María Marta le roban el celular, lo primero que hace es meterse al Facebook y mandarnos un aviso para que no nos preocupemos”.

Pese a eso, por desesperación Cecilia le pidió a Lucini que por favor fuera hasta el departamento de su hermana y se fijara si la llave estaba puesta, por ahí le había pasado algo estando sola.

“Fue al edificio. La señora de la limpieza lo dejó pasar hasta el departamento y yo le había dicho que si veía la llave puesta tirara la puerta abajo porque le podría haber pasado algo. Él, me dijo no estaba la llave y que me quedara tranquila que seguro había salido”, detalló la mujer desde Córdoba.

Tras esa supuesta verificación, Lucini le dijo a Cecilia que necesita volver a su casa a descansar porque “se había fisurado una costilla moviendo unos palos en el campo y le ofreció volver a las 16 al edificio para tratar de ubicar a María Marta”, contó.

Cecilia de inmediato llamó a otra amiga para ver si alguna tenía las llaves para ingresar al departamento. Una de las amigas, que sus padres viven en el mismo edificio, se ofreció a ver las cámaras de seguridad para saber si salió o no.

“La amiga me dijo: ‘Ceci, estoy viendo viendo la filmación. Tu hermana salió ayer tipo 13:30, pero antes tocó el portero un tipo medio pelado’. Yo le dije que era Fabián, el marido de Juliana. Ya ahí me hizo ruido porque él me dijo que había hablado con ella, no que la había visto”, reveló Cecilia que ya tenía las sospechas a flor de piel.

Para tener una visión más fría, Cecilia se contactó con su prima que es fiscal penal en Córdoba y le contó todo. Lo primero que hicieron fue ingresar a una página web para denunciar la desaparición, mientras en Neuquén, en plena siesta, unas amigas, no Juliana, acudían a radicar la denuncia a la Policía.

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La amiga que visionó las cámaras del edificio fue a buscar a Juliana para que vea las imágenes y la mujer confirmó que el hombre que aparecía era Fabián, su pareja. “Juliana salió para hablar por teléfono con Fabián y luego entró de nuevo y pudieron seguir las secuencias del día y volvió a aparecer Fabián tipo 15:30”, contó Cecilia.

Cuando Lucini fue puesto al tanto de la situación por su pareja, de inmediato llamó a Cecilia que no dudó en cuestionarlo porque no le había dicho que había visto a su hermana, a lo que el hombre respondió: “Sí (fingiendo un olvido inocente), esa mañana yo la pasé a buscar porque le había pedido unos planos de unas cabañas y cuando llegué justo estaba bajando para ir a pagar la factura del gas así que la acerqué hasta un lugar de pago. Ella me dijo que tenía que ir al cajero automático y de ahí al RapiPago. Después no la vi más. De hecho, tengo como dos llamadas de ella perdidas a las 13:45, que no las vi porque estaba acomodando unas cosas y cuando las vi, la pasé a buscar por el departamento”.

“Cuando me contó eso yo me quedé dura. ¿Por qué no me lo dijo antes?. Y charlando con mi prima entendimos que algo tenía que ver”, dijo Cecilia recordando el momento justo en el cual Fabián para ella se había convertido en más que un sospechoso.

-> La caída

Policías neuquinos fueron con las amigas de la arquitecta hasta el departamento y observaron que no había signos de violencia. Se levantaron rastros, se encontró la computadora y la tarjeta de débito. Acá el primer error de Lucini que ya había dicho que María Marta le dijo que iba a pasar por el cajero, pero la tarjeta estaba en la casa.

Lentamente se comenzaba a develar el misterio. Mientras la fiscal María Eugenia Titanti junto a los investigadores de Seguridad Personal obtenían de la empresa de telefonía celular los últimos contactos que tuvo la arquitecta y accedían a la computadora de la mujer para rastrear por Google Maps sus movimientos, Lucini volvía a llamar a Cecilia.

“Todavía estaba shockeada porque yo ya tenía la certeza de que se trataba de este hombre, él me seguía llamando y yo le daba charla para tratar de descubrir algo más. Al escucharlo parecía desesperado, se pisaba y contradecía. Incluso, la fisura que primero me dijo que se la había hecho en el campo después me dijo que fue en un galpón”, explicó Cecilia.

Del departamento de María Marta, por orden de la fiscal se llevaron una prenda usada. Las antenas de telefonía siguiendo los últimos movimientos del celular de la arquitecta, más la app del Google Maps, situaron a los investigadores en calle 4 al fondo en Centenario. Allí uno de los perros entrenados para rastrear personas olió la prenda de la arquitecta y en cuestión de minutos llegaron al canal de riego donde había quedado atascado el cuerpo sin vida de María Marta.

“Recién ahí, cuando me confirmaron que mi hermana había sido asesinada, le contamos a mi mamá, que es una mujer grande. Estamos todos muy mal, encima es muy complicado viajar por la pandemia, todavía estamos tratando de obtener los permisos”, aclaró Cecilia.

Lucini cayó 48 horas después tras ser detenido en su casa. El móvil del crimen todavía no está del todo definido, pero las hipótesis que se barajan son: una cuestión económica o una relación. “Para mí, la mató por plata, porque él le había pedido dinero para comprar una camioneta”, aseguró la hermana.

“Pasé tres días sin dormir. Estuve muy atenta a toda la investigación y colaboré en todo lo que puede para ayudar a que se detenga a este hijo de puta que mató a mi hermana. Se aprovechó de ella porque era menudita y no tenía familia en Neuquén. Habrá pensado, yo la mato y la dejo tirada adentro de un canal y después se la lleva el río”, concluyó Cecilia con dolor.

Ahora, la familia Toledo necesita que el municipio de Neuquén les dé una mano para cremar el cuerpo de su hermana así pueden llevarse las cenizas de María Marta para que descansen en paz en su Córdoba natal.

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