María: "No quería ser silenciada por mi abusador"
María vive en una pesadilla que para ella se llama realidad. Su historia es la de una mujer víctima de violencia y abuso sexual de parte de su ex, y desamparo del Estado. Ante la proximidad del juicio en su contra, el hombre se mató, así que ni siquiera justicia va a recibir. La mujer nos atiende. El martes se enteró de que su ex se había suicidado. La muerte de su abusador no le trajo alivio, sino un sabor amargo.
"Siento mucho dolor, porque yo sigo viva con mis hijas, vulnerada económicamente, dañada física y psíquicamente. Yo no quería esto, yo quería que él pague, que fuera juzgado. No quería ser silenciada por mi abusador, porque él con su suicidio buscó silenciarnos", relató María, que cuenta con custodia policial las 24 horas.
El 9 de febrero de 2019, su ex la atacó a golpes y la violó delante de sus dos hijas, de 9 y 3 años, la más chica hija en común.
Tras la denuncia se comprobó que el hombre además había abusado de la nena más grande.
Le dictaron prisión preventiva, pero cuando se cumplió el año le dieron la domiciliaria en la casa de la hija de su actual pareja. El lunes, la joven fue a fiscalía a pedir que por favor lo sacaran de su casa porque era un maltratador y manipulador.
La fiscalía entendió que repetía el patrón, por lo que solicitó una audiencia de inmediato. Estaban en eso cuando les avisaron el martes que el hombre se había quitado la vida.
El suicidio llegó cuando el juicio de responsabilidad se iba a reagendar en estos días, tras un decreto del Tribunal Superior de Justicia.
Las pruebas médico-forenses y psicológicas eran contundentes y hacían prever una condena importante, de hecho en febrero María comentaba: "Algo me dice que voy a ganar el juicio, pero en realidad yo ya perdí. Estoy muerta en vida".
Lo cierto es que frente al suicidio de su agresor, la imposibilidad de perseguirlo penalmente obliga a que la causa se archive.
Pero la muerte no pone fin a la angustia y el sufrimiento de María. "Me provocó un daño psicológico muy importante, no tengo trabajo y con la pandemia se complicó aún más conseguir. No tengo casa, yo estoy viviendo en la casa del padre de mi ex y su familia me la está reclamando", contó la mujer.
Por el tema de la vivienda, María sufrió amenazas telefónicas y hasta le cayeron en malón a la casa para intentar sacarla. Ella se resistió porque no tiene dónde ir y su abogada Gisella Moreira advirtió a la Justicia el riesgo que corría.
Por esa situación es que se dispuso que tuviera, desde hace meses, custodia permanente, es decir que las 24 horas del día hay un policía velando por su seguridad y la de sus hijas.
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