Marito seguirá gritando goles desde el cielo

El ídolo de Maronese se fue a los 33 años. Todo el fútbol zonal llora a un goleador inolvidable.

Neuquén
El fútbol regional está de luto. Igual que la pelota, esa amiga a la que, como pocos en estas tierras, el Flaco sabía mandar al fondo de la red cada vez que iba a su encuentro. Mario Barros murió en la madrugada de ayer por un cáncer de hígado que no le dio chances de pelear como lo hizo siempre, dentro y fuera de la cancha, y se lo llevó a los 33 años. Ni siquiera lo dejó conocer a su segundo hijo, que viene en camino.

Letal delantero, ídolo y goleador histórico de Maronese, su segunda casa, Marito fue uno de los cracks de la zona en este milenio. Las canchas de Lifune y de los torneos de ascenso supieron disfrutar de su estirpe goleadora y el fútbol regional, de un pibe al que todos respetaban, incluidos sus rivales y los árbitros, que ayer le dedicaron palabras de elogios y emoción en las redes sociales, un mundo virtual donde hubo señales de duelo y muchas muestras de afecto para un tipo muy querido.

Delantero de área nato como los de otras épocas, con su potencia y oficio se cansó de hacer goles donde jugó. Por su gran físico y altura se ganó el apodo de Obelisco. Con el Dino, aparte del récord de goles, consiguió 4 ligas y un recordado ascenso al Argentino B que lo tuvo como héroe, con un hat trick en el partido definitorio.

Cipolletti lo tentó varias veces, pero el Flaco siempre prefirió quedarse en Maro, un gesto que define su lealtad a la camiseta. Además del Dino, pasó por el fútbol chileno y jugó el último año en Centenario. A Mario se lo recordará también como un tipo de familia, una prioridad que lo impulsó a no abandonar su casa en busca de otros rumbos sobre el césped. Deja una esposa y dos hijos: una nena de dos años y un bebé en camino.

Barros descubrió su enfermedad cuando ya estaba muy avanzada y los doctores que lo atendieron no pudieron combatirla. "Es una sensación de impotencia, de estar con las manos atadas, no es lo más frecuente que suceda esto", comentó Sebastián Estévez, el médico que lo atendió durante esa última semana en la que el mundo del fútbol rezó por su recuperación. Ahora quedará recordar el legado de uno de sus más grandes goleadores.


Ejemplo
Un sacrificado también afuera de las canchas

Su vocación de futbolista no era lo único que ocupaba el tiempo de Mario. Su trabajo como sereno en una empresa cercana al autódromo de la Colonia le demandaba gran parte del día. Su turno, de 14 a 22, le dificultaba su carrera futbolística, pero él lograba arreglarse para estar disponible. "Mis compañeros me cambian los francos para poder ir a entrenar y a jugar los domingos", comentaba el jugador a LMN en una nota del año pasado. La cercanía con su familia siempre fue una prioridad y, exceptuando su experiencia en Chile, nunca se movió de Neuquén a pesar de que siempre tuvo ofertas en distintas zonas del país. Su muerte fue una noticia muy triste para quienes lo conocían, que lo definen como un hombre humilde y trabajador.

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