Belén tocó fondo y se levantó: una historia de superación
Belén Vergara tocó fondo y desde el dolor, y ese lugar oscuro de la tragedia, pudo salir adelante. No le fue fácil, pero no tuvo otra alternativa más que pararse. La muerte de dos hijos y su marido en menos de tres años, y con una pandemia encima, la llevó a levantarse por el resto de su familia y reinventar su vida.
Y desde esas partes rotas del alma armó una obra descomunal en Centenario, que hoy hace feliz a más de cien familias por mes: un ropero solidario, que nació como un trueque, y que lleva el nombre “Mi Dulce Catalina y Mi Chiquito Gastón”, en homenaje a sus dos hijos.
“Nació Cata y falleció de bebé en el 2018. Me quería morir, deseaba morir porque perder un hijo es terrible. Y una voz me dijo, pensá en tu hijito, porque tenía hijos chicos, ¿qué va a pasar con ellos?”, contó Belén a LMNeuquén emocionada, pero con la seguridad de que la obra de ayudar a los demás, es una manera de ayudarse a su misma.
Su historia no es una más. Se habla de esa trillada palabra “resiliencia” y de buscar sentido a la vida y el caso de Belén es más que especial. En lugar de quedarse en la queja y derrumbarse para siempre un día se paró y comenzó a ayudar a los demás, como una maratón imparable, que la llevó a cambiar su ánimo.
“Y ahí me levanté, y sé que fue Dios. Me levanté y empecé con esto de ayudar”, resumió la mujer, quien dice que es creyente, pero no en las iglesias, y que se tuvo que apoyar en algo inmaterial, una motivación para seguir con su vida.
La mujer tiene 44 años y desde hace tiempo que quería hacer algo distinto. Trabajó toda su vida en un galpón de empaque como embaladora en la Cooperativa La Flor, y desde hace nueve años que se dedicó de lleno a criar a sus hijos que viven con ella, de 7, 9, 11 y 16 años.
“Con esa plata me pude comprar todo lo que tengo y ahora vivo de la pensión que dejó mi marido”, señaló.
Hace unos años, Belén vio una publicación de una mujer con dos hijos no tenía para comer y esa historia la conmovió y decidió movilizarse para ayudarla. Así comenzó un camino sin retorno del servicio, sin nada a cambio.
Un sueño en marcha
El ropero está ubicado en la calle Atahualpa Yupanqui casi Avenida Lago Lacar, frente al cuartel de Bomberos Voluntarios de Centenario y es como una suerte de casa familiar donde se selecciona la ropa y calzado, que asiste a familias de la localidad y hasta de Vista Alegre y San Patricio del Chañar.
“Tenía el sueño de tener un lugar, como un trueque, donde la gente dejara las cosas que le sobraran; así que un día vi en las noticias que una señora no tenía para comer y que vendía su máquina de coser. La vi en una publicación y la contacté a esta señora e hice de intermediara. Le pedí el teléfono y le conseguimos todo y ahí arrancamos. Al sábado siguiente apareció otra mamá con nueve hijos y empezamos a ayudarlos”, dijo.
Belén se hizo conocida hace unos días por ayudar, junto a otros vecinos, a una familia que está acampando en la meseta de Centenario, que no tiene vivienda propia. No sólo le consiguió ropa para dos hijos, sin que se movió para juntar dinero y materiales de construcción.
El sueño de Belén es contar con más espacio más grande y tener la personería jurídica de ese ropero solidario, que funciona de manera organizada los lunes, miércoles y viernes de 8 a 11.30. La mujer quiere dar charlas y contar su experiencia, no sólo de cómo salir adelante emocionalmente con un emprendimiento, sino de marcar un camino de sanación para las mujeres que han perdido a sus hijos.
Para la rutina laboral, Belén no está sola. Es agradecida a parte de su familia, a su hija Nicole Porta junto a su novio, Maxi Rivera, y a su amiga, la tesorera del ropero, Rosa Villamán. Están siempre con ella y la ayudan a ir a los barrios recibir a la gente, que muchas veces, tiene vergüenza de pedir ropa.
“Cuando son nuevos sí les da vergüenza, después nos conocen y la gente da todo. Hace mucho tenía el sueño de tener un lugar para que la gente pueda venir a buscar cositas que necesiten y a los que les sobraba algo, que las traiga, como para un trueque como era antes. Ese era mi sueño”, dijo Belén, quien no sale de su asombro al recordar cómo fue su vida hace unos años.
Ayudar a sanar
Hasta hace casi seis años, la vida de Belén tenía una vida casi normal, hasta que perdió a su hija Catalina, luego de nacer. Años después en 2020 perdió a su hijo, en un crimen y a su marido en un accidente. Una sucesión de hechos inexplicables que calaron hondo, y que a cuáquera puede dejarlo sin esperanzas.
“A la gente le digo que ayudar sana, que a veces si nos ponemos a pensar en lo que a nosotros nos pasa, nos hundimos. Somos víctimas de lo que nos pasa, pero si nos victimizamos es peor”, dijo, como una frase que va más allá de la motivación.
La felicidad del otro es un disparador de alegría para Belén, pese a todas las malas. Para dar vuelta una página triste de la vida, es necesario tener valor y decisión. Así, de a poco, los males propios se van aliviando con las caras felices de los demás.
“Ver a un niño que está mal y lo ayudás, no sabes cómo te alegra. Que un niño venga y te diga, tía, tenés un juguete. Tía, porque te dicen tía ellos, te consideran una familia”, contó la mujer. Belén ya hizo de su pasado malestar una causa que va más allá de mirarse con autocompasión. La acción de ayudar la ha trasformado.
“Entonces, decís algo bueno hice. Y quiero hacer cositas buenas para el día de mañana ver a mis hijos. Quiero sembrar bien para que después mi recompensa sea ver a mis hijos y estar con ellos”, concluyó.
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