En el relato de las historias neuquinas, hemos recorrido tantos hogares para narrar y visibilizar a sus familias que es imposible llevar la cuenta. Pero nunca antes habíamos relatado el origen de un grupo musical juvenil cuyo creador fuera mi alumno de la ENET N° 1, Fabián Labanca, al igual que muchos de sus compañeros.
La agrupación musical de La Banca, que tuvo varios nombres en su recorrido, formó parte de los conjuntos que desempeñaron un papel importante en la creación de un incipiente movimiento de rock neuquino a mediados de la década de 1980.
“Comencé a jugar al minibásquet en el Club Independiente en 1978. Fue allí donde conocí a dos personas que se convertirían en mis compañeros constantes en 'Condición Humana': Pablo Cabezas, el baterista, y Juan Amelio, el bajista. También contamos con la participación de Gustavo Toledo, conocido como 'Tone', quien nos acompañó en algunos recitales tocando percusión y otros instrumentos auxiliares".
"Continué jugando básquet durante varios años y comencé la secundaria en la Escuela Industrial, la ENET N°1 de Neuquén. En ese año, 1979, Cabezas estaba en otro curso y Amelio ingresó en 1980. Fue entonces cuando empecé a pasar tiempo con estos chicos y otros grupos de adolescentes. Recorríamos las calles juntos, nos reuníamos para escuchar música y trasnochar. Íbamos a los bailes de la época, como Zakoga, Mirror y Pircas. Comenzamos a interesarnos por algunos músicos locales que se presentaban, por ejemplo, en la Sala Conrado Villegas. Entre 1980 y 1981, presenciamos varios recitales de cantautores solistas que nos convertimos en seguidores: Carlos Emma, Guillermo Romero y Edgardo Cabrer. A menudo se presentaban los tres juntos. Emma tenía un estilo similar a "Vivencia", tocaba la guitarra y la armónica; Romero también utilizaba los mismos instrumentos y tenía un estilo similar a "Gieco"; Cabrer, por otro lado, era más rockero, con composiciones ácidas y un estilo histriónico similar a "Charly García". También vi a Emma en otro proyecto más grupal, donde lo acompañaban un baterista y un tecladista, y proyectaban diapositivas. Y Cabrer armó un power trío, La Banda del capitán Puff , y los escuchamos en la Conrado. Se veían en la calle unos afiches del grupo Manantial. Esa era la escena que conocí por esos años, antes de la guerra de Malvinas. El ambiente escolar no era el mejor por esos años, diría que la escuela industrial era como eran muchas escuelas en la dictadura, pelo cortito, camisa y corbata, blazer y pantalón gris. Para ir al taller te guardabas el saco y te ponías el mameluco.
En otro curso desde primer año, estaba un pibe de Fernández Oro, con el que nos íbamos a cruzar recién en 4° año, en el 82, Adrián Lachowicz, que por ese entonces ya tocaba la guitarra criolla, y estudiaba con un profesor de su barrio. Ya hacía un tiempo que con los pibes nos informábamos con la revista "Pelo," de todas las novedades del rock argentino de ese momento, y nos juntábamos a escuchar música. Ya conocíamos toda la discografía de Sui Generis, La máquina de hacer pájaros, y Serú Girán. También a los pioneros Moris, Pappo´s Blues, Tanguito, Los Gatos, Almendra, Vox Dei, León Gieco, Raúl Porcheto.
En el plano internacional conocíamos a The Beatles, Rolling Stones, Queen, Génesis, Dire´strait, Alan Parsons, Led Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd, TheWho, por dar una referencia. El año de la guerra, entonces 4° año de la secundaria, especialidad electromecánica, me enfermé de hepatitis a principio de año y me pasó una clásica que ya la escuché a varios músicos: me pasé 40 días en cama, agarré la guitarra y un cuadernito que tenía guardado con acordes y algunas canciones. Empecé a cantar las canciones que tenía anotadas. No me olvido más el asombro de mi amigo Oscar Funes cuando me escuchó tocar y cantar. Ahí empezó otra película. Aparecieron dos publicaciones tipo cancioneros, sobre rock, e información general: Canta Rock, y Toco y canto, esta última relacionada a la revista Pelo. Compré muchos años la Canta Rock, y aprendí muchos temas con la revista. Me acuerdo de un festival que se hizo en Neuquén para juntar plata para los soldados, y ver por la tele un dúo “Maty y Luis” (Maty Moya, guitarra y canto; Luis Perego, piano y canto). Con 16 años avancé pronto con los temas y cuando volví a clase me empecé a juntar con Adrián de Fernandez Oro.
Ensayábamos canciones de “ Sui Generis”, de “Gieco”, de “Piero”, de “Pedro y Pablo”. Para la primavera de ese año nos invitaron a tocar en un festival, que organizaba un colegio de Centenario, en un bailable del pueblo. Debut ante el público. Gran osadía, siempre digo, porque apenas tocaba la guitarra, cantaba bastante. Mi compañero Lachowicz ,“Lacho”, tocaba más, de hecho asumía la primera guitarra, punteaba. El dúo originario “Fabián y Adrián”. Eran épocas de dúos. Nos prestaban las guitarras, algún amplificador, no teníamos más que las ganas. Así arrancó la previa del proyecto” Condición Humana”. Recuerdo presentaciones en Cipolletti, en F. Oro, fuimos a Zapala a un festival, en donde tocaron algunos grupos de rock, no recuerdo nombres, pero en el que cerró la velada tocaba la guitarra Víctor Colonna, un músico muy conocido en la zona y por supuesto en Neuquén, donde tocamos en unos festivales llamados “Juven Rock” que se hicieron uno en diciembre del 82 y el otro en abril del 83 en el club Deportivo Neuquén.
En el primero, tocaron los antes mencionados Cabrer, Emma , Romero, y nosotros, que nos animamos a tocar un tema nuestro. Y en el segundo varios dúos con similar experiencia o al menos de ese nivel, y nombres originales como “Charly y Nestor”, por ejemplo. En ese segundo festival las estrellas eran el Dúo Natural, (uno de ellos era Cachi Troncoso, que estaría relacionado a nosotros en algún recital como sonidista), que hacían muy lindas versiones de Sui Generis y algunos temas propios, y eran muchachos mayores”.
Ese año tocamos bajo el nombre “Dúo Tiempo”. Ya en la última parte de la dictadura empezaron a hacer presentaciones en la zona artistas nacionales: asistí a recitales de Piero con Prema, Miguel Cantilo y Punch, Riff, Zas, entre otros. La prohibición de pasar en los medios música anglosajona, llenó de rock argentino, folclore y música latinoamericana, las radios. Apareció Baglietto, volvieron Pedro y Pablo, LittoNebbia, Los abuelos de la nada. Vi el recital de Charly García, en Neuquén, acompañado por Willy Iturri, Cachorro López, Bazterrica y Calamaro”.
“Ya venía la apertura democrática, y aparecieron nuevos grupos. El disco “Clics modernos” abrió el camino a la New Wave nacional: aparecieron Virus, Git. Y el gran artista rosarino Fito Páez, a partir de ese momento gran referente. Los ingleses The Police sonaban también por esos días. Ya durante el 83 JuaniAmelio , se había comprado un bajo y un amplificador, y empezó a tomar clases con un pibe que estaba en el grupo” Manantial”, Gabriel Ochoa.” Manantial” era un grupo que tocaba en bailes, pero también tenía una veta rockera. El dúo se amplió a fines del 83 para un festival escolar en Cipolletti, con Juani al bajo y otro pibe de Fernández Oro, que había sido compañero en la escuela, el Pato Villarroel en batería. Estábamos a un pasito de completar el proyecto. Sonaba bastante rockero. Con pocos recursos, poco equipamiento. Solo ganas y mucho amor por lo que hacíamos. Solo faltaba que Cabezas se hiciera de una batería, así que cuando la tuvo, y se puso también a tomar clases con el batero de Manantial (todos pibes de barrio Villa Farrel), a principios del 84 nació el grupo Condición Humana. En el mismo club donde habíamos tocado con el “Dúo Tiempo”, el año anterior, organizamos un recital debut, con mucha concurrencia de público. Y no paramos de tocar en cuanto festival nos llamaban, por supuesto varias veces en nuestro colegio (Enet), en el San Martín, en Fernández Oro, en Allen, en Cipolletti, y llegamos a Roca a un concurso, El Mailén 84, donde ganamos el primer premio a mejor grupo de música popular, y una mención especial a un tema nuestro. Prácticamente todo el repertorio era original. Algunos temas eran composiciones mías o en colaboración con Lacho y empezó a escribir letras Juani, que musicalizamos Lacho o yo. Las letras eran sobre nuestras experiencias, lo que nos pasaba en ese momento, los amigos, la escuela, el amor juvenil.
Hay una canción en particular que la recreamos, a nuestra manera y trataba de los desaparecidos de la dictadura. Esta fue una canción que perduró en el repertorio y es recordada, tal vez como la canción que nos representa. Más abajo voy a contar por qué es un símbolo dentro de nuestro repertorio. Es una canción que escuchamos en una guitarreada, en la playa, en Necochea, un viaje que hicimos con los chicos. No teníamos mucha información, pero era “vox populi” la desaparición forzadas de personas durante la dictadura. Era jugado todavía que un grupo de jóvenes se animara a cantar sobre ese tema.
Íbamos tres del grupo al mismo curso, ya en 6° año (Lacho, Pablo y yo), y Juani estaba en 5°. Ese curso de la Enet que egresó ese año, albergaba a otro grupo: “Alto Voltaje”. Estaba integrado por Leo Di Renzo y Johny Camelli, que eran compañeros nuestros, guitarra y bajo respectivamente, el hermano menor de Di Renzo en la batería, e incluso incorporaron a otro compañero de aula, el “Comegato” Milko Sinigoj en voz.
Se dio una suerte de competencia entre los dos grupos, pero competíamos en categorías diferentes. Ellos hacían Heavy metal, se lookeaban con camperas de cuero y todo, y nosotros éramos más clásicos. Ellos eran “duros” y nosotros “blandos”, para los distintos seguidores. Estaba todo bien, y tocamos unas cuantas veces juntos. Y hasta teníamos en el curso un émulo de “Gieco”, Daniel Amaya, que también aparecía en los festivales con guitarra y armónica, que tuvo un dúo con otro compañero, Mario Basset. Otro grupo que conocimos por esos años fueron Los Radios, de Allen. Un grupo con una estética más punk, mayores que nosotros, y por esos años con otra experiencia.
Nos invitaron a tocar con ellos en Allen, y nos cruzamos en un festival en Cipolletti. Gustavo Ferreyra guitarra y voz, Nelson Lema en batería, Cachi Baker en bajo, y Roque Amado en primera guitarra. Habían teloneado a “Piero con Prema”, en una gira que hicieron por el valle en el 83, y les habían hecho una buena nota en el diario Rio Negro. También, conocimos a Orfeo, una banda de rock-fusión, que integraba Luis Perego, Roberto Berenguer y el famoso bajista cipoleño Yogui. Algunos músicos que rondaban la escena y andaban en algunos grupos eran Jorge Eney, pianista fallecido; Miguel Couto, baterista; también por esos años había explotado el folklore electrificado, y había algunas experiencias rockeras- folklóricas. Nombro un grupo que se llamó “La Minga”, que me acuerdo del baterista Jorge Ambroghetti; pero tuvimos una muy buena relación con el grupo “Amalgama”, más folklórico latinoamericano, con Sergio López (saxo y flauta traversa), Fabián Gallina (percusión) y Roberto Claros (guitarra). Este último me prestó una guitarra eléctrica unos meses al año siguiente. Se nos acercó al núcleo del grupo una persona que fue muy importante en la producción de algunos shows: Carlos (Charlie) García, cipoleño. Él era Dj de profesión, en ese momento trabajaba en el boliche bailable “Mirror” y nos consiguió una fecha en ese lugar hacia fines del 84.
Con buena concurrencia y muy ajustados tocamos en el centro neuquino, empezando a consolidarnos como agrupación. Llegó el verano, empezamos a delinear nuestras vacaciones. En enero de 1995 paramos un ratito y yo me fui con una novia a la cordillera y mis compañeros se fueron para Las Grutas. A Lacho le ofrecieron reemplazar a la primera guitarra de Los Radios, cosa que aceptó y estuvieron haciendo la temporada en la playa. Pablo y Juani fueron también y compartieron esa experiencia de nuestro compañero. Además, Lacho conoció a una piba de Roca, con la que estuvo varios años. Se hizo muy amigo y compinche del cantante líder de la banda, Gustavo Ferreira, que era un gran músico y compositor. Gustavo tenía la idea de irse a estudiar a Rosario, así que a la vuelta de las vacaciones invitó a nuestro compañero y este aceptó. Se fue a Rosario nuestra primera guitarra. Fue un cimbronazo fuerte en el conjunto, pero lo aceptamos, ya que nos parecía que era un paso importante para él. Así fue que en vez de parar con la actividad decidimos reemplazarlo. Y elegimos a Gabriel Ochoa, del grupo “Manantial”, de “Villa Farrel”, que le había dado clases a Juani, de bajo, y era un músico tremendo. Era bajista, pero tocaba muchísimo la guitarra. Con mucha experiencia en el escenario, era músico desde muy pibe, tocando como él decía: “pachanga”, música para bailar, junto a otros entre los que estaba su hermano Marcelo (Marcelino), que tocaba teclados. Casi sin darnos cuenta el grupo empezó a cambiar el aire. Gaby tomó la batuta y empezamos a trabajar canciones nuevas, y algunas del viejo repertorio.
La música se transformó. Había un aire funk, guitarra con chorus, las composiciones se multiplicaron. Juani empezó a escribir mucho y Gaby ponía una música nueva y nos iba enseñando como tocarla. El equipamiento mejoró, tuvimos un sonidista fijo, que venía también de “Villa Farrel”, Marcelo Muñoz. Planificamos una presentación debut, en la Enet 1, ya con nombre el show: “Manicomio XXI”, en alusión a un tema nuevo, y a un decidido cambio en la temática de las letras. Algunos empezamos a simpatizar con ideas de izquierda y la lírica viró a la crítica social, al antiimperialismo y a darle a la represión que habían ejercido los militares pocos años antes. En ese contexto encajaba perfectamente la canción sobre los desaparecidos.
La presentación resultó exitosa, con las butacas a pleno, buen sonido y algo de luces. Empezó otra etapa. En ese concierto apareció el hermano de Gaby en teclados, como invitado. Marcelo Ochoa nos acompañó casi todo el año. Hicimos una presentación en el bailable Zakoga, en Cipolletti, al lado del puente, tal vez el boliche más grande de la zona. En ese momento Charlie era el Dj y nos consiguió el trabajo. Luego llenamos la Conrado Villegas hasta quedó gente afuera. Para ese show, trabajamos en la escenografía con un fotógrafo que nos empezó a seguir, Daniel Musatti. Buenas luces que tenía el teatro y otro show temático que se llamaba “Atacan los duendes”. Nuestro amigo García se hizo cargo de los afiches que tenían una particularidad: aparte de nuestra foto, que era de Musatti, el título estaba puesto al revés.
Entonces el centro de Neuquén estaba empapelado y la gente se paraba dando vuelta la cabeza para leer de qué se trataba. El recital empezaba con una actuación teatral de un mimo, que representaba un diablito que quería romper todo, y de repente aparecíamos nosotros, todos con una especie de quimonos blancos, arrancábamos a tocar y entraba un huevo enorme que tenía un ojo en el medio simultáneamente. Con un poco de humo, tratando de emular a Génesis. Y nosotros los duendes, que de duendes teníamos poco, pero estábamos dispuestos a atacar con nuestras canciones y estábamos muy seguros de lo que hacíamos. Fue memorable, tanto por el público, el concepto y la puesta en escena. No se había visto algo igual en la zona. Como dato para la historia también, tuvimos un grupo soporte: PaxXilon, más chicos que nosotros, con los hermanos Bongiovani integrando de ese conjunto.
Tocamos en un bailable de Neuquén, “Step”, en el río Grande, a instancias de García, que empezó a trabajar ahí y planeó una situación musical mezcladas con algunas computadoras que generaban imágenes en distintos lugares del boliche. Así llegó la primavera. La nueva formación había debutado en junio, y en cuatro meses hicimos muchas cosas. Para el 21 de septiembre, antes y después de ese día, nos contrataron por todos lados. Tocamos ese fin de semana, el viernes 20, en las fiestas escolares de la Enet 1 y el colegio San Martín en Neuquén. El sábado 21, abrimos la fiesta de la isla Jordán, en Cipolletti, donde el artista estelar era “Nito Mestre”. Fuimos esa noche a Lago Pellegrini, en Cinco Saltos, y a Catriel, en este caso a un baile en un club, donde quedamos medio descolocados, pero hicimos igual la presentación y la gente salió a bailar como si fuéramos un grupo de “pachanga”. (había otro grupo que era el animador principal, y nos hicieron el aguante). El domingo 22 a la tarde volvimos al lago Pellegrini, y compartimos el escenario con el uruguayo Yabor. Cerramos en Neuquén la gira de fin de semana en una zapada con Mestre en el boliche “Step”.
A Nito lo acompañaron los muchachos del grupo “Orfeo”. Se venía el fin de año. Yo tenía un empleo en una fábrica de ladrillos cerámicos, en la administración, después de haber optado por no seguir estudiando ese año. Pablo había empezado ingeniería, había abandonado y solo estaba tocando con el grupo. Juani estaba terminando la secundaria. Los Ochoa trabajaban en los bailes. Andaba rondando una idea de irnos a estudiar a La Plata. Pablo y Juani lo decidieron pronto. Yo me acoplé bastante después. Pero esa idea iba empezando a generar el fin de la etapa. Un día nos planteamos qué hacer con el dinero que teníamos juntado: nos compramos un equipo de sonido, o repartimos la plata. Optamos por repartir la plata y sellamos la suerte del grupo. Por esos días hicimos una grabación en una sala de ensayo en Cipolletti que pertenecía al bajista Yogui. Prácticamente el set completo que veníamos haciendo, con una mezcladora de 8 canales directamente mezclada a cinta. Al menos quedó el registro en un casette, que me ocupé de masterizar y digitalizar muchos años después y es el único documento sonoro del grupo. No está el teclado de Marcelo. La grabación la hizo Cachi Troncoso. Planificamos el show despedida (por lo menos para mí era la despedida, no sé si para los otros).
A mí me parecía que había que darle un cierre a todo el proceso acorde a lo que había sido “Condición Humana”. La presentación final se llamó “Por un futuro”. Un poco contradictoria con una despedida, pero el título estaba más referido a nuestro futuro como país, como personas, como humanidad. Hicimos algo de luces y escenografía, en la Conrado, mitad de sala y un poco de tristeza por la separación. Nos retiramos con la frente alta. Dejamos de ensayar, y tuvimos un ofrecimiento nuevamente para volver a tocar. Nos juntamos una vez más a ensayar los temas, pero ya no sentimos la magia. Lo dejamos ahí, porque no tenía sentido seguir cuando tres de cuatro nos íbamos a ir buscando otros horizontes. En La Plata Juani, Pablo y yo, nos encontramos con Lacho que se había venido de Rosario.
En Neuquén solo se había quedado Gaby, del grupo estable. Estábamos de nuevo los originales, así que intentamos un proyecto nuevo, incorporando a otro músico. Finalmente me abrí por motivos musicales y los pibes armaron otro grupo.
Ese fue el origen y la despedida del Grupo "Condición Humana" en palabras de Fabián La Banca. Historias musicales pioneras en su género y en nuestra ciudad, en las que se unen el talento, la creatividad, la amistad y el compañerismo que tuvo su génesis en una escuela técnica en la que tuve la oportunidad de ser su profesora. Honramos su tarea que damos a conocer.
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