La provincia elige tres bancas en la Cámara alta en los próximos comicios. Una porción de poder que cotiza en alza en el tramo final y más decisivo de la gestión de Milei.
Las tres bancas al Senado que se pondrán en juego en las próximas elecciones le suben aún más el precio a Neuquén. En diciembre, los dos legisladores que asumirán por la mayoría y el tercero, correspondiente al que obtenga el segundo lugar en los comicios, lo harán en un momento crucial para el país y con un gobierno nacional que viene de sentir un duro revés, precisamente de mano de los representantes de las provincias en el Congreso.
Sería ficción anticipar cómo quedará parado Javier Milei, tras esas elecciones, para enfrentar los dos años que le quedan de gestión. Pese a su despoblado bloque en la Cámara de Diputados el líder libertario pudo salir airoso en casi todos los proyectos que precisaba, con ayuda de las bancadas dialoguistas. Pero, en el Senado, las cosas ya son distintas luego del traspié con los pliegos de los dos jueces propuestos para la Corte Suprema de Justicia y, eventualmente con la media sanción de la Ficha Limpia que adeuda la Cámara alta.
En Neuquén, al peronismo le pasa factura la dura interna nacional entre Axel Kicilloff y Cristina Kirchner; más la que se avivó a nivel distrital con el enrolamiento de dirigentes territoriales al gobierno actual. Este partido pone en juego las actuales bancas de Oscar Parrilli y Silvia Sapag, respectivamente.
El PRO sufre una fuerte sangría con los pases de dirigentes a La Libertad Avanza; mientras que el oficialismo nacional busca afanosamente una ingeniería que le permita, al menos, conseguir un escaño en el Senado en una provincia donde sembró múltiples adversidades: desde los universitarios a los miles de despidos en la administración pública que dejó la motosierra. Por el PRO entró la errática legisladora Lucila Crexell que luego creó su propio bloque aunque con sintonía fina con el gobierno neuquino ... y con Milei.
El oficialismo provincial, por su parte, afina una embestida proselitista aceitada, con el estímulo que supone quedarse con dos bancas vitales en una Cámara determinante para las sanjuaneadas instituciones del país.
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