“Es un acto de reparación para los familiares como también para la institución ya que fueron estudiantes, docentes y trabajadores de nuestra universidad que por sus creencias, luchas y militancias fueron víctimas de la dictadura militar”, explicó a LMNeuquén Beatriz Gentile, rectora de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en relación al acto de entrega de legajos a familiares de víctimas del terrorismo de Estado de esa casa de estudios.
La actividad que se realizó este lunes en el Aula Magna Salvador Allende forma parte de la agenda de eventos organizados por la universidad en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que se conmemoró el viernes pasado.
Los legajos corresponden a Oscar Humberto Andrada, Juan Carlos Castillo, Oscar Hodola, Javier Seminario, Lilian Giménez, Héctor Campos, Arlene Seguel, Mirta Tronelli, Cecilia Vecchi, Alicia Pifarré, Adriano Daniel Ramírez (estudiantes desaparecidos), de Luis Frum y Susana Mujica (docentes desaparecidos) y de Graciela Hernández, Mónica Morán, Ricardo Alfredo Raby, Rodolfo Mario Teberna y Miguel Ángel Tierno (no docentes).
Para Gentile la entrega de los legajos a familiares de estudiantes, docentes y no docentes de la universidad “es el registro documental que nos falta para llenar estos espacios de memoria. Le estamos poniendo presencia a una ausencia”. En esos legajos, según la historiadora, no sólo están los datos, foto, y la carrera que iban a estudiar sino también “cuáles eran sus sueños al ingresar a la universidad”. "En estos legajos hay parte de la historia personal, pero también de la historia argentina". "Este es un paso más en la larga lucha contra la impunidad", sostuvo Gentile.
Precisó que el proceso represivo y de desmantelamiento de la universidad se inició antes del golpe del 24 de marzo de 1976 con la gestión del interventor Dionisio Remus Tetu en 1974, en pleno gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, designado por el entonces ministro de Educación Oscar Ivanissevich.
Ivanissevich tenía como objetivo central “terminar con el caos y la infiltración marxista" en el sistema educativo y especialmente en las universidades nacionales. “Con la misión de Ivanissevich y la presencia de Remus Tetu que interviene la Universidad del Comahue y al mismo tiempo la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, consustanciado con un ideario anticomunista, comienza en ese momento la persecución a estudiantes y cesantías de docentes y no docentes, se termina con los reglamentos y los estatutos propios de la universidad y se impone un estatuto propio de esta intervención y esto va a continuar después con el golpe militar. Por eso decimos que en nuestra universidad el período de represión fue más extenso”, describió Gentile.
“Este oscuro personaje llevó a cabo la tarea de ‘depurar’ la universidad de todo vestigio que se considerara perturbador para el orden público y acabar con el clima de transformación académica y social que la universidad había emprendido en los años 70”, señaló Gentile sobre Tetu, quien pertenecía a la agrupación “Guardia de Hierro”.
La rectora de la UNCo comentó que, en relación a la población estudiantil, la gestión Tetu impuso el examen de ingreso basado en un tríptico de materias, la obtención de un certificado de buena conducta otorgado por la Policía Federal y el disciplinamiento en cuanto a la vestimenta y presentación personal de los alumnos. Más tarde con la instalación de la dictadura se impondría un arancelamiento a los estudios universitarios. La matrícula total de la universidad pasó de 1.127 alumnos en 1976 a 422 alumnos en 1978. A partir de 1976, fue designado el coronel Osvaldo Feijoo como delegado interventor de la universidad.
Gentile precisó que son 18 las personas que la ordenanza reconoce que fueron detenidas desaparecidas durante la última dictadura militar en la UNCo, entre ellas 11 estudiantes, el resto docentes y trabajadores. “La entrega de estos legajos también es la reconstrucción de la historia de la universidad en estos 50 años de vida”, concluyó la rectora.
Un rector fascista rodeado de matones
Desde comienzos de los años 70, el movimiento estudiantil universitario tuvo una gran actividad en la región hasta el comienzo de la dictadura militar en marzo de 1976. Por ello, la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) fue “uno de los lugares donde con más virulencia se implementó el plan represivo, en especial a lo largo de 1975 y 1976”, como señaló a LMNeuquén el historiador Pablo Scatizza, autor del libro “Un Comahue violento. Dictadura, represión y juicios en la Norpatagonia Argentina”. Para Scatizza la dinámica represiva que caracterizó a la región fue en la misma sintonía como parte del plan sistemático que se desplegó en todo el país.
La asunción en 1975 como rector interventor de la UNCo de Dionisio Remus Tetu, un exiliado rumano que había integrado el movimiento fascista, uiltranacionalista y antisemita Guardia de Hierro, fue fundamental para desplegar el accionar represivo en la universidad. Tetu, quien en ese período paralelamente cumplía la misma función en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, “puso en práctica una serie de acciones represivas y persecutorias”, subrayó Scatizza.
Durante su gestión como interventor en la UNCo, hasta el 19 de noviembre de 1975, impuso a través de la Resolución 0056/75 “depurar la estructura curricular de la UNCo de todo lo tendencioso, unilateral y partidista, así como de todo lo que pueda atentar contra la seguridad del país”. Al mismo tiempo advertía que “toda transgresión a las disposiciones serían sancionadas de inmediato con el máximo rigor y sin contemplación alguna”.
Lo primero que hizo Tetu al asumir su cargo de interventor fue cesantear a 85 docentes sin otro fundamento que “asegurar el clima de paz, orden, austeridad y trabajo” y declaró prescindibles a 46 trabajadores no docentes.
La política persecutoria de Tetu se extendería en el ámbito universitario a través del hostigamiento a estudiantes y agrupaciones políticas, como también la prohibición de la militancia partidaria y de los centros de estudiantes. Para desplegar este accionar represivo tanto en las aulas como en los pasillos de la universidad, Tetu incorporó “una legión de matones que servirían fielmente sus órdenes represivas”. El 14 de abril de 1975, Tetu contrató, “a raíz de la necesidad de contar con custodia de los edificios de esta universidad” a un grupo de sujetos que formarían "su grupo de choque en la región”, expresó Scatizza.
Entre ellos, contrató a Raúl Guglielminetti, quien pertenecía a los servicios de inteligencia. Al menos diez personas fueron los que conformaron este grupo de choque, encargados de ejecutar diversos atentados con bombas y tiroteos. De hecho, Scattiza mencionó que "incluso se incorporaron como estudiantes encubiertos para hacer tareas de inteligencia dentro de la universidad. Cuando llegó la dictadura, Remus Tetu ya había hecho gran parte del trabajo”.
"La patota de Remus Tetu caminaba los pasillos de la universidad, comía en el comedor universitario, escuchaba conversaciones de estudiantes, los espiaba, andaban armados y mostraban las armas para infundir terror”, contó María Pilar Sánchez Cuesta, una estudiante de la facultad de de Economía y Administración, que fue amenazada por el propio rector por estar repartiendo volantes por un reclamo docente y que se había comprobado que "desarrollaba una tarea sistemática de proselitismo subversivo en el comedor universitario, sumando a ello la condición agravante de que Sánchez Cuesta fuera chilena", según Tetu. "Bolche hija de puta, te voy a mandar del otro lado de la cordillera", fue el grito desencajado que escuchó la estudiante por parte de Tetu en la oficina del rector. Sánchez Cuesta comentó que "los matones del rector" caminaban por los pasillos, comían en el comedor universitario y escuchaban las conversaciones de los estudiantes. "Remus Tetu estaba rodeado de matones, que iban al comedor estudiantil, se sacaban sus sacones y apoyaban las armas arriba de las mesas para intimidar, para infundir terror", recordó. "Nosotros los teníamos identificados porque ellos se ocupaban de que nos diéramos cuenta de que eran los matones", agregó.
La mujer precisó que estuvo una semana detenida en una dependencia policial y al cabo de unos días fue obligada a salir del país. "Remus Tetu mandó resoluciones a la embajada de Chile, a Migraciones y otras dependencias, lo que derivó en mi expulsión del país", sostuvo.
“El miedo se sentía en cada rincón de la universidad, figuras extrañas aparecían paradas en los pasillos pidiendo documentos; eran los servicios de inteligencia, la gente del interventor Remus Tetu”, recordó en una entrevista con LMN Elida Sifuentes, quien el 12 de junio de 1976, mientras estudiaba la carrera de Servicio Social en la UNCo fue secuestrada. Afirmó que días antes de su detención ilegal en su casa de Neuquén estaba “atemorizada” porque sabía que ya habían secuestrado a sus compañeras de la carrera, Cecilia Vechi, Arlene Seguel y Mirta Tronelli, y a Susana Mujica, docente de la carrera, que aún se encuentran desaparecidas.
“La patota de Remus Tetu amenazaba a los profesores, iban hasta sus casas y les decían que renunciaran o los iban a hacer boleta”, describió Gladis Sepúlveda, quien el 11 de junio un grupo comando irrumpió en su casa de Cipolletti y al no encontrarla detuvieron a sus padres y a su abuela, de 78 años. Dos días después se presentó en la comisaría de Cipolletti y quedó detenida.
Todos estos ataques, persecuciones y amenazas fue avalada por un importante cúmulo de prueba que se fueron presentando en los juicios por delitos de lesa humanidad que se desarrollaron en Neuquén.
Te puede interesar...














