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La Mañana Vaca Muerta

Vaca Muerta: museo moderno de la tensión de capital y trabajo por el modelo de expansión

Mientras el cuentapropismo avanza en todas las ramas de la economía, en los yacimientos la puja entre gremios y patronales se agranda en línea con la actividad.

Con Vaca Muerta se abrió para Neuquén una oportunidad histórica. Pero para que el desarrollo energético sea verdaderamente inclusivo, debe incorporar al trabajo como eje central. La solvencia del capital no puede construirse sobre la fragilidad del empleo. Si el modelo extractivo no se transforma en un proyecto de país, lo que se consolida no es desarrollo: es desigualdad.

La tensión entre el capital y el trabajo es moneda corriente en industrias concentradas en plena expansión. En ese sentido, Vaca Muerta recrea un escenario cada vez menos usual, en pleno avance del modelo cuentapropisma de relación laboral.

La estrategia de Exxon en Vaca Muerta consiste en aplicar las experiencias en EE.UU. en pozos horizontales.

Tres noticias de este miércoles (23/7/2025) vinculadas a Vaca Muerta dan lugar al análisis del planteo inicial, recogido de la conjugación de discursos y declaraciones de políticos y representantes sindicales desde que la explotación de la formación shale neuquina entusiasma tanto al capital como al trabajo.

Contrastes en Vaca Muerta

Mientras las petroleras celebran mejoras en sus calificaciones financieras, miles de trabajadores enfrentan despidos y suspensiones. La mejora en la calificación crediticia de seis petroleras que operan en Vaca Muerta —Vista, YPF, Pampa Energía, Tecpetrol, Pan American Energy y Pluspetrol— por parte de Moody’s Ratings marca un hito financiero en el sector energético argentino.

Pero este avance contrasta con la situación del trabajo, según las manifestaciones gremiales y acciones planteadas desde ese sector contra la avanzada empresaria sobre sus representados. La contradicción entre la expansión del capital y la precarización del trabajo revela una tensión estructural que interpela el modelo de desarrollo que se está consolidando en torno a Vaca Muerta.

Desvinculaciones en la construcción

La delegación Añelo de la UOCRA denunció esta semana la desvinculación de 196 trabajadores de la construcción, en su mayoría empleados de AESA, subsidiaria de YPF. La finalización de cuatro grandes obras dejó sin actividad a personal técnico, operarios y choferes, incluyendo 49 mujeres que habían logrado insertarse en un sector históricamente masculinizado.

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“No hay nuevos proyectos que absorban esta mano de obra. Más de 2.000 trabajadores permanecen sin actividad en la zona”, advierte el gremio.

La situación no es nueva, pero se agrava por la falta de planificación territorial y la ausencia de políticas públicas que vinculen la producción energética con el desarrollo local.

Despidos y suspensión de petroleros

En paralelo, el Sindicato de Petroleros Privados anunció un paro de 48 horas ante la falta de respuestas por los 1200 despidos y más de 2000 suspensiones en la actividad hidrocarburífera. La medida busca visibilizar el conflicto y presionar por la reincorporación de los trabajadores.

“Esto no es una crisis, es una decisión empresaria de dejar de ganar”, denunció Marcelo Rucci, secretario general del gremio. La frase sintetiza una lógica empresarial que prioriza la eficiencia financiera por sobre la estabilidad laboral, incluso en un contexto de crecimiento productivo.

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El paro petrolero seguramente será impedido, a través de una negociación o de una conciliación obligatoria, pero es impensado que Vaca Muerta se pare dos días. De suceder, las consecuencias darán lugar a cientos de columnas de opinión. Para bien de los lectores, la factibilidad para esa huelga es ínfima.

Vaca Muerta, imparable

Las proyecciones oficiales estiman que la producción podría alcanzar los 2 millones de barriles diarios hacia 2033, con exportaciones superiores a los 30.000 millones de dólares anuales. La finalización de obras clave como el Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) y el proyecto Argentina LNG permitirían ampliar la capacidad de transporte y consolidar a Argentina como proveedor energético global.

Sin embargo, estos avances no estás exentos de las tensiones entre partes. Si las remuneraciones de los trabajadores pierden poder de compra y a las pymes locales se les reducen los márgenes hasta la asfixia, las tensiones serán permanentes, con picos, como el que se transita por estos tiempos, a la espera de un boom que legaría desde 2026 con la aceleración de la producción gracias a la mayor capacidad de transporte que darán los ductos en pleno desarrollo.

Renta y nada más

El modelo extractivo que se consolida en Vaca Muerta privilegia la rentabilidad corporativa, la concentración de inversiones y la lógica de enclave. También hay tensiones políticas. Las provincias productoras, si bien reciben regalías, no siempre logran incidir en las decisiones estratégicas de las operadoras. El Estado nacional, por su parte, promueve inversiones sin condicionar el desarrollo al impacto social que produzcan.

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El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), recientemente aprobado, busca atraer capitales con beneficios fiscales y garantías jurídicas, pero ha sido criticado por su escasa exigencia en términos de contenido nacional, empleo local y desarrollo industrial.

La situación en Vaca Muerta también interpela a los actores técnicos y profesionales que participan del ecosistema energético. La planificación de obras, la gestión de recursos humanos, la evaluación de impacto ambiental y la articulación con proveedores locales requieren una mirada integral que supere la lógica de corto plazo.

La sostenibilidad del desarrollo no puede medirse solo en barriles exportados o en mejoras de calificación crediticia, sino en la capacidad de generar empleo digno, infraestructura social y cohesión territorial.

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