"Nunca fue un tema tener hijos, pero ahora quiero adoptar"

Cacho Castaña. A corazón abierto. Presentó su biografía, Vida de artista, y habló de todo: los dos meses en coma, la droga, la monogamia, su joven mujer y los milagros.

Paula Bistagnino
Especial

En la puerta del Maipo Cabaret, desde temprano esperan algunas señoras y señores. A 200 metros del Obelisco, cerca de todos los teatros, bares, cafés y calles en los que pasó gran parte de sus días y noches; ahí, sobre el escenario, con sombrero, pantalón y zapatos blancos, camisa caribeña y saco, repasa su vida. Esa "vida de artista" -nombre del libro autobiográfico que acaba de publicar Planeta- que lo llevó del fracaso al éxito, de la fama a la oscuridad, de las drogas al coma. Con un bastón que lo ayuda a caminar y aún conectado a una mochila de oxígeno, dice que se siente bien, que está mucho mejor, que el EPOC es muy difícil de curar, pero que recuperó un 30 por ciento de su capacidad pulmonar: tenía el 18% y ahora está en el 48%. Se divierte, como siempre. Putea, como siempre. Dice que lo hizo todo y que lo volvería a hacer casi todo. Está orgulloso de la vida que llevó, una que equivale a más de dos de cualquier otra persona. Así lo dice en la primera línea de su libro: "Soy Cacho Castaña, nací un 11 de junio, tengo 73 años; 150 de una persona normal".

¿El amor llegó con Marina?
Con ella llegó el amor verdadero, porque no es un amor mezquino. El amor en general tiene la hipocresía de la seducción: eso de que uno cambia cuando se enamora. En realidad uno cambia para seducir. Y entonces le decís que te gusta el cine romántico y es mentira. Con Marina (Rosenthal, 36 años) no necesité dejar de ser como soy y ella se enamoró del tipo que soy.

¿Es cierto lo que dice el libro de tu abuelo?
Sí, sí. Yo tenía 14 años y mi abuelo, que había venido de Italia, tenía 93. Dormía conmigo en mi cuartito y yo escuchaba a la noche el chiqui, chiqui, chiqui. Y le dije a mi hermano "Che, a mí me parece que el abuelo se toca" (se ríe). En esa época no era común hablar de sexo, ¿viste? Bueno, el tema es que un día el viejo pidió una bambina y se la encanutó un par de horas. Cuando se iba la mina le preguntamos qué tal la había pasado. Y dijo: "Ojalá a ustedes se les parara como al viejo".

¿Cómo escribiste "Café la humedad"?
El café se llamaba El Progreso, pero adentro llovía hasta cuando afuera paraba... Era un asco: los baños no tenían puerta y los muchachos orinaban a dos metros. Tuve la suerte de parar en ese café y conocer a médicos, ladrones, asesinos y buena gente. Pero el lugar era un desastre. Escribí esa letra en un rato, una tarde en la oficina del maestro Oscar Toscano, mientras él salió un rato y yo lo esperaba. Cuando la vio, me dijo: "No sabés lo que escribiste". Me di cuenta con el tiempo de lo que había escrito.

Si tuvieras que ilustrar tu vida con un género musical, ¿sería rock, tango, cumbia?
Es un tango, no me cabe la menor duda. Porque el tango tiene más profundidad que un rock o que una balada. El tango es un ejemplo de vida, con todos sus matices. Es una biblia. Y si no está el viejo dicho: "Andá creciendo que el tango te espera". Una vez que pasaste algunas feas, entendés el tango.

La sociedad tendría que hablar de las drogas sin miedo. Explicarles a los chicos de qué se trata, porque lo tapado llama mucho más la atención".

En el libro contás que un amigo te ofreció un trabajo en un crucero. Pero como sos claustrofóbico te quedaste en Miami, en la primera parada, y te pusiste a hacer radio siendo ilegal. Y te volviste...

Sí, me agarró el tango y me vine corriendo. Al mes estaba pensando en la calle Santa Fe, en las minas que venden flores, en la calle Corrientes, en el centro... Estaba en la radio y dije: "Mañana me voy". Lo dije al aire. Al rato dije: "Esta noche me voy". Salí, me saqué el pasaje y a la noche me embarqué. Apenas llegué me vine acá al centro a tomarme una cerveza y comerme una pizza y me quedé horas mirando el Obelisco.

¿De dónde sacaste la fuerza para recuperarte?
Creo en las energías del ser humano, y las cadenas de oraciones creo que fueron muy importantes para mi salud. Somos todos una antena receptora, y si tirás la buena, vuelve. Y si tirás la mala, cuidado. Creo en el poder de la energía: nunca nos ponemos a buscar la explicación, pero cuando uno está de espaldas y alguien lo mira, se da vuelta porque siente esa energía del otro.

Decís que no viste la luz cuando estuviste en coma. ¿Escuchabas voces?
Sí, en el subconsciente sí. La de Palito Ortega, que venía todos los días, me agarraba la mano y me hablaba. Igual que Marina, mi mujer. Algo de eso entró en mí. Desde que zafé, creo mucho más en los milagros y me parece que todos estamos capacitados para ser milagrosos.

Sos un hombre de muchas mujeres y tuviste a las mejores: hay un capítulo dedicado a Susana.

¿Hablaste con ella?
No, porque siempre hablamos de eso en el programa, así que no se va a enojar.
Enfrentaste a Monzón por ella cuando era campeón.

Cuando el hombre está caliente hace muchas boludeces.

¿Cambiaste de vida para recuperarte?
Sí, cambié los hábitos: hago kinesiología, trato de nadar, como sano, me porto bien, me acuesto temprano... ¡Estoy insoportable! Pero bueno, es la ley de la vida.

Te disputaste a Mónica Gonzaga con Julio Iglesias y ganaste...
No, bueno. Igual, yo no me la disputé, ella era la traviesa que iba y venía. Siempre, siempre, la culpa es de las mujeres. Yo la quiero mucho igual, aunque me fajó: cuando volvió y me encontró con mi secretaria, que estaba buenísima, no se lo bancó y me dio vuelta la cara de un cachetazo.

¿Creés en la monogamia?
Es una pelotudez. Hay demasiada cosa en la vidriera como para elegir una sola.

¿Cómo viste el momento en el que te dijeron que eras estéril?
No fue un drama. Porque nunca ser padre fue un leitmotiv en mi vida, la verdad. Nunca fue un tema tener hijos, pero ahora tengo ganas de adoptar. Lo estamos pensando.

¿Vas a volver a cantar?
Sí, muy pronto.

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