Pablo Trapero: "Esta película fue como volver a cumplir sueños"

Nuevo desafío. El director regresa con un film que promete un largo recorrido: La quietud, con Graciela Borges, Martina Gusmán y Bérénice Bejo.

POR PAULA BISTAGNINO / Especial

Desde que a los 28 años dirigió Mundo grúa y recibió el premio de la crítica en Venecia, todo en el recorrido de Pablo Trapero fue una gran aventura y nada de lo que hizo pasó indiferente: desde El bonaerense -segunda película- hasta El Clan –la última y multipremiada-, pasando por Leonera y Carancho, las dos en las que se destacó su mujer y socia creativa en Matanza Cine, Martina Gusmán. Ahora, en La quietud (se estrena el jueves), ella tiene uno de los papeles más arriesgados de su carrera (ver recuadro). Y él, una película con la que quiebra el mundo siempre más marginal que suele habitar y viaja a una familia de la oligarquía que pronto mostrará –en capas- la perversión, la crueldad y la oscuridad.

¿Cómo cae esta historia en la trayectoria de Pablo Trapero?

Es un proyecto que fue lindo de hacer y que es un poco diferente a las últimas películas. Pero para mí fue encontrar una extraña continuidad con El clan. Sobre todo a partir del retrato de esta familia, endogámica, encerrada, llena de secretos y de misterios, y de una violencia que va creciendo a lo largo de las escenas. En contraposición, acá esta familia se cuenta desde el punto de vista de las mujeres y los hombres están un poco como accesorio de estos personajes, sometidos a la voluntad y el deseo de estas mujeres.

Se la ve como una gran película, por la complejidad de la trama...

A la hora de filmar pudimos darnos un tiempo para trabajar con los actores, algo que no es habitual debido a que apremian los gastos. La posibilidad de intercambiar y charlar sobre cada personaje le dio al set un ambiente disfrutable. La película es mucho más que el reencuentro entre dos hermanas. Hay un pasado oscuro que se va reconstruyendo, con hijos grandes que no saben toda la historia. Es una historia sobre lo no dicho.

Es la historia de esas familias en apariencia perfectas...

Es como una familia de filtros de Isntagram, ¿no? Con la casa del campo y esa vida con sirvientes que parece que salieron todos de una revista de modas, va mutando lentamente y va dando lugar a conocer la intimidad de esta familia cuya historia va mucho más atrás que el reencuentro de estas dos hermanas.

¿Qué aprendiste en este film?

Fue una aventura porque hay muchos temas que se van hilando, las cosas que hacen que la narración avance siempre está detrás: no está dicho por ellos. Esa era la idea, el guión, pero una película no es eso que es teórico, sino cómo ese abstracto se vuelva. Y creo que eso aprendí, y que es lo más lindo de esto: que pude recuperar algo que, con la intensidad y el ritmo con los que se filma, a veces uno no tiene tiempo de detenerse en cosas que acá sí, como encontrar el detalle de cada personaje, hablarlo, construirlo entre todos, y aunque había un guión muy estricto, también hubo mucha libertad.

¿Cómo encontraste esa imponente casa de campo?

Se llama La República, es en el corazón de Luján y tiene como dos mil hectáreas. La encontramos como cualquier locación, porque no teníamos ningún vínculo, pero terminó siendo por esas cosas de la ficción, o de la realidad, la casa de la familia Moneta. Y donde pusimos la cama del señor del ACV es el lugar donde estaba Raúl Moneta con ACV. Por esta y por otras razones, creo que filmamos sin saber una parte de la historia de esa familia.

¿Querías volver a trabajar con Martina?

Esta película fue desde el comienzo como volver a cumplir distintos sueños. Sobre todo con los actores. Uno de esos era volver a trabajar con Marti, pero además de volver a tener un personaje en el que pudiéramos explorar juntos. Desde Leonera quería tener con ella un personaje de esta intensidad.

¿Cómo llega Bejo?

Cuando Martina era jurado en el Festival de Cannes y ella estaba presentando El artista, quedé sorprendido del parecido físico que ellas dos tienen. Y con otros parecidos también: tenemos como unas vidas un poco en espejo, en países distintos, porque él es director y trabaja con ella que es actriz, tenemos pibes de edades parecidas, producen juntos…

¿Y Graciela Borges?

Graciela hace muchos años me decía que quería hacer una película con Martina, cuando ella no había hecho nada todavía pero Graciela sabía de su formación. Es el sueño de cualquier director de cine argentino.

¿Y cómo fue?

Pasado el shock emotivo de tenerla en la película, pasa a ser la actriz y lidiás con eso: que le duele la rodilla, se queda sin voz, no llega, putea, sufre y sufre. Yo le decía: ‘Disfrutá, porque cuando termine vas a putear’. Que es lo que hacen todos los actores: putean cuando filman y putean cuando no filman. En el mientras tanto, no estás diciendo ‘Ohhh, Graciela’, sino que decía ‘Dale, Grace. Sí, son diez horas más. Vamos. Vamos’.

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