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La Mañana Argentina 1985

1985 una película para ver y reflexionar

"Argentina fue el único país del mundo donde un tribunal civil juzgó a una dictadura". Ese es el cartel final de 1985 y a mi juicio el mensaje más importante de la película.

Tratándose de una ficción basada en hechos reales es necesario analizar por un lado los hechos históricos, y por otro, como los refleja la película.

La primera aclaración necesaria es que, una película de dos horas no es un tratado de historia, por lo tanto, su contenido está limitado al eje del relato, dejando afuera muchos temas que fueron parte del contexto y la realidad de los hechos. He leído críticas del tipo “porque no explicaron esto, o lo otro”. Bueno, porque el guionista no supo o no se le ocurrió, y porque debe condensar la historia en un relato de dos horas, que además necesita tener cierto ritmo cinematográfico.

Para quienes vivimos muy de cerca ese momento, y luego seguimos leyendo sobre estos temas, no existen grandes novedades en la película. Si confieso, que no pude evitar el nudo en la garganta, y alguna lagrima escapada, cuando Darín-Strassera pronuncia su alegato que cierra con el: “señores jueces Nunca Más” y la sala estalla en aplausos, y el final, cuando se leen las condenas, y los genocidas rumiando bronca, salen de la sala.

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Pero, para aquellos menores de 40/50 años que no vivieron ni el proceso militar, ni la primera etapa de la democracia, es una película indispensable para acercarse a una parte de la historia argentina y para sentirse genuinamente orgullosos de nuestro país.

Único país que juzgó una dictadura

Este juicio fue un caso inédito en el mundo. Comencemos por recordar que, por el genocidio de millones de judíos, las potencias aliadas triunfadoras de la Segunda Guerra hicieron los Juicios de Núremberg y condenaron a muerte a solo doce jerarcas nazis.

El periodista Ricardo Ragendorfer, recordó en una nota de Télam que: “El 20 de diciembre de 1963, a 18 años de la caída de Hitler, el estado alemán en Frankfurt, juzgo una veintena de los responsables del campo de exterminio de Auschwitz, donde murieron más de dos millones de personas. Sólo uno de los jerarcas nazis fue condenado a cadena perpetua, pese a la enorme investigación del fiscal Fritz Bauer, el "Strassera alemán”.

La muy ejemplificada democracia española, jamás juzgó los crímenes de la dictadura de Franco. Es muy conocido el papel del exjuez español Baltazar Garzón, que juzgo y mando a prisión a genocidas argentinos, e incluso hizo detener en Londres a Pinochet. Pero cuando Garzón en 2008 (33 años después del fin de la dictadura en 1975) quiso abrir una causa contra militares españoles, tuvo que renunciar como juez. En 2011 la jueza argentina Servini de Cubría, abrió una causa para investigar los crímenes franquistas. El proceso se inició, luego que las organizaciones humanitarias y víctimas del franquismo, denunciaran en 2010 ante la justicia argentina, el genocidio cometido en España. La querella apeló al principio de jurisdicción universal, que el juez español Garzón utilizara para investigar la represión y los crímenes en las dictaduras chilena y argentina.

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En Chile la dictadura duró de 1973 a 1990. En 1990 con el retorno a la democracia, fue elegido presidente Patricio Ailwin. Pero, Pinochet (por ley escrita por él) siguió como jefe del Ejército ocho años más, y en 1998 cuando se retiró, asumió como senador nacional hasta su renuncia voluntaria en 2002. Nunca fue condenado por sus crímenes. Convivió con tres presidentes constitucionales Ailwin, Frei y Lagos. Ese fue el precio que pagaron los chilenos para recuperar la democracia.

En Brasil el 10 de diciembre de 2014, a treinta años de finalizada la última dictadura, durante el gobierno de Dilma Roussef se presentó informe final de la Comisión Nacional de la Verdad, que tuvo mero carácter testimonial. Es decir que, ni Lula da Silva, durante sus dos mandatos 2003 a 2010 intentó enjuiciar a los militares. Y como pudimos apreciar hace poco tiempo, todavía los jefes militares se entrometen en las cuestiones políticas brasileñas.

En Uruguay la dictadura duro de 1973 a 1985. Durante 15 años (de 2005 a 2020) gobernó el Frente Amplio, una coalición que incluyó al ex movimiento guerrillero Tupamaros, del cual participó Jose Pepe Mujica. Pero, recién el 3 de junio del 2021, la justicia condenó a prisión a siete oficiales militares retirados por delitos de lesa humanidad.

Lo anterior sirve para ubicarnos en que contexto se reinició la democracia argentina, con el gobierno del Dr. Raul Alfonsín, y las dificultades que tuvieron todas las democracias, para resolver la cuestión militar. Está visto que la mayoría de nuestros vecinos optó por ceder amnistías y concesiones a cambio de avanzar en consolidar el sistema democrático.

Por eso puse al inicio que el mensaje más importante de la película 1985 está en el cartel del final: “Argentina fue el único país del mundo donde un tribunal civil juzgo a una dictadura”

Las críticas al fiscal Strassera

A raíz de la película se han reflotados críticas a Strassera porque fue fiscal durante los años de dictadura, O sea, no tenía certificado de pureza ideológica.

Recordemos que el 10 de diciembre de 1983 cuando retomamos la democracia, no se dio de baja a los miles de funcionarios del Poder Judicial de la Nación, era imposible hacerlo. Por lo tanto, los jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones, Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanian, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma, y Andrés D Alessio, y los fiscales Julio Cesar Strassera y Luis Moreno Ocampo, todos eran funcionarios durante los años de dictadura, sin embargo, fueron quienes, tuvieron el valor de juzgar y condenar a los jefes militares.

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Para quienes hacen de la historia, un arma para condenar posiciones políticas del presente, (sería el caso de Strassera) recordare que, por ejemplo, Eugenio Raul Zafaroni fue Juez Nacional en lo Criminal de Sentencia de la Capital Federal de 1976 a 1984. Y nadie lo acusa de “colaborador de la dictadura”.

El periodista Alberto Amato que cubrió el juicio relata lo siguiente: “Los periodistas que cubríamos el juicio pasábamos casi a diario por la fiscalía en busca de información y, en algunos casos, para desasnarnos sobre los rígidos procedimientos judiciales. Un mediodía sonó el teléfono y atendió Strassera: “Fiscalía federal –dijo, y escuchó diez segundos; después, respondió– No, vea, escúcheme. Aquí estamos todos muy ocupados. Las amenazas de bombas las recibimos todos los días de siete y media a ocho de la mañana. Llame mañana en ese horario”. Y colgó.”

El valor de los testigos

Una crítica cierta, es que la película hace foco en el heroísmo de Strassera, Moreno Ocampo y su equipo de jóvenes funcionarios, y no resalta debidamente el heroísmo y enorme coraje de quienes dieron testimonio de su paso, por los centros clandestinos de detención. La película muestra el dramático testimonio del primer testigo Adriana Calvo de Laborde, luego de Pablo Diaz (sobreviviente de la “noche de los lápices”) y de Víctor Basterra el fotógrafo que se llevó clandestinamente cientos de fotos de desaparecidos de la ESMA.

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Pero, algo que pasa medio rápido en la película y tal vez no termina de mostrar la dimensión de lo que vivían los testigos, es una escena dentro de un cuarto de hotel donde Moreno Ocampo y Strassera intentan convencer a un testigo que vaya a declarar. El hombre muy preocupado dice “yo después, tengo que volverme a cruzar en mi trabajo con los tipos que me secuestraron, ¿y a mi quien me protege?”. Ocampo intenta tranquilizarlo diciendo que le garantizan su seguridad, y Strassera lo corta y dice: “tiene razón, nosotros no podemos garantizarle nada”. Como bien muestra la película, el mismo Strassera, envía por un tiempo, su familia al interior, porque él tampoco tenía como proteger a su mujer y sus hijos.

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Hay otro aspecto muy importante respecto los testigos que apenas se insinúa en el testimonio del fotógrafo Víctor Basterra, a quien la defensa de los militares lo acusa de haber sido colaborador de los marinos en la ESMA, lo cual es parcialmente cierto. Incluso Basterra dice algo así como “tal vez por mi culpa fue secuestrado y desaparecido algún compañero”.

Bueno este sí, es un tema tan complejo, que debería escribir un libro para tratarlo, pero voy a intentar dar algunas ideas.

A fines de la dictadura se instaló un concepto prejuicioso que perduro muchos años: “los que sobrevivieron fue porque hablaron, y los que murieron fue porque se negaron a hablar”. Entiéndase el término “hablar”, bajo tortura o no, como delatar a sus compañeros. Incluso el Código de Justicia Revolucionaria de la organización Montoneros, estipulaba como delito de traición, sancionado con pena de muerte, el entregar información al enemigo aún bajo tortura. Y como además era muy difícil determinar, si alguien hablo o no, todo liberado de un campo de concentración, era considerado sospechoso de delación.

Con las mujeres militantes la opinión era más dura. La mayoría era víctima de violaciones y abusos sexuales, pero si eran liberadas además de sospechosas de colaborar, eran sospechadas de haber sido complacientes con sus captores. Hay un libro llamado “Putas y guerrilleras” en el cual, un grupo de exsecuestradas, narra su doble calvario, o doble condena, porque la palabra "putas” era la acusación que recibían de sus compañeros que estaban afuera.

Quien mejor reflejó el drama de los sobrevivientes, es Pilar Calveiro en su libro Poder y Desaparición. Transcribo algunos párrafos: “El tormento fue la ceremonia iniciática en cada uno de los campos de concentración y exterminio. La llegada a ellos implicaba automáticamente el inicio de la tortura, instrumento para "arrancar" la confesión, y para producir el quiebre del sujeto.” “El método de tormento; fue la picana eléctrica. Una variante era la picana automática; esta se ponía a funcionar sin que hubiera ningún interrogador, ninguna pregunta. Sufrir para sufrir, sin otro fin que el propio sufrimiento. Usaron técnicas de asfixia, “húmeda” o “seca”, el colgamiento por las extremidades. Hicieron atacar gente con perros. Quemaron a las personas con agua hirviendo, alambres al rojo, cigarros o los despellejaron. Realizaron violaciones múltiples a mujeres y a hombres, así como vejámenes de todo tipo combinados. Lo ilimitado de los métodos se unía a un tiempo también ilimitado "Si no te quebraban en horas, disponían de días, semanas, meses. 'Nosotros no tenemos apuro', nos advertían. 'Aquí—subrayaban—el tiempo no existe'.”

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“Una vez que concluía el periodo de interrogatorio-tortura, el secuestrado, generalmente herido, muy dañado física, psíquica y espiritualmente, pasaba a incorporarse a la vida cotidiana del campo. (…) El prisionero perdía su nombre, y se le asignaba un número al que debía responder. Los detenidos estaban permanentemente con los ojos vendados, para impedir toda visibilidad, esposados, y con grilletes en los pies. Así podían permanecer días, semanas y meses.”

“Se le ofrecía al prisionero la promesa de respetar su vida en caso de que colaborara. Para dar credibilidad a la oferta de vida, antes de torturarlo se exhibían ante el preso otros secuestrados, preferentemente militantes conocidos, que en el exterior se daban por muertos. La idea era inducir en el recién llegado la suposición de que estas personas conservaban la vida porque estaban colaborando activamente (lo que no necesariamente era verdad). A ello se sumaba el hecho de que, en muchos casos, la detención se había producido por la delación de un compañero de militancia, a veces con más experiencia o responsabilidades políticas que él mismo. Se trataba de producir en el secuestrado un shock psíquico primero y físico después, mediante una tortura intensiva, que lo desestructurara lo suficiente.” “El campo es una infinita gama no del gris... sino de distintos colores, (...) Nadie puede permanecer en él 'puro' o intocado; de ahí la falsedad de muchas versiones heroicas. Hasta el sujeto que se escapa del campo es, antes que héroe, sospechoso. Ha sido contaminado por el contacto con el otro y su supervivencia desconcierta.” “El juego de simular colaboración, que realizaron algunos sobrevivientes fue, sin duda, un juego peligroso. Hay gente que, habiendo prestado una colaboración importante y siendo responsable de la captura de otros, una vez aflojada la presión, fue capaz de retornar sobre sí y limitar o interrumpir su colaboración. Hubo otros que una vez que dieron el primer paso ya no pudieron detenerse.”

Volviendo a la película digamos que la mayoría de quienes dieron testimonio pasaron por el proceso descripto por Pilar Calveiro. Incluso, algunos habían estado en cautiverio o semilibertad hasta diciembre de 1983. Para todos ellos, las huellas de la tortura estaban muy frescas todavía. Y los autores materiales de las vejaciones estaban en la calle.

Pero agreguemos que por la experiencia 73/76 nadie podía firmar que los militares no volverían al poco tiempo. Alfonsín debió soportar y ceder frente a tres alzamientos militares: Semana Santa de 1987, Monte Caseros enero de 1988 y Villa Martelli, diciembre 1988. El ultimo alzamiento militar de nuestra historia fue el 3 de diciembre de 1990, gobierno de Carlos Menem, quien ordenó al general Martin Balza reprimir con toda dureza; costó 14 muertos, 100 heridos y 300 detenidos.

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La sobreviviente Myrian Lewin cuenta: "Recordemos en el contexto en el que se produjo el Juicio. La amenaza del golpe estaba allí, todo el tiempo y nosotros, los testigos estuvimos muy expuestos. Los represores estaban libres y negaban todo; no había existido la ESMA ni los 'vuelos de la muerte'; los militares decían que nosotros habíamos colaborado con ellos, y que los desaparecidos estábamos en Europa".

Concluyendo, sin quitarle méritos a la labor de Strassera y su equipo, sin duda la película no termino de reflejar, el rol crucial, que tuvieron los sobrevivientes con su testimonio en el juicio.

Bueno, no intente hacer una crítica de cine, y menos opinar sobre calidades actorales. Pero creo que la película 1985, es un buen disparador, para que los más jóvenes se interesen por nuestra historia reciente. Un par de semanas atrás, mi hija Celina, me dijo “viejo porque no escribís de algo actual, por ejemplo, de la película 1985”. Claro, la categoría actual lo da el estreno y gran difusión que tiene la película, bienvenido entonces lo “actual” si nos sirve para conocer y reflexionar sobre nuestra historia.

(*) El columnista es autor de “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Peron” y “Salvados por Francisco”.

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