Todos los precios han subido en los últimos seis años, pero las tarifas lo han hecho a un nivel inferior que los alimentos.
La inflación alta y persistente va carcomiendo implacablemente la capacidad de compra de los pesos. Pero lo que menos se percata la gente es que si bien todo sube, hay algunos precios que lo hacen mucho más lentamente. De hecho, actualmente, en términos relativos resultan más baratos servicios como la electricidad que una golosina.
No es de extrañar, así, que el precio del transporte público en el Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires (AMBA) que incluye los 17 partidos del conurbano, sea más barato que un alfajor. El nivel de distorsión de los precios generado por la decisión del anterior gobierno de mantener pisadas las tarifas es enorme.
Al respecto, un estudio el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) plantea que desde 2017 a la fecha en términos comparados con otros rubros de la canasta básica que se mide para la calcular el costo de los alimentos creció 22%, mientras que el costo de vivienda y hogar, que incluye gas, agua, electricidad y servicios, bajó 50%.
Es decir, en los últimos seis años, dentro de un contexto de inflación elevada para todos, los alimentos viajaron a una velocidad más alta que el resto de la canasta.
Equipamiento y mantenimiento del hogar es uno de los rubros que más ha aumentado su precio relativo, durante los últimos seis años, después de alimentos y bebidas sin alcohol. En la actualidad hay que destinar un 14,6% más de lo que se destinaba en 2017.
El resto de bienes y servicios que han aumentado su precio relativo respecto a diciembre de 2017 son, en orden decreciente, Prendas de Vestir y Calzado, Salud y Restaurantes y hoteles. En estos momentos hay que destinar un 11,9% más de otros bienes y servicios para adquirir una unidad de Prendas de Vestir y Calzado, que hace seis años.
En el extremo opuesto se ubica el componente que, entre otros, contiene a los servicios públicos a la vivienda, básicamente energía eléctrica, gas y agua, que pasó de un precio relativo de 100 en diciembre de 2017 a uno de 48,6 en diciembre de 2023.
La teoría del “nivel óptimo” de la economía y los subsidios a las empresas
Según explicaba el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno hace más de 10 años , cuando formaba parte del gabinete de Cristina Fernández, él supone que hay un “nivel óptimo” de la economía, que es aquella que tiene desempleo cero.
En charlas con pequeños y medianos empresarios afirmaba por entonces que para conseguir el pleno empleo Argentina tenía que tener el valor de la energía y de los alimentos mucho más barato que el resto de los países.
Planteaba que si el valor de los alimentos y las tarifas fuera de nivel internacional, habría que tener salarios como los de la Unión Europea, lo cual no sería “óptimo” porque las empresas no podrían pagarlos y generarían desempleo.
Parte de esta teoría se implementó durante el gobierno de Alberto Fernández, tal vez, forzado por shocks exógenos, como lo fue la pandemia, y en parte para poder sostener el nivel de empleo y de actividad de la industria pyme nacional.
Los datos del IARAF revelan que el hecho de haber “pisado” las tarifas de servicios públicos ha subsidiado de manera indirecta a las empresas que están enfocadas en el mercado interno. ¿De qué modo? Si las tarifas hubieran sido ajustadas en función de la evolución de los costos, los sindicatos hubieran presionado por mayor aumento de salarios.
El salario medio actual, equivalente a unos u$s350 (a cotización de dólar CCL), es totalmente insuficiente si una persona tuviera que pagar un viaje de colectivo de 1 dólar (valor histórico) que equivaldría a $1.000.
Por tanto, si hubiera que llevar los salarios a por lo menos u$s900 promedio, como para que la gente pudiera pagar los valores reales ajustados a niveles internacionales, la diferencia implicaría un mayor costo salarial para las empresas. La duda es si las empresas podrían soportar ese mayor costo y si el actual gobierno pondrá en marcha políticas para la recuperación del poder de compra de los salarios. Eso implica, realidad, que se requiere de un cambio a nivel macroeconómico.
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