José de San Martín, el Libertador que cambió la historia de América
A 175 años de su muerte, el país recuerda al prócer que lideró la independencia de Argentina, Chile y Perú, y cuyo legado permanece vigente.
José de San Martín, el Libertador y Padre de la Patria, dedicó su vida a la causa de la independencia sudamericana. Desde el histórico Cruce de los Andes hasta la libertad de Chile y Perú, su legado trasciende fronteras y tiempo, convirtiéndose en símbolo de coraje, unidad y soberanía para toda América.
José Francisco de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Corrientes, en el seno de una familia ligada a la milicia. A los seis años viajó con sus padres a España, donde se formó como cadete en Murcia y comenzó una carrera militar que lo llevaría a combatir en el norte de África y, sobre todo, en las guerras contra Napoleón.
Durante más de dos décadas acumuló experiencia en tácticas de infantería, caballería y artillería. Alcanzó el grado de teniente coronel y participó en batallas decisivas como Bailén, donde se derrotó por primera vez a las fuerzas napoleónicas. Alcanzó prestigio en los campos de batalla europeos, donde tenía asegurada una carrera en la corona, sin embargo, eligió renunciar y regresar a un continente convulsionado por las ideas de libertad.
Su decisión no fue solo personal: implicaba romper con la seguridad de un futuro estable para entregarse a una causa aún incierta.
El regreso a América y el nacimiento de los Granaderos
En 1812 desembarcó en Buenos Aires y fue recibido por la Primera Junta. De inmediato organizó el Regimiento de Granaderos a Caballo, que pronto se convirtió en un cuerpo disciplinado y de élite.
Su bautismo de fuego en suelo rioplatense fue en el Combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813). Allí, con apenas 120 granaderos, sorprendió a las tropas realistas que habían desembarcado en la costa del Paraná. La victoria fue breve pero fulminante: San Martín resultó herido, pero ganó fama como conductor militar y mostró un estilo distinto al de otros jefes revolucionarios.
Rumbo a Cuyo: el laboratorio de una epopeya
San Martín comprendió, antes que muchos, que la emancipación no se limitaba a las Provincias Unidas. Sabía que mientras Chile y Perú siguieran bajo el dominio español, la independencia argentina sería frágil. De allí nació su proyecto estratégico: cruzar la cordillera, liberar Chile y avanzar hacia Lima, el corazón del poder realista en Sudamérica. Esa visión regional lo convirtió en algo más que un militar: fue un político con mirada continental.
En 1814 fue nombrado gobernador de Cuyo, con sede en Mendoza. Desde allí concibió el plan continental que marcaría su vida: liberar Chile y luego avanzar hacia Perú.
En Mendoza reunió recursos, diseñó la estrategia y, sobre todo, movilizó a la población. El Ejército de los Andes fue fruto de un esfuerzo colectivo que incluyó a campesinos, esclavos liberados, mujeres que tejieron uniformes y comunidades que aportaron ganado, caballos y alimentos.
El Cruce de los Andes: una hazaña sin precedentes
En enero de 1817 comenzó el cruce de más de cinco mil hombres por la cordillera. El plan de San Martín consistió en dividir la fuerza en varias columnas para confundir al enemigo y avanzar por distintos pasos. Las condiciones eran extremas: frío, falta de oxígeno, riesgo de avalanchas. Sin embargo, la disciplina y la moral se impusieron.
El 12 de febrero de 1817, en la batalla de Chacabuco, las tropas patriotas derrotaron al ejército realista y entraron victoriosos en Santiago de Chile. Fue la primera gran confirmación de que el plan de San Martín era posible.
Un año después, en 1818, las fuerzas realistas intentaron recuperar el control y enfrentaron a los patriotas en la batalla de Maipú. Allí, San Martín y Bernardo O’Higgins sellaron definitivamente la independencia chilena, con una victoria contundente que aseguró la libertad del país vecino.
El desafío mayor: la independencia del Perú
Con Chile liberado, San Martín organizó una escuadra naval con la ayuda del almirante Thomas Cochrane. En 1820 desembarcó en la costa peruana y avanzó hacia Lima. La estrategia fue la misma: desgaste, maniobras sorpresivas y evitar confrontaciones directas que pusieran en riesgo al ejército.
El 28 de julio de 1821, en Lima, proclamó la independencia del Perú y fue nombrado Protector del Perú. Sin embargo, sabía que la tarea no estaba completa: los realistas aún conservaban fuerza en el interior del territorio.
En 1822 se reunió con Simón Bolívar en Guayaquil. El encuentro marcó un antes y un después: San Martín entendió que su papel había terminado y decidió retirarse, dejando a Bolívar la misión de completar la campaña. Fue un gesto de renunciamiento que confirmó su grandeza: prefirió ceder protagonismo antes que dividir a los patriotas.
El retiro y los últimos años
Después de Guayaquil, San Martín regresó a Mendoza y luego viajó a Europa. Desde allí siguió con atención los destinos de la joven nación, pero nunca volvió a la vida política ni aceptó cargos de poder. Se mantuvo fiel a una ética de no intervenir en las guerras civiles que desgarraban a la Argentina.
Vivió en Francia junto a su hija Mercedes y murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer. Sus restos fueron repatriados en 1880 y descansan en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.
Las batallas que marcaron su legado
San Martín no ganó decenas de batallas, pero las que condujo fueron decisivas:
- 1813 – Combate de San Lorenzo: primera victoria en suelo argentino.
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1814 – Nombrado gobernador de Cuyo; comienza a organizar el Ejército de los Andes.
1817 – Cruce de los Andes y victoria en la batalla de Chacabuco.
1818 – Triunfo en la batalla de Maipú, que asegura la independencia de Chile.
1820 – Parte hacia Perú con la expedición libertadora.
1821 – Entra en Lima y proclama la independencia del Perú; es nombrado Protector.
1822 – Reunión con Simón Bolívar en Guayaquil; decide retirarse de la vida pública.
Cada una fue pensada no como un hecho aislado, sino como parte de un proyecto mayor: la independencia continental.
Un símbolo vigente
El Libertador fue más que un militar. Fue un estratega que entendió la política y la historia como procesos colectivos. No se aferró al poder ni buscó recompensas personales. Apostó a la integración regional y defendió la soberanía de los pueblos por encima de intereses individuales.
Hoy, a 175 años de su muerte, su legado sigue vivo. Recordarlo no es solo mirar al pasado, sino preguntarse qué significa hoy la independencia y qué desafíos enfrenta la Argentina en un mundo donde la unidad regional vuelve a ser un horizonte pendiente.
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