A 140 kilómetros de Esquel, este pueblo combina leyendas de bandoleros norteamericanos, valles glaciarios, pasado mapuche e identidad rural.
El cruce a caballo del río Carrileufú en su desembocadura sobre el lago Rivadavia marca el inicio de una cabalgata que evoca tiempos de forajidos y territorios inexplorados de la Patagonia. El ruido de las patas entrando y saliendo del agua tiene algo de cinematográfico, de western patagónico. Es el inicio a un recorrido por lo que resulta, acaso, el principal atractivo de Cholila, en Chubut, pero no el único.
Ese mismo río lo cruzaron a principios del siglo XX dos de los bandidos más legendarios de far west estadounidense. Butch Cassidy y Sundance Kid eligieron este rincón de la comarca andina para intentar cambiar de vida, lejos de las órdenes de captura y los atracos bancarios que los perseguían. Buscaban vivir en paz.
Cholila, con poco menos de 2.000 habitantes, se esconde en el extremo sur de la Comarca del paralelo 42. A diferencia de El Bolsón, Lago Puelo, Epuyén y El Hoyo, que tienen identidades más definidas ante los ojos de los viajeros, esta localidad todavía está construyendo su esencia turística. Y quizás justamente ahí radica su encanto: en esa mezcla de lo rural, lo recóndito del far west norteamericano y lo prístino.
Con identidades falsas, Cassidy, Kid y Etta Place llegaron a Cholila como ganaderos en 1903. Dos años antes habían desembarcado en Buenos Aires y, tras contactarse con figuras de la comunidad estadounidense local como George y Ralph Newbery, se dirigieron al valle del río Blanco. Allí construyeron una vivienda de troncos de cuatro ambientes.
La mítica cabaña que habitó Butch Cassidy en la comarca andina.
La estructura restaurada conserva muebles originales y los guías locales narran cómo vivieron estos forajidos. Llegaron a tener 300 vacunos, 1.500 ovinos y 28 caballos. Se volvieron vecinos respetados, amables y muy queridos por la comunidad. En su rústica cabaña organizaban reuniones a las que asistían colonos galeses y familias pioneras. , sin que nadie sospechara, siquiera, su pasado bandolero
También se relacionaron con John "Commodore" Perry, un ex sheriff texano radicado en la región. Hasta el entonces gobernador Julio Lezana llegó a bailar con Etta en una velada social. El 9 de mayo de 1905, el trío vendió sus tierras y bienes a la Compañía Cochamó y abandonó Cholila rumbo a Chile. Sabían que existía una orden de arresto y habían sido señalados como responsables del asalto al Banco de Tarapacá y Argentina en Río Gallegos, ocurrido tres meses antes. Su esencia los había traicionado. Y se les acabó la paz. Morirían tiempo después, huyendo en Bolivia.
Almacenes con historia y gastronomía local
Los sabores cordilleranos destacan en este pueblo custodiado por los cerros La Momia y Tres Picos. Entre los platos característicos sobresalen el cordero al asador con chimichurri de ajo silvestre, trucha ahumada con ensalada de berro y guiso de ciervo con papas andinas. Se sirven empanadas de hongos de pino y postre de dulce de frambuesa, mientras cervezas artesanales de lúpulo local acompañan las comidas.
A solo 500 metros de la cabaña de los legendarios bandidos se encuentra el almacén y museo La Legal, donde conservan buena parte de la historia de la pandilla liderada por Cassidy, además de antigüedades y curiosidades. En ese espacio funcionó el primer almacén de ramos generales de Cholila.
Cholila también tiene su fiesta nacional del asado, con el cordero patagónico como estrella.
Otro sitio que combina gastronomía e historia es la parrilla Butch Cassidy, en la avenida Soberanía y Los Notros, a una cuadra de la plaza principal. Revisar viejos telegramas y descubrir los nombres célebres de estos personamje en cuadernos de almacenero con prolija caligrafía resulta el mejor plan para una sobremesa.
Cuatro valles, un solo destino en la Patagonia
Junto con Trevelin, Corcovado y Río Pico, Cholila busca crear la Ruta de los Bandoleros, con la idea de poner en valor esa parte de la historia patagónica que tiene mucho de hollywoodense.
Pero a los habitantes de Cholila no les gusta mucho que se los identifique unicamente con una historia ligaeda al hampa. Tampoco que se los vea únicamente como la entrada al Parque Nacional Los Alerces. Tienen sus fundamentos: el pueblo ofrece bastante más para disfrutar.
Se divide en cuatro valles de origen glaciario: Villa Lago Rivadavia, Villa El Blanco, El Cajón y El Rincón, cada uno con su personalidad y sus tesoros.
Villa Lago Rivadavia —que muchos consideran una localidad aparte, aunque no lo es— linda con el Parque Nacional Los Alerces y concentra buena parte de los alojamientos de la zona. Está bordeado por el río Carrileufú.
Valle El Blanco, sobre la RP 71, es el que se encuentra más al norte y alberga varios sitios históricos como la Escuela Nº 17, un molino harinero y la cabaña de Kid y Cassidy.
A seis kilómetros de allí, El Cajón está bordeado por el lago Carlos Pellegrini y posee una población más dispersa. Se destaca el emprendimiento Domos Ollagua, que además de alojamiento con vista al lago ofrece deliciosas meriendas caseras.
Los espejos de agua, conectados por arroyos, maravillan en Cholila.
En El Cajón también llama la atención Brisa del Lago, un proyecto en el que cultivan azafrán. La experiencia de turismo rural permite conocer la plantación, presenciar en otoño la cosecha de las delicadas flores de intensos tonos violáceos y degustar infusiones y blends de té artesanales.
Finalmente, El Rincón es el valle más poblado y céntrico. En los alrededores de la plaza se encuentran el correo, la comisaría, la municipalidad, el juzgado, el hospital, la terminal de ómnibus, escuelas y la estación de servicio.
Lagos, montañas y aventuras sin multitudes
Por otro lado, este rincón de Chubut desborda de espejos de agua que conforman la cuenca del Futaleufú: los lagos Cholila, Rivadavia, Verde, Futalaufquen, Lezana y Carlos Pellegrini (Mosquito), todos interconectados por redes de arroyos y ríos.
El lago Cholila, a 5 kilómetros del centro, ofrece playas ideales para pesca con mosca y lanchas eléctricas que recorren hasta el glaciar Cholila con paradas para picnic. El mountain bike por el Circuito de los Lagos, las cabalgatas y el trekking a cerros son otras opciones.
Además de la impronta tehuelche y mapuche, así como de la llegada de diversos inmigrantes europeos que se dedicaron mayormente a la producción ganadera e instalaron fábricas de cerveza y molinos harineros, esta zona recibió en las últimas décadas el aporte de diversas familias que se enamoraron de los paisajes y apostaron por esa tierra.
Para llegar a Cholila, hay que tomar la Ruta Nacional 40 hasta 140 kilómetros al sur de Esquel. El pueblo consta de una plaza con el monumento a los colonos galeses, calles de ripio y ese museo en la cabaña original de dos históricos bandidos rurales que un día decidieron ser vecinos pacíficos en el fin del mundo.
Los personajes del pasado se entrelazan con los del presente en un relato que Cholila sigue construyendo día a día. Y que merece ser escuchado. Y visto.
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