La pequeña de Comodoro Rivadavia se convirtió en un símbolo de la lucha por la donación de órganos. Desde hace casi un año estaba internada en Buenos Aires.
La noticia que ninguna familia quiere recibir llegó este lunes 29 de septiembre. Ekatherina, la nena de Chubut que durante más de tres años peleó por conseguir un trasplante de corazón, falleció acompañada por sus seres queridos. Tenía apenas 3 años y se había transformado en un símbolo de esperanza para miles de personas que seguían su caso.
La pequeña había sido trasladada desde Comodoro Rivadavia hasta el Hospital Italiano de Buenos Aires en busca de una oportunidad. Sin embargo, el abrupto deterioro de su estado de salud en los últimos tiempos alcanzó un punto en el que ya no era posible realizar el trasplante que tanto había necesitado.
La coincidencia de la fecha en que murió no pasó desapercibida para quienes conocían la historia de Ekatherina. Su muerte ocurrió precisamente en el Día Mundial del Corazón, dedicado a visibilizar y concientizar sobre las enfermedades cardiovasculares y también a promover la importancia de la donación de órganos para preservar vidas.
Durante años, la lucha de la pequeña y su familia sirvió para poner en el centro del debate público la necesidad de contar con más donantes y la urgencia de los casos pediátricos en las listas de espera. Anastasia, su mamá, se convirtió en una referente del tema. Y lo sigue siendo, en medio del dolor.
La despedida de la familia
Los papás de la nena compartieron la noticia a través de las redes sociales, donde miles de personas habían seguido día a día la batalla de Ekatherina. Las palabras elegidas reflejaron el inmenso dolor de la pérdida, pero también la certeza de un legado que deja su pequeña hija para la sociedad.
"Y no es casualidad que Eka haya elegido este día para trascender. 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón. Porque está en todos nuestros corazones, y porque su legado será amor, compasión y empatía", escribieron en su mensaje de despedida en las redes sociales.
La familia cerró el mensaje con una frase que resume el amor infinito hacia su hija: "Te amamos, hasta el fin del mundo y el comienzo de los cielos".
El nombre de Ekatherina quedará asociado a la causa de la donación de órganos y a la necesidad de que más familias tomen la decisión de donar vida cuando ya no sea posible seguir viviendo.
Una oportunidad que no llegó
Sobre el cierre de la semana pasada, Anastasia había confirmado una dolorosa novedad: “Hasta hace un mes Eka era una nena que transitaba la enfermedad bien, pero sufrió múltiples accidentes cardiovasculares y no volvió a ser la misma”, explicó.
Y agregó: “Le surgieron problemas en los intestinos, escaras en la piel y, lo más complejo, un daño neurológico severo: murieron muchas partes de su cerebro”, detalló la mujer comodorense.
“Escribo esto entre un mar de lágrimas, angustia, dolor, bronca. Hoy me toca escribir la parte que más duele, que nunca imaginé tener que escribir”, escribió en las mismas redes desde donde impulsaban la campaña para ayudar a su hija.
“Te prometí un corazón, te prometí llevarte a jugar a una plaza, y no lo logré. Perdón por no haber podido hacer más”, dijo la mamá en su desgarrador mensaje. Y agregó: “Nunca pensé que este sería nuestro final. Pero hasta los guerreros más fuertes en algún momento se cansan”.
Ante este panorama, los médicos y la familia decidieron no volver a incluirla en la lista de espera del Incucai. “Su calidad de vida no se recuperará nunca”, reconoció la angustiada madre.
Un nacimiento normal en Comodoro Rivadavia
Ekatherina nació en Comodoro Rivadavia sin que le detectaran ninguna patología cardíaca. Sin embargo, a los pocos meses comenzó a tener dificultades respiratorias.
Después de realizarle varios estudios, le diagnosticaron miocardiopatía dilatada, una enfermedad que afecta el músculo cardíaco e impide que el corazón bombee la sangre de manera eficiente.
Desde entonces atravesó innumerables cirugías, internaciones y tratamientos constantes. Internada en el Hospital Italiano de Buenos Aires, en octubre de 2024 había sido incluida en emergencia nacional para recibir un trasplante cardíaco, como única posibilidad de sobrevida.
Eka permaneció allí hasta hoy, acompañada de manera incansable por su familia, incluyendo a su hermanito Alex, que prácticamente creció dentro del hospital, a su lado.
“Lo que nos queda para seguir adelante no es poco. No seremos tres, siempre seremos cuatro. El cero no existe: no será empezar de cero, pero será empezar otra vez la vida”, afirmó Anastasia cuando supieron que el triste desenlace, que se produjo este lunes, era inminente e inevitable..
En medio del dolor, la familia les agradeció a médicos, enfermeros, personal de cocina y limpieza del hospital, además de familiares, amigos y vecinos que también acompañaron sin descanso a Ekatherina en todo este tiempo.
El caso de su hija convirtió a Anastasia en una luchadora por la donación pediátrica porque, como explicó, “casi 200 niños en la Argentina están atravesando lo mismo”. En ese sentido, adelantó que seguirá dando testimonio para que otros padres no pasen por la misma espera interminable que padecieron ellos durante todo este tiempo.
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